Síguenos

Cultura

Muere Carmelo Martínez, cantante de la Década Prodigiosa a los 64 años

Publicado

en

youtube

«Siempre en nuestro recuerdo a través de los trabajos que nos deja». De esta forma ha querido recordar Archivo de TVE en las redes sociales a Carmelo Martínez, cantante de la Década Prodigiosa, que ha fallecido a los 64 años, a causa de un cáncer de pulmón contra el que llevaba un año de tratamiento.

En este recopilatorio homenaje aparece en la actuación que la popular formación representó a España con José Subiza, Ana Nery Fragoso y Cecilia Fernández, en el festival de Eurovisión en 1988 celebrado en Dublín (Irlanda) con el tema ‘Made in Spain (La chica que yo quiero)’, con el que lograron 58 puntos en el concurso quedando en undécimo puesto.

 

Una vez abandonara la formación, como cantante en solitario, volvió a subirse al escenario de Eurovisión 20 años más tarde y de nuevo como representante del pabellón español. En 2008 llevó al festival la canción ‘Canto a los amigos’.

Astarot, Kabala Sum, Alphaville, La Decada Prodigiosa, The Limit, Decadance, Eddie Klass & Dj Vice, Reil, Alpairo fueron algunos de los grupos de los que formó parte Carmelo. En la actualidad pertenecía como productor a ‘El Guateque de La Década’, un grupo de música electro-vintage

Trabajó como productor con artistas como Encarnita Polo, Las Supremas de Mostoles, Malena Gracia, Enrrique del Pozo o Decadance, entre otros. Incluso compuso la banda sonora de la película ‘Me da Igual’(David Gordon) con la productora Enrrique Cerezo y Columbia Pictures.

Advertisement
Click para comentar

Tienes que estar registrado para comentar Acceder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

Publicado

en

la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Continuar leyendo