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Las 5 razones por las que las mujeres no tienen hijos hoy
Publicado
hace 4 añosen
Un estudio saca a la luz las 5 razones principales por las que las mujeres no tienen hijos a día de hoy: “Soy demasiado joven”, “dificultades para conciliar”, “falta de recursos económicos”, “no tengo pareja o no es la adecuada” y “una pérdida de libertad” son los principales motivos.
¿Para cuándo los hijos?
Seguramente, este dardo ha hecho diana en muchos de los casos cercanos que conocemos, o incluso ha dado de pleno en tu persona. Una pregunta que suele ser poco oportuna y que saca a la palestra multitud de factores que influyen a día de hoy en la decisión de ser madre.
En este contexto, IVI hizo públicos hace unas semanas los primeros datos que se desprenden del estudio de fertilidad y maternidad que ha realizado, en colaboración con GFK. La primera difusión de cifras evidenciaba cómo cerca del 80% de las mujeres entre 25 y 29 años con intención de ser madres ha retrasado su decisión debido al marco socio-económico actual en el que nos encontramos.
“Y es que, conforme muestra nuestra encuesta, casi 8 de cada 10 mujeres de 25 a 29 años aún no ha tenido hijos. Por su parte, más de la mitad de las mujeres de 30 a 35 años (53%) no han sido madres; respecto al porcentaje de las mujeres sin hijos de 36 a 39 años, se reduce hasta el 34%, y hasta el 29% en las mayores de 40. Está claro que la maternidad se posterga cada año más, e incluso algunas mujeres deciden no experimentarla nunca. Pero, ¿cuáles son las razones que les llevan a renunciar a ser madres en nuestros días?”, comenta la Dra. Elisa Gil, ginecóloga de IVI Zaragoza.
Las 5 razones por las que las mujeres no tienen hijos hoy
- Soy demasiado joven: Este es el motivo que esgrime el 62% de encuestadas, entre 25 y 29 años, que no se han decidido aún a emprender la aventura de la maternidad. Se ven jóvenes, sanas, muy en forma, y olvidan que el reloj biológico sigue su propio ritmo. No perdamos de vista que la fertilidad de la mujer empieza a caer drásticamente a partir de los 35 años, viéndose perjudicada la calidad y cantidad de óvulos desde ese momento.
- Tengo dificultades para conciliar: Más de la mitad de mujeres entre 30-35 años no han tenido hijos por su situación laboral; y el 36% aduce dificultades para conciliar. Está claro que el contexto profesional y familiar que nos rodea influye, y mucho, en nuestras decisiones vitales.
- Falta de recursos económicos: Este es el principal motivo para renunciar a la maternidad expuesto por las menores de 36 años, pues no se ven con solvencia suficiente para afrontar una decisión de esta envergadura.
- No tengo pareja, o no es la adecuada: Superada la mitad de la década de los 30, además de la variable de la situación laboral, que afecta al 40% de las mujeres a la hora de plantearse ser madres, la pareja empieza a ser un factor clave. Y es que el 36% de las encuestadas entre 36 y 39 años afirman no tener pareja o no ser la adecuada, razón que influye notablemente en su deseo de ser madres.
En la franja de edad de 40-45 años destaca de manera significativa el hecho de no tener pareja o que no sea la adecuada (37%), aunque sigue afectando pronunciadamente la preocupación por su solvencia económica (41%) y laboral (45%).
- Supondría una pérdida de libertad: Este factor emergente, ligado a la evolución social a la que no podemos ser ajenos, pone de manifiesto que estamos ante nuevas generaciones y, por ende, nuevas mentalidades. Así, el 61% de las mujeres entre 36 y 39 años consideran que un hijo supone una pérdida de libertad y no disponer de tiempo para uno mismo.
“Estamos ante mujeres independientes, aventureras, que disfrutan y exprimen cada minuto de sus vidas y cuya mente y prioridades han cambiado con el paso del tiempo.
A este respecto, resulta importante destacar que esta franja de edad de encuestadas son las que más motivos señalan para justificar su renuncia a la maternidad, en un intento por razonar su decisión ante la presión social que probablemente sienten y les empuja a tener que argumentar esta elección”, añade la Dra. Gil.
¿Y si no tengo pareja?
La encuesta, realizada a cerca de 1.000 mujeres de nivel socio-económico medio, medio-alto y alto, expone realidades tan aplastantes como que el 84% de las mujeres con deseo de ser madres no descartarían hacerlo en solitario por propia elección, con la ayuda de la medicina reproductiva. Este dato aumenta entre las menores de 35 años, lo cual nos lleva de nuevo a ese cambio generacional de mentalidad.
La maternidad en solitario es una tendencia en alza; una decisión cada vez más frecuente entre mujeres que tienen claro su deseo de formar una familia y no dependen de una pareja para hacerlo realidad. En el caso de IVI, el pasado año las mujeres que decidieron afrontar la maternidad sin pareja representaron el 20% del total de tratamientos realizados en las clínicas que IVI tiene repartidas por la geografía mundial. Tan solo en el último lustro, los tratamientos a este perfil de pacientes han aumentado un 66%.
“La información en este punto es clave. Aproximadamente la mitad de las mujeres que desean ser madres en un futuro consideran que disponen de bastante información acerca de la maternidad en solitario –una cifra con un importante margen de mejora-, y un tercio de las encuestadas se preocuparían por explicar la decisión de formar una familia monoparental a sus hijos en un futuro”, esclarece la Dra. Gil.
Hablemos de “Conciliación”
Otra variable fundamental, que influye directamente en la maternidad, es la conciliación, tanto durante el embarazo como una vez nacen los hijos.
Son muchas las peticiones y propuestas de mejora en las políticas de conciliación en nuestro país, pero lo cierto es que, actualmente, la percepción social respecto a este tema sigue siendo muy negativa.
En este sentido, los datos de la encuesta muestran cómo casi el 70% de las mujeres considera escasa la duración del permiso de maternidad actual en España. En cuanto al permiso de paternidad, el porcentaje de mujeres que lo considera escaso baja al 54%.
“Y cuando hablamos de la reincorporación al mercado laboral a los 4 meses de ser madre, tan solo el 6% de las mujeres encuestadas considera apropiado este intervalo de tiempo, y la mitad de ellas cree que debería hacerse al año de haber dado a luz. Algunas de estas mujeres acabarán viéndose obligadas a reducir su jornada laboral en mayor medida que sus parejas, pues, como muestra este estudio, el 46% de las madres que trabajan actualmente y que tienen pareja se han reducido la jornada, frente al 4% de sus parejas. Hay mucho que avanzar en materia de conciliación. Una evolución tan esperada como necesaria”, concluye la Dra. Gil.
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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años
Publicado
hace 2 díasen
24 septiembre, 2026
Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria
Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.
Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.
Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.
Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.
Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.
«Lo más importante es lo más simple»
Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.
Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.
Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.
Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.
El amor por su familia por encima de todo
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.
Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.
También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.
Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.
Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer
Hay otra parte especialmente importante de su legado.
Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.
Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.
Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.
Una voz para el cáncer infantil
Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.
Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.
Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.
Su último regalo: una conversación para después de su muerte
Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.
Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.
Y así ha ocurrido.
Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.
Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.
Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.
El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir
Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.
A valorar la salud.
A querer a la familia.
A estar al lado de quien sufre.
A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.
A disfrutar de lo sencillo.
A hacer aquello que queremos hacer.
Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.
Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.
Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.
Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.
Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.
Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.
Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.
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