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El número de desempleados en Murcia se reduce hasta niveles previos a la crisis

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El número de desempleados se redujo el pasado año un 8,7% en Murcia, situándose en un valor promedio de 32.716 personas, el más bajo desde 2009, cuando el paro registrado era de 31.021 personas. El dato contrasta con los que se dieron en 2012, 2013 y 2014, años en los que se superó la cifra de 40.000 parados en el municipio.

Según el análisis que se puede consultar en el portal del Ayuntamiento www.murciaencifras.es, la disminución fue más acentuada entre los hombres (-12,5%) y la bajada se produjo en todos los grupos de edad.

De tal forma que el paro masculino se situó a final de 2017 en el 13,63%, el dato más bajo de toda la serie, que entre 2010 y 2014 no logró bajar del 20%. En cuanto al desempleo femenino, pese a ser más elevado, también se ha reducido por encima del 5,8% y concluyó el pasado año con el dato más bajo desde 2012.

Por otra parte, el grupo de población entre 25 y 44 años ha conseguido la mayor disminución de la serie de los últimos 9 años, de forma que cerró 2017 con la mejor cifra de casi una década. El 14,5% registrado ahora supone diez puntos menos del nivel alcanzado en 2012 y 2013, cuando sobrepasaron el 24,3%.

También los jóvenes, menores de 25 años, han mejorado su inserción laboral. Hasta 2014 el porcentaje superó el 4%, mientras el pasado año se mantuvo por debajo del 3%.

Por otra parte, el desempleo entre los mayores de 45 años se sitúa en el 15,2%, el dato más bajo desde 2013.

Todos estos indicadores ‘confirman que avanzamos en la buena dirección para impulsar la creación de empleo, conseguir la reducción del paro y promover la mejora del mercado laboral’, aseguró el concejal de Empleo, Turismo y Cultura, Jesús Pacheco, quien destaca ‘el trabajo y el esfuerzo del sector empresarial, sin cuya intervención sería imposible hablar de estos datos’. Respecto a las políticas de promoción del empleo del Ayuntamiento, Pacheco adelantó que ‘continuaremos trabajando de la mano de los distintos partidos municipales para conseguir este objetivo común’.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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