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Jorge Rodríguez dimite como presidente de la Diputación de Valencia pero se mantiene como alcalde de Ontinyent

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Jul. (EUROPA PRESS) – El presidente de la Diputación de Valencia, el socialista Jorge Rodríguez, anunciará este lunes que deja la presidencia de la corporación provincial y su acta como diputado provincial, pero que se mantiene como alcalde de la localidad valenciana de Ontinyent, según ha podido saber Europa Press.

Así lo dará a conocer Rodríguez este lunes en una comparecencia ante los medios de comunicación a las 12 horas en la Diputación de Valencia, en la que detallará los motivos que le han llevado a tomar esta decisión, tras haber sido detenido en el marco de la Operación Alquería que investiga irregularidades en la contratación de personal directivo de Divalterra, empresa pública dependiente de la corporación provincial.

Esta decisión se produce tras reunirse este fin de semana con el secretario general del PSPV, Ximo Puig; la consellera de Justicia, Gabriela Bravo, y la directora general de Vivienda y secretaria general de la formación en Ontinyent, Rebeca Torró, en las que se acordó la necesidad de que Rodríguez diera «un paso al lado» para «no perjudicar al partido» y pudiera «centrarse en su defensa», según indican las mismas fuentes.

Asimismo, señalan que esta decisión busca «no dañar» el proyecto político de Ximo Puig en la Generalitat y el de Pedro Sánchez en el Gobierno de España y para que el PP «no aproveche este asunto» para perjudicar la labor en la corporación provincial.

No obstante, subrayan que Rodríguez se mantendrá como alcalde de Ontinyent porque entiende que la investigación abierta «no afecta a su gestión en el ayuntamiento» de la localidad valenciana, precisan las mismas fuentes.

Rodríguez, suspendido de militancia por el PSOE, fue detenido el pasado miércoles en un presunto caso de malversación de caudales públicos y prevaricación administrativa en mayo 2018 tras una denuncia interpuesta por la Fiscalía Anticorrupción de Valencia. Se investigan irregularidades en la contratación de personal de alta dirección en Divalterra en 2015. Las diligencias están secretas.

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Este es el motivo por el que el Gobierno deberá pagar a los butaneros por repartir las bombonas a domicilio

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precio de la bombona de butano

El Gobierno tendrá que compensar económicamente a los repartidores de bombonas de butano a domicilio tras una sentencia del Tribunal Supremo que considera que este servicio, al ser obligatorio y regulado, no puede prestarse sin una retribución adecuada.

Una obligación legal sin compensación suficiente

El reparto de bombonas a domicilio forma parte del servicio público esencial de suministro de gas en España, especialmente en zonas rurales, hogares vulnerables y territorios donde no existe gas natural. Sin embargo, durante años, los distribuidores han denunciado que los costes reales del servicio —transporte, personal, combustible y logística— no estaban cubiertos por la normativa vigente.

La ley obliga al Gobierno a revisar periódicamente los costes del servicio, algo que no se ha hecho dentro de los plazos establecidos. Esta falta de actualización ha provocado que las empresas asuman pérdidas al mantener el reparto a domicilio.

El fallo del Supremo

El Tribunal Supremo ha determinado que el Ejecutivo incumplió su obligación de regular y actualizar la compensación del reparto, lo que genera un desequilibrio económico injustificado para los distribuidores. Por ello, ordena al Gobierno:

  • Regular el coste real del servicio de reparto a domicilio

  • Aprobar una normativa específica en un plazo máximo de seis meses

  • Garantizar que el servicio obligatorio sea económicamente sostenible

Por qué es clave esta decisión

La sentencia protege la continuidad del reparto de bombonas, un servicio del que dependen millones de hogares en España, y evita que los repartidores trabajen a pérdidas. Además, abre la puerta a compensaciones económicas por los años en los que el servicio se prestó sin una retribución ajustada a los costes reales.

En resumen, el Gobierno deberá pagar a los butaneros porque no puede exigir un servicio público obligatorio sin garantizar su viabilidad económica, algo que ahora el Supremo le obliga a corregir.

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