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Nogales, el valenciano elegido mejor profesor de Primaria: «Los docentes tienen que salir del armario»

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Nogales, el valenciano elegido mejor profesor de Primaria: "Los docentes tienen que salir del armario"
Nogales, el valenciano elegido mejor profesor de Primaria: "Los docentes tienen que salir del armario"

València, 11 dic (EFE).- Francesc Nogales, elegido el mejor profesor de Primaria de España en los Premios Educa Abanca, defiende la necesidad de que los profesores «salgan del armario» y enseñen sus propuestas educativas de éxito en el aula pero advierte: «Si se puede dar clase como hace 25 años, las leyes han servido para poco».

Nogales recibe a la Agencia Efe en su aula del colegio concertado de Primaria San Enrique de Quart de Poblet (Valencia), en cuyo techo cuelgan libros y en un estante aguarda una caja de madera con una de las actividades «estrella» de la clase, la del juego de «escape room» con el que, a través de acertijos, pruebas y retos, repasa los contenidos de cada curso.

También usa audiovisuales para explicar a las familias el método que utiliza para enseñar una materia, como las matemáticas, que cuelga en YouTube y que también realizan los niños, gafas de 360 grados, dictados cooperativos o el dictado japonés, métodos que «no son nuevos», asegura, y ayudan a reforzar y asentar los contenidos.

Para Nogales es un gran «orgullo» haber recibido recientemente el premio Educa Abanca, que tiene la particularidad de que son las familias y los alumnos los que proponen a los profesores para el galardón, así como el hecho de que su elección haya ayudado a hablar de la Educación en los espacios informativos.

Francesc Nogales, elegido el mejor profesor de Primaria de España en los Premios Educa Abanca, durante la entrevista mantenida con EFE. EFE/Ana Escobar

LOS PROFESORES TIENEN QUE «SALIR DEL ARMARIO»

Nogales insiste en que él es uno más de los muchos docentes que están aportando métodos de estudio diferentes en las aulas, docentes «de culo inquieto», bromea, con grandes aportaciones de éxito que deberían tener más proyección y a los que anima a «salir del armario».

En su caso, asegura que se ha nutrido de muchas de estas experiencias difundidas a través de las redes sociales, que han permitido crear una «comunidad educativa» en la que se comparten comunicaciones y estudios; de ahí surgieron iniciativas como «Adopta a un maestro» durante el confinamiento, por parte de un grupo de profesores, para dotar de herramientas a las familias que se vieron sin recursos educativos para sus hijos en los hogares.

Nogales inició también su colaboración con RTVE para el programa «Aprendemos en Clan» con propuestas didácticas, a su juicio una importante «debilidad» que existía en la televisión pública.

Preguntado sobre si es defensor de un modelo de aprendizaje concreto y si hay un país referente, responde así: «Plantearnos copiar a Finlandia u otro país sería totalmente descabellado, porque la historia y costumbres de cada país son diferentes».

Ahora bien, lamenta que se «polarice» entre las «nuevas metodologías y las viejas», ya que a su juicio «tienen que convivir» y conseguir «un equilibrio entre las cosas de antes que funcionaban bien y las nuevas».

Para ello, defiende, «es fundamental la formación del profesorado» y no centrar el debate en el cambio de leyes que «al final solo cambian detalles, no el fondo». «Si es posible dar clases como hace 25 años es que el cambio de las leyes ha servido de poco», asevera.

Francesc Nogales, elegido el mejor profesor de Primaria de España en los Premios Educa Abanca, durante la entrevista mantenida con EFE. EFE/Ana Escobar

SE NECESITA MÁS LIBERTAD EN LOS COLEGIOS

«No necesitamos un cambio de ley sino libertad en los colegios», reivindica, y para ello «lo primero que tenemos que hacer es vincular lo que se hace en las aulas con lo que ocurre en la sociedad». «Mis alumnos tienen que saber que lo que están aprendiendo hoy sirve para lo que ocurre ahora mismo, en el presente, que lo que hacen tienen sentido y por qué», reivindica.

Nogales implica también a las familias en sus clases, invitándoles a talleres de matemáticas o poniendo tareas como que busquen con sus hijos sustantivos en los carteles de los supermercados; a los abuelos, con entrevistas para que cuenten cómo era el municipio cuando ellos eran pequeños y con ello «que los niños conozcan que hay una enfermedad que se llama Alzheimer y tendrán que ser la memoria de sus abuelos si alguno la padece».

«La educación es como un edificio y hay que trabajar desde los cero años», asegura. «Hay niños que se pueden perder por el camino y a veces lo hacen porque no les hemos podido dar las respuestas que necesitan, y es una de las cosas que me dan más miedo», reflexiona.

Pone como ejemplo el caso de Thomas Alva Edison (educado en casa desde los 9 años tras irse llorando del colegio, incomprendido por su maestro) y concluye: «Si tuviera en clase a uno de los mayores inventores de la historia, no me diera cuenta y lo tirara de clase, sería terrible, no me lo perdonaría».

Eva Batalla

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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