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La fiscalía reduce las penas de los acusados en el desfalco del Palau de Les Arts

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VALÈNCIA, 20 Dic.-La Fiscalía Provincial de Valencia ha rebajado las penas para los cuatro acusados del presunto desfalco en el Palau de Les Arts a entre dos y cinco años de cárcel, según ha expuesto el fiscal en la penúltima sesión del juicio.

En concreto, solicita cinco años para el que fuera responsable de Administración del Palau Ernesto Moreno; tres años para el presidente del consejo de administración de Patrocini, José Antonio Noguera Puchol; y para el consejero delegado de Patrocini Joaquín Maldonado; mientras que reclama dos años de prisión para el excónsul de Francia en Valencia y administrador de la sociedad Radcliffe Pablo Broseta.

Inicialmente, el fiscal encargado de instruir este procedimiento, Vicente Torres, quien no ha podido seguir el juicio tras ser designado recientemente magistrado del TSJCV, pedía siete años de cárcel para todos los acusados excepto para Moreno, para el que reclamaba ocho.

Sin embargo, el representante del ministerio público que ha seguido la vista ha decidido modificar el escrito de calificación provisional y rebajar las penas tras eliminar el delito de falsedad documental así como suprimir la modalidad continuada del de malversación y prevaricación administrativa.

En este procedimiento también estaba acusada la exintendente del Palau de les Arts Helga Schmidt, pero no ha llegado a sentarse en el banquillo tras fallecer el pasado mes de septiembre, con lo que ha quedado extinguida su posible responsabilidad penal.

FUENTE: EUROPA PRESS

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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