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Nueva York recuerda a los 30.000 muertos de la pandemia con sus imágenes sobre el Puente de Brooklyn

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Nueva York, 14 mar (EFE).- La ciudad de Nueva York recordó la noche de domingo en una emotiva ceremonia frente al puente de Brooklyn a los más 30.000 muertos por la pandemia el día que se cumple un año desde el primer fallecimiento registrado en la ciudad por el coronavirus.

La escala de tragedia en la ciudad, que durante la primavera de 2020 fue el epicentro mundial de la pandemia, con un número de muertes y hospitalizaciones que no se registraba en ninguna otra ciudad del mundo en ese momento, es más de diez veces superior a las muertes que provocaron los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Familiares de las víctimas recordaron a sus fallecidos frente al puente de Brooklyn, sobre el que se proyectaron las imágenes de algunos de los que sucumbieron a la enfermedad, que se cebó con barrios como Queens, Brooklyn o el Bronx.

La ceremonia, en la que participaron líderes religiosos cristianos, judíos y musulmanes, contó con la emotiva intervención de Carolina Juárez, neoyorquina que perdió a su padre mexicano por la covid-19 quien aseguró que recuerda a su padre cada vez que pasea por los lugares en los que compartieron momentos en Harlem.

El alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, aseguró que la pandemia «ha tocado a todos los neoyorquinos de una manera o de otra» citó en español al Nobel colombiano de Literatura Gabriel García Márquez para recordar a las víctimas: «Nadie podrá quitarte los bailes que ya hayas tenido».

Los intervinientes coincidieron en agradecer el sacrificio del personal sanitario y de los miembros de los servicios de emergencia en este año de pandemia, que saturó los hospitales en primavera, puso a muchos negocios al borde de la quiebra y ha vaciado la ciudad de gran parte de la actividad con la que vibraba cada día.

Los avances en la campaña de vacunación en Nueva York permiten ver la luz al final del túnel para «la ciudad que nunca duerme», que ha comenzado a levantar restricciones a negocios, restaurantes, eventos deportivos y ha reabierto los colegios.

Cerca de dos millones de personas en la ciudad de Nueva York ya ha recibido al menos una dosis de la vacuna, aunque los barrios más afectados por la pandemia, aquellos de bajos ingresos, de mayorías latinas y negras, como el Bronx, siguen rezagados en el avance de la inmunización.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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