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Juan Carlos I y Sofía de Grecia, acudirán al funeral de la reina Isabel II en Londres

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querella rey Juan Carlos I

Finalmente los reyes eméritos acudirán el próximo 19 de septiembre al funeral de Estado donde se despedirá a Isabel II, monarca de la Mancomunidad de Naciones entre los años 1952 y 2022.

La reina era prima del rey emérito, por lo que los vínculos entre ambas dinastías son también de sangre, y ello hace que sea todavía más relevante la presencia de los monarcas, eméritos y actuales, en dicha cita.

El rey Felipe VI ya había confirmado su asistencia junto a su esposa, la reina Letizia.

A la ceremonia también han sido invitados antiguos monarcas como es el caso de Beatriz de Orange, reina de los Países Bajos entre 1980 y 2013, o Alberto II, monarca de Bélgica entre los años 1993 y 2013, quien, al igual que el rey Juan Carlos I y la reina Beatriz de los Países Bajos, abdicó en favor de su hijo hace ya varios años.

En el entierro se logrará una fotografía de la Familia Real española al completo por primera vez en años. Sin duda una de las instantáneas más esperadas desde que el rey Juan Carlos I decidiera abandonar España hace dos años, y se retirara a Abu Dabi.

Ahora, y con el regreso del emérito a la escena pública, las miradas quedan también muy puestas en cómo será el encuentro entre el rey Felipe VI y su padre, poco después de que este volviera a España y luego volviera a marcharse.

Líderes que asistirán al funeral de Isabel II

Ahora falta por conocerse quién más acudirá en nombre de España. A falta de confirmación oficial, también está previsto que acudan el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares. Todavía se desconoce si la princesa Leonor, que está estudiando precisamente en Reino Unido, concretamente en Gales, acudirá al funeral.

También se prevé asistencia de los monarcas de Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Noruega, Bélgica, Luxemburgo o Mónaco, entre otros. El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, también acudirá junto a otros muchos mandatarios de Europa, América y Asia.

¿Putin?

El presidente ruso, Vladímir Putin, dijo que no tiene intención de acudir. No se sabe si acudirá el papa Francisco, que, a sus 86 años, tiene problemas de movilidad y últimamente se desplaza en silla de ruedas.

 

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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