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Así son Carla García y Consuelo Llobell, las nuevas Falleras Mayores de València

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En las primeras horas de reinado de las nuevas Falleras Mayores de València es momento de conocer un poco más sobre cómo son Carla García Pérez y Consuelo Llobell.

La pequeña Carla García Pérez, de 9 años, pertenece a la comisión Ramiro de Maeztu – Los Leones del sector Camins al Grau. «Soy fallera desde que nací, siempre de la misma comisión, y este 2019 he sido Fallera Mayor Infantil», señala. Estudia 4º de Primaria en el colegio Tomás de Monatañana. » Muy contenta y todavía con nervios y emoción», Carla se define como «una fallera que vive las fallas intensamente».

Entre sus aficiones destaca la gimnasia deportiva, bailar y leer. Confiesa que es alegre pero admite que no sabe «guardar secretos a mis amigas».

Como anécdota de su reinado en la comisión de Camins al Grau desvela que «empecé y terminé mi reinado con anginas, pero mi madre me cuidó mucho y enseguida me puse bien».

Carla confiesa que prefiere la indumentaria valenciana del siglo XIX y portar los tres moños y entre sus indumentaristas de referencia se encuentran Bordados Julia y Olga Suay. El laureado artista fallero Carlos Carsí, muy próximo a su comisión, es su artista de referencia.

Cuando baja a la falla le gusta hacer Play-backs, manualidades, participar en los concursos de la agrupación, y la festividad de de San Juan.

La Ofrenda y la Presentación son sus actos preferidos y asegura que aportará «alegría, simpatía, responsabilidad y saber estar» al nuevo cargo.

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Imágenes: Artur PArt y JCF-Armando Romero

Por su parte, Consuelo Llobell Frasquet, de la falla Albacete – Marvá, del sector La Roqueta – Arrancapins, es una joven de 23 años, soltera y estudiante del Grado de Medicina en la Universidad de Valencia.

Entre sus aficiones que este año tendrá menos tiempo para dedicarles están leer, ver series e ir a la playa en cualquier época del año.

Confiesa ser «perfeccionista en exceso». Se define como «fallera de cuna, desde los tres años, siempre de la misma comisión, fui Fallera Mayor Infantil en 2009, he tenido cargo directivo como delegada de Infantiles y este 2019 he sido Fallera Mayor». Consuelo, muy activa en su comisión, participa junto a ella en la histórica Cabalgata del ‘Ninot’ que cada año organiza JCF.

Su indumentarista de referencia es Festa al Mar, que se decanta por un estilo u otro en la vestimenta tradicional «depende del momento, aunque me veo más favorecida con tres moños». El saber hacer de Fer Marzo le sitúan como su artista fallero predilecto.

«La solidaridad fallera» es uno de los objetivos que buscará potenciar desde el ‘altavoz’ que le ofrece el nuevo cargo que ostenta como Fallera Mayor de València 2020, al que asegura que también dotará de «naturalidad y cercanía».

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IMágenes: Antonio Cortés

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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