València, 11 may (EFE).- El conseller de Educación, Cultura y Deporte, Vicent Marzà, va a dejar su cargo en el Consell con el fin de centrarse en la labor de diputado autonómico y en su partido, Més Compromís, a falta de un año para las elecciones autonómicas.
Así lo han indicado a EFE fuentes del partido, que han explicado que Marzà tiene previsto comparecer en rueda de prensa a las 11.30 horas en la sede de Compromís acompañado de la secretaria general de Més Compromís, Àgueda Micó, para dar todas las explicaciones sobre su marcha del Consell.
Según han señalado, la decisión de dejar la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte, de la que Marzà ha sido responsable desde la primera legislatura del pacto del Botànic, en 2015, supone un «movimiento estratégico» destinado a fortalecer la coalición para las elecciones autonómicas de 2023.
Las mismas fuentes han destacado que la Conselleria de la avenida Campanar es un departamento que implica «un nivel de exigencia del 200 %», lo que dificulta poder compaginarlo con el fortalecimiento del principal partido de la coalición Compromís que ahora se busca aplicar.
El de Vicent Marzà fue uno de los nombres que sonó para sustituir a Fran Ferri como síndic de Compromís en Les Corts cuando este anunció el pasado mes de diciembre la renuncia a su escaño en Les Corts para regresar a la actividad privada, si bien finalmente se nombró para ese puesto a la diputada Papi Robles.
La renuncia de Marzà ha saltado por sorpresa cuando en los últimos días se viene especulando sobre la remodelación del Consell que va a aplicar el president, Ximo Puig, tras la renuncia de Manolo Mata al cargo de síndic socialista en Les Corts, y que en un principio se esperaba que solo afectara a las Consellerias que gestionan los socialistas.
La Conselleria de Educación, Cultura y Deporte es una de las cuatro nombradas por Compromís, que también tiene en el Consell la vicepresidencia y Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas (Mónica Oltra), la Conselleria de Economía (Rafa Climent) y la de Agricultura y Medio Ambiente (Mireia Mollà).
Varios agentes de la Policía Nacional tras el crimen - Rober Solsona - Europa Press - Archivo
El conserje del edificio, único testigo en la primera sesión, describe con detalle la vida privada de Alfonso López Benito
Este lunes ha comenzado en la Ciudad de la Justicia de València el juicio por el crimen del canónigo emérito de la Catedral de València, Alfonso López Benito, asesinado en enero de 2024 en el piso que le había cedido el Arzobispado en la calle Avellanas, en pleno centro histórico de la ciudad.
En el banquillo de los acusados se sienta Miguel Tomás V. N., un hombre sin hogar, único detenido y procesado por estos hechos. El caso será juzgado por un jurado popular compuesto por nueve titulares y dos suplentes, ya constituido tras una compleja selección marcada por numerosas excusas de los candidatos.
La Fiscalía sostiene que el acusado tuvo una “participación directa y decisiva”
Tras la constitución del jurado, el fiscal Antonio Gastaldi ha explicado su tesis acusatoria, manteniendo que el procesado estuvo en la vivienda el día de los hechos, facilitó la entrada al autor material del crimen y se aprovechó económicamente de la víctima. Aunque la Fiscalía ha rebajado su calificación inicial —de autor material a cooperador o cómplice—, insiste en que su implicación fue “directa, eficaz y decisiva”.
Por su parte, la defensa, ejercida por el letrado Jorge Carbó, ha reclamado el respeto a la presunción de inocencia y ha denunciado una investigación policial “incompleta y sesgada”. Según Carbó, se señaló a un culpable desde el inicio y después se intentó ajustar la investigación a esa hipótesis, sin hallar pruebas concluyentes de la presencia del acusado en la vivienda.
El portero, único testigo: “Era muy frecuente que subieran chicos necesitados”
La primera sesión del juicio ha contado con un único testigo: el conserje del edificio de la calle Avellanas, quien ha ofrecido un relato minucioso de las costumbres sexuales del canónigo y del ambiente que rodeaba la vivienda.
Según su testimonio, Alfonso López Benito vivía solo desde finales de 2017, aunque ocasionalmente convivía con un hombre rumano que ejercía labores de protección frente a los jóvenes que acudían al piso. “Había etapas en las que subían muchos chicos, casi siempre personas muy necesitadas, con adicciones y en una situación muy vulnerable”, ha señalado.
El portero ha explicado que, en una etapa posterior, el sacerdote intentaba que los encuentros se produjeran fuera de su horario laboral para evitar conflictos con los vecinos, que estaban “hartos” de la situación.
“Le prometió 60 euros por sexo oral, pero solo le pagó 40”
Uno de los momentos más impactantes de la declaración ha sido el relato de un joven que bajó del piso llorando y visiblemente afectado. Según el testigo, el chico le confesó que el canónigo le había ofrecido 60 euros a cambio de una felación, pero que finalmente solo le pagó 40.
“Me dijo que aceptó por pura necesidad y que se sintió humillado”, ha recordado el conserje, quien también ha relatado amenazas y episodios de tensión protagonizados por algunos de los hombres que acudían a la vivienda.
El día del crimen: mensajes enviados desde el móvil del canónigo ya fallecido
El conserje también ha reconstruido el día en que se descubrió el cadáver, el 23 de enero de 2024. Esa mañana recibió un mensaje desde el teléfono del canónigo que no le resultó extraño, ya que mantenían cierta confianza. Sin embargo, horas después, un amigo íntimo del sacerdote acudió preocupado al edificio al no lograr contactar con él.
Ambos subieron al piso y, tras abrir con la llave, encontraron a Alfonso López Benito muerto en la cama, con signos evidentes de violencia. Poco después, el portero recibió un segundo mensaje desde el mismo teléfono: “Miguel, está todo bien”. “Fue aterrador: acababa de ver a una persona muerta y me estaba escribiendo”, ha declarado.
Un carácter difícil y una vida cada vez más aislada
El testigo ha descrito al canónigo como una persona de carácter complicado, con escasa relación con el Arzobispado y frecuentes críticas hacia la jerarquía eclesiástica. “Tenía un carácter jodido”, ha afirmado, recordando también conflictos con vecinos durante la pandemia por su negativa a usar mascarilla.
A pesar de mantener una relación cordial con él, el conserje ha reconocido que le producía “asco” la situación que vivía el sacerdote y que se prolongó durante años sin que nadie pusiera freno.
El juicio continuará hasta el 3 de febrero
Tras esta primera sesión, el magistrado ha dado por concluida la jornada y ha citado al jurado para continuar este martes. El acusado, que se ha mostrado tranquilo durante la vista, ha sido trasladado a la prisión de Picassent, desde donde será conducido diariamente mientras dure este juicio, uno de los más mediáticos y controvertidos de los últimos años en València.
Alfonso López Benito-AVAN / A. Sáiz
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