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Metrovalencia amplía en 130 plazas su aparcamiento de València Sud

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(16/10/2018) Metrovalencia ha ampliado en 130 plazas su aparcamiento gratuito de la estación de València Sud, pasando de las 168 a las 298 actuales, por lo que ofrece ya a sus clientes un total de 1.185 estacionamientos sin coste alguno para poder combinar el uso del vehículo privado con el transporte público ferroviario en el área metropolitana de València.

Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) ha ampliado su parking de València Sud de 4.800 metros cuadrados en 3.000 metros cuadrados más, lo que ha supuesto obtener una capacidad total de cerca de 300 aparcamientos en 7.800 metros cuadrados.

Con este aumento y la reciente entrada en servicio del apeadero de València la Vella, la empresa pública pone a disposición de sus usuarios en Metrovalencia 1.185 plazas de estacionamiento en 16 estaciones de superficie de las líneas 1, 2 y 9.

Gracias al sistema Parking + Metro (P+M) de Metrovalencia, se puede aparcar sin coste en las estaciones de Llíria (41 plazas), la Pobla de Vallbona (40), l’Eliana (39), Massarrojos (62), Rocafort (54), Empalme (40), Seminari – CEU (48), Fuente del Jarro (52), Bétera (60), Font de l’ Almaguer (42), San Ramón (3), La Presa (123), València la Vella (38), Masia de Traver (198), Riba-roja de Túria (47) y València Sud (298 plazas).

Además, hay que añadir las 50 plazas puestas en servicio por parte del Ayuntamiento de Paiporta; las 23 del de Paterna; las 115 de Sant Isidre; las 30 de Benaguassil 1º; las 562 de Quart de Poblet; las 133 de Santa Rita y las 250 de Burjassot, que suman otras 1.163 plazas, todas ellas en las inmediaciones de las estaciones y paradas citadas.

Por tanto, a las 1.185 plazas de aparcamiento con que cuenta Metrovalencia hay que sumar los 1.163 estacionamientos municipales, con los que los usuarios del metro pueden disponer de un total de 2.348 plazas gratuitas.

Con este servicio, FGV quiere fomentar el uso del transporte público mediante la intermodalidad y el intercambio del vehículo privado con el metro, facilitando el acceso a la red de Metrovalencia a todos aquellos usuarios que no tienen una parada de metro próxima, contribuyendo, además, a la descongestión del tráfico viario en superficie y al cuidado al medio ambiente.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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