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Las 10 faltas de ortografía más comunes

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Las 10 faltas de ortografía más comunes

(OFFICIAL PRESS- EFE).- La confusión entre «a ver» y «haber», el olvido de tildes y signos de puntuación, el intercambio de letras que suenan igual y la abreviatura de palabras, a imagen y semejanza de los mensajes instantáneos de texto, son algunas de las diez faltas de ortografía más frecuentes que ha detectado Cuadernos Rubio.

Esta editorial valenciana, con 65 años de historia como referente en el repaso lingüístico y matemático a través de sus cuadernillos didácticos, ha hecho público este martes el decálogo de faltas ortográficas con que más se enfrentan sus expertos y pedagogos.

El hecho de que «Olaaa, k tal?”, “te hecho de menos” o “asta luego, bss” sean mensajes cada vez más comunes en las redes sociales y grupos de mensajería instantánea han llevado a Cuadernos Rubio a radiografiar los errores ortográficos y gramaticales más comunes entre los «nativos digitales».

«Muchos de ellos, al no estar tan familiarizados con la escritura a mano, se guían por el código oral, escriben tal y como suenan las palabras. Si a ello le sumamos la inmediatez de la escritura en redes sociales y el uso del autocorrector en los dispositivos digitales, nos encontramos con niños y jóvenes con un dominio menor de las reglas ortográficas», advierten desde la editorial.

Las 10 faltas de ortografía más comunes

1.- Confusión entre ‘a ver’ y ‘haber’.

2.- Uso incorrecto de la ‘h’.

3.- Intercambiar las letras ‘b’ y ‘v’.

4.- Abreviaturas incorrectas. Las más frecuentes son usar ‘q’ en lugar de ‘que’, ‘tmb’ para sustituir a ‘también’ y ‘sq’ remplazando ‘es que’.

5.- Mal uso de la ‘g’ y la ‘j’.

6.- Imperativos mal conjugados.

7.- Mal uso del por qué, porque y porqué, que todavía puede agravarse más al abreviar la palabra a un ‘xq’.

8.- Ignorar los signos de puntuación, tanto los de interrogación o exclamación al principio de la frase como los puntos, comas, paréntesis o comillas.

9.- Tildes olvidadas.

10.- Escribir nombres propios en minúscula.

Trucos específicos para evitarlas:

  1. Diferencia entre «a» y «ha»: «A» es una preposición, mientras que «ha» es una forma del verbo «haber». Recuerda que «ha» se utiliza en tercera persona del singular en tiempo presente.
  2. No confundas «si» y «sí»: «Si» es una conjunción condicional, mientras que «sí» indica afirmación. Piensa en la tilde como una forma de decir «sí, esto es correcto».
  3. Usa correctamente «sino» y «si no»: «Sino» se utiliza para indicar contraposición, mientras que «si no» es la conjunción condicional seguida de un adverbio de negación.
  4. Aprende la diferencia entre «porque», «por qué», «porqué» y «por que»: «Porque» se utiliza como conjunción causal, «por qué» es una expresión interrogativa, «porqué» es un sustantivo que significa razón o motivo, y «por que» es la combinación de la preposición «por» y el pronombre relativo «que».
  5. Cuidado con «sino» y «si no»: «Sino» se utiliza para indicar contraposición, mientras que «si no» es la conjunción condicional seguida de un adverbio de negación.
  6. Distingue entre «tu» y «tú»: «Tu» es un pronombre posesivo, mientras que «tú» es un pronombre personal.
  7. No te olvides de los acentos: Presta atención a las palabras que llevan tilde y asegúrate de colocarlas correctamente. Muchas veces, cambiar la posición de la tilde puede cambiar completamente el significado de la palabra.
  8. Revisa las terminaciones verbales: Asegúrate de conjugar los verbos correctamente según el tiempo verbal y la persona gramatical.
  9. Conoce las reglas de acentuación: Familiarízate con las reglas básicas de acentuación, como las palabras agudas, graves y esdrújulas, así como las excepciones a estas reglas.
  10. Utiliza las herramientas disponibles: No dudes en utilizar correctores ortográficos y gramaticales, así como diccionarios en línea, para verificar la ortografía y la gramática de tus escritos.

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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