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Catorce mujeres denuncian a un catedrático de la Universidad de Barcelona por abuso de poder y coerción sexual

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Ramón Flecha
Ramón Flecha

Ramón Flecha, referente en estudios sobre violencia de género, niega las acusaciones. CREA, el grupo que fundó, está en el centro de la polémica.

 Una investigación conjunta de infoLibre, eldiario.es, RTVE Noticias y Ràdio 4-RNE ha sacado a la luz una grave denuncia que afecta a la Universidad de Barcelona (UB). Catorce mujeres acusan al catedrático emérito Ramón Flecha de coerción sexual, abuso de poder y acoso sistemático dentro del entorno académico y laboral. Los testimonios, contrastados y documentados, describen un patrón de conducta que se habría mantenido durante más de tres décadas.

Las mujeres, la mayoría exalumnas, doctorandas o colaboradoras del grupo de investigación CREA (Community of Research on Excellence for All), aseguran que Flecha utilizó su posición jerárquica para manipular emocional y sexualmente a jóvenes en situaciones de vulnerabilidad académica y personal.


¿Quién es Ramón Flecha y qué es CREA?

Ramón Flecha es un sociólogo de prestigio, conocido por su trabajo sobre violencia de género. Fundó CREA en 1991, una comunidad científica adscrita a la Universidad de Barcelona. Aunque la UB afirma que ya no existe vinculación oficial desde 2020, CREA sigue usando su dominio y nombre institucional.

El grupo ha sido señalado en varias ocasiones por comportamientos sectarios y dinámicas de poder abusivas. Algunas denunciantes afirman que Flecha utilizaba su liderazgo para controlar sus relaciones personales, limitar su libertad sexual y condicionar su progreso académico.


Un patrón de abuso: adulación, aislamiento y control

Las denunciantes describen un mismo modus operandi: Flecha detectaba a jóvenes estudiantes que admiraban su trabajo y las seducía con promesas de oportunidades académicas. Posteriormente, las invitaba a encuentros privados bajo pretextos laborales, en los que se iniciaba una dinámica de manipulación psicológica, con interrogatorios íntimos, propuestas sexuales, y control total sobre sus vidas personales y profesionales.

Uno de los elementos más repetidos es el uso del término «thanatos», que el profesor empleaba para atribuir a las mujeres traumas o bloqueos que, según él, les impedían evolucionar dentro del grupo si no mantenían relaciones sexuales abiertas —pero siempre con él como eje central.


“Me hacía cocinar, planchar, darle masajes”: relatos que revelan años de sometimiento

Más allá del acoso sexual, las mujeres denuncian una explotación laboral encubierta: tareas domésticas, masajes, viajes personales disfrazados de eventos académicos, y presión constante para trabajar fuera del horario laboral. “Era un sistema de premios y castigos. Si no accedías, te excluía profesionalmente”, cuenta una de las víctimas.


Flecha niega las acusaciones: “Nunca he hecho nada de esto”

El catedrático, contactado por los medios, asegura que no tiene ningún cargo en CREA y califica las denuncias como una campaña de desprestigio. Al ser preguntado por las acusaciones, respondió: “Hacerme preguntas sobre sexo es acoso sexual”.

Marta Soler, directora formal de CREA desde 2006, sostiene que las denuncias son falsas y forman parte de un intento por silenciar al grupo por su trabajo contra la violencia de género.


CREA, bajo la lupa desde hace años

No es la primera vez que CREA enfrenta señalamientos. En 2004, exmiembros del grupo denunciaron prácticas sectarias ante la Universidad de Barcelona. Aunque la Fiscalía archivó el caso en 2016, varias resoluciones judiciales han sancionado al grupo por calumnias.

Desde julio de 2024, al menos 24 personas han abandonado CREA alegando acoso sexual, manipulación emocional y explotación profesional.


El impacto en la Universidad y la comunidad académica

La Universidad de Barcelona ha recibido una carta formal con las 14 firmas denunciantes. La institución aún no ha anunciado medidas, aunque la presión social y mediática crece. Este caso se suma a una larga lista de denuncias por abusos de poder en el ámbito universitario, visibilizando una realidad estructural que durante décadas ha sido silenciada.

 

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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