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Muere Pedro Arriola marido de Celia Villalobos y gurú de Aznar

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Muere Pedro Arriola marido de Celia Villalobos y gurú de Aznar

Pedro Arriola, marido de Celia Villalobos, y que ejerció durante tres décadas como asesor de José María Aznar y de Mariano Rajoy, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad en Madrid, según ha podido confirmar Informativos Telecinco.

El contrato de Arriola con el Partido Popular incluía labores de análisis demoscópicos, estrategia e imagen, aunque también colaboró en otros asuntos, como el diálogo con la banda terrorista ETA.

Nacido en Sevilla en 1948, Perro Arriola  estudió en la Universidad de Málaga Ciencias Económicas y, posteriormente, ya en Madrid, Ciencias Políticas. Durante mucho tiempo trabajó, primero en Málaga y luego en Madrid, como asesor de empresas a la hora de negociar convenios colectivos.

El sociólogo, cuyo cuerpo del politólogo se trasladará al tanatorio de La Paz, empezó a trabajar con José María Aznar en 1989 como asesor personal y lo seguiría haciendo cuando llegó al Palacio de la Moncloa en 1996, tras desbancar al gobierno socialista de Felipe González.

En 1998, fue uno de los representantes del Ejecutivo en las conversaciones con ETA, que por dos veces intentó asesinar a su esposa y exvicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos. Además, Arriola representó a Mariano Rajoy ante el Gobierno autónomo catalán, en 2014, y en las conversaciones en las que intentó buscar una salida previa a la consulta del 9-N.

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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