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Cultura

‘Las Leyes de las Frontera’, entrevista con el director Daniel Monzón y la actriz Cintia García

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‘Las leyes de la frontera’, cine quinqui en la España del siglo XXI

«Ignacio Cañas es un estudiante de 17 años introvertido y algo inadaptado que vive en Girona. Al conocer al Zarco y a Tere, dos jóvenes delincuentes del barrio chino de la ciudad, se ve inmerso en una carrera imparable de hurtos, robos y atracos.»

Basada en la novela de Javier Cercas, el director valenciano Daniel Monzón, nos cuenta una bella historia de amor narrada a través del mundo quinqui de 1978. Suburbios, delincuencia, tirones y persecuciones que recuerdan al género que triunfó en nuestro país en la década de los 70 y 80, un homenaje a aquellas producciones de Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma entre otros.

Una película coral en la que su gran éxito es la credibilidad de un reparto plagado de rostros desconocidos que muy pronto dejarán de serlo. Porque ha nacido más de una estrella en esta película como es el caso de Begoña Vargas, que se come la pantalla cada vez que aparece en escena.

Official Press ha charlado con Daniel Monzón y la actriz Cintia García sobre ‘Las leyes de la frontera’.

La España de la transición / Cómo llega la novela de Javier Cercas para adaptarla a la gran pantalla / El debut de la youtuber Cintia García / Reparto de rostros nuevos / Visión romántica de la España quinqui / Rodar durante la pandemia

 

 

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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