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Las Drassanes acoge una exposición sobre aeródromos valencianos en la Guerra Civil

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Hasta el próximo 9 de enero se puede visitar en las Drassanes del Grau la exposición “Aeródromos valencianos de la Guerra Civil”, una muestra sobre los campos de aviación construidos en el territorio valenciano por el gobierno de la II República para proveer a los frentes de batalla y defenderse de los ataques enemigos. Se pueden contemplar imágenes y documentos de los más de cuarenta aeródromos improvisados, con las instalaciones que los acompañaban, como los puestos de mando y de guardia, refugios o polvorines, todo ello enmarcado en su contexto histórico mediante explicaciones sobre los bombardeos y la guerra aérea, los aparatos y aviadores, la producción industrial, la cartografía, o la cultura, el arte y la memoria que los rodea.

La exhibición es el resultado de la colaboración entre la Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio, a través de la Cátedra Demetrio Ribes, y el Ayuntamiento de València. La concejala de Patrimonio y Recursos Culturales, Glòria Tello, ha invitado a la ciudadanía a “conocer la historia, imágenes y características de estas instalaciones”, y ha recordado que durante la Guerra Civil española “la aviación se conformó como uno de los factores más importantes para declinar la balanza hacia uno u otro bando”. Así, ha indicado la edila, “ante la insuficiencia de infraestructuras existentes, a lo largo de la contienda se construyeron aeródromos por toda la geografía española y el territorio valenciano no fue una excepción”.

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Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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