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Ya se encuentran en Bioparc las dos jirafas tras un traslado «complicado»

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VALÈNCIA, 19 Dic. (EUROPA PRESS) – Bioparc Valencia ha completado esta semana el «complicado» traslado de dos jirafas hembras desde la capital del Turia al zoológico de Córdoba. El primero se realizó la pasada semana y fue el de Bulería, un ejemplar de nueve años, 800 kilos de peso y cuatro metros de altura, mientras que este martes su hija, Kenia, de 400 kilos y dos metros de altura que nació en València hace dos años y medio, viajó hasta Andalucía.

Madre e hija son las primeras inquilinas de su especie en esta institución zoológica, lo que ha motivado que un equipo formado por cuatro expertos de Bioparc se desplazaran también en este trayecto por carretera para permanecer unos días en el nuevo destino de estos queridos animales, garantizar su bienestar y aconsejar a los cuidadores cordobeses sobre las necesidades, atenciones especiales y especificaciones técnicas, sobre todo teniendo en cuenta que estrenarán un recinto expresamente diseñado para albergarlas, subrayan desde el parque.

Las peculiaridades físicas de las jirafas motivan que su traslado sea «uno de los más dificultosos», pues se necesita un remolque específicamente diseñado y construido para tal fin. Su parte interior, tiene una medida de 5 metros de largo por 2 de ancho y la altura se adapta de tres a cinco metros con un sistema hidráulico para facilitar tanto el acceso del animal como la conducción.

El convoy se equipa con cámaras que permiten visualizar en todo momento desde la cabina del vehículo a la jirafa e incluso modificar la conducción, que siempre ha de ser extremadamente cuidadosa, según su estado o posición. Además, entre los profesionales que lo llevan a cabo se incluye un veterinario.

Bioparc Valencia cuenta ahora con siete jirafas y sigue siendo el mayor grupo de España y uno de los más numerosos de Europa, formado por un macho reproductor, Julius, dos hembras adultas, Zora y Che y cuatro hembras nacidas en Valencia, África, Sahira, Lluna y May.

Las jirafas de Bioparc pueden verse en «uno de los recintos más llamativos y admirados del parque, pues se trata de un espectacular espacio multiespecie donde conviven con cuatro especies distintas de antílopes, gacela Thomson, Blesbok, Impala y antílope Acuático; aves singulares como Ibis sagrado y Jabirú y diferentes especies de anátidas y, a su vez, pueden contemplarse en el mismo plano visual que la manada de leones».

LA «SABANA VALENCIANA»
Esa estampa de la «sabana valenciana» con depredador y presa, tal y como ocurre en la naturaleza es, sin duda, una de las experiencias más impactantes para los visitantes.

El recinto valenciano cuenta con grupo reproductor de jirafa Rothschild (Giraffa camelopardalis rothschildi), también conocida como Baringo, una de las subespecies de jirafa más amenazadas del planeta. La manada forma parte del programa europeo de conservación (EEP) y su objetivo es generar una «reserva genética» que garantice la pervivencia de esta especie en grave peligro de extinción y, en este sentido, cada una de las crías representan la esperanza para el futuro de su especie. Además, la Fundación Bioparc también participa en su preservación in situ con la Giraffe Conservation Foundation.

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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