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Margarita del Val: Los vacunados e infectados con ómicron no necesitan la tercera dosis

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margarita del val

La viróloga Margarita del Val se ha pronunciado este miércoles sobre las vacunas de refuerzo en personas que se hayan infectado con ómicron y ha afirmado que no deberían ponerse la tercera dosis, ni a las cuatro semanas, ni a los cinco meses. A la científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no le convence el cambio del Ministerio de Sanidad respecto a la pauta de la tercera dosis de la vacuna contra el covid.

El ministerio que dirige Carolina Darias cambió la pauta para recibir la tercera dosis de las cuatro semanas tras la infección a cinco meses y la experta Margarita del Val es de la opinión que quienes tengan las dos dosis de la vacuna y se hayan contagiado con la variante ómicron o hayan pasado la enfermedad del covid dos veces no necesitan el tercer pinchazo, “ni en cuatro semanas ni en cinco meses”.

Margarita del Val ha hecho estas declaraciones en una entrevista hoy para Canal Sur Radio, donde también ha manifestado que con la infección con ómicron se logra la inmunidad necesaria frente a esta variante que, sigue siendo la predominante, y frente a las subvariantes como la ‘ómicron sigilosa’.

Aunque la viróloga afirma que cuando haya una variante distinta a ómicron si será necesaria ese tercer pinchazo de refuerzo.

Sobre la variante de la ómicron silenciosa, ha dicho que es un error llamarla así. Según Margarita del Val se detecta por PCR como cualquier otra variante del coronavirus y se contagia igualmente. Sería mejor, ha dicho, llamarla ómicron 2.

Sobre el uso de la mascarilla, la viróloga del CSIC ha explicado que es primordial su uso en interiores, ahí es donde está el verdadero peligro.

Margarita del Val recomienda no solo ventilar en interiores, sino el uso de filtros EPA, de medidores de CO2 y “diseñar y facilitar nuevos aparatos con coste minimizado que puedan airear interiores”. A largo plazo, estas medidas evitarán a largo plazo a “la transmisión de este y otros virus respiratorios”.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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