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El 28% de los valencianos se confiesa adicto al móvil destinando más de cuatro horas al día

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La Policía Nacional alerta de esta nueva y peligrosa estafa por Whatsapp

VALÈNCIA, 5 Ago. – Más de 848.800 valencianos se consideran adictos al móvil, lo que supone hasta el 28% de la población de entre 20 y 64 años y un incremento del 30% respecto al volumen de 2018, según el quinto ‘Estudio sobre Adicción al Móvil’, elaborado por Rastreator.com para analizar el comportamiento de los españoles frente al teléfono.

Los ciudadanos de la Comunitat usan cada vez más el ‘smartphone’, con una media de cuatro horas y 19 minutos diarios, 41 minutos más que el año pasado. Cinco de cada diez reconocen que lo primero y lo último que hacen cada día es mirarlo, mientras un 24% asegura estar pegados a él durante más de cinco horas diarias y 363.000 valencianos (12%) afirman que no podrían estar más de una hora sin su móvil.

Respecto al uso, entre los valencianos el más extendido son las llamadas telefónicas (20%), por encima de consultar redes sociales (19%) o la gestión del correo electrónico (13%), detalla la compañía en un comunicado.

Estas cifras evidencian que en España hay una «dependencia creciente» de los dispositivos móviles, que en algunos casos puede derivar en problemas graves como la adicción. Durante el periodo de vacaciones, con un mayor espacio para el ocio, este riesgo se eleva.

Por regiones, los andaluces (4 horas y 50 minutos), madrileños (4 horas y 40 minutos) y canarios (4 horas y 39 minutos) son los que más tiempo invierten. Vascos (3 horas y 47 minutos), aragoneses (3 horas y 34 minutos) y asturianos (3 horas y 19 minutos) son, por el contrario, los que menos horas reconocen utilizar el móvil.

La conexión constante y el acceso a la información que proporcionan los teléfonos inteligentes ha convertido estos dispositivos en un imprescindible para millones de usuarios, con una cuota de mercado que llega al 96% en España. Este uso masivo conlleva cambios de hábitos que «no siempre son positivos», como la falta de desconexión o de socialización, como ha destacado el director de desarrollo de negocio de Rastreator.com, Álvaro Bas.

CUATRO DE CADA DIEZ NO SE DESPEGAN DEL MÓVIL
Se trata de un problema que confirman los valencianos encuestados, ya que el 54% afirma que necesita estar conectado cuando viaja y casi la mitad (39%) asegura que no se despegan de su teléfono y publican fotos de sus viajes en redes sociales durante las vacaciones.

A pesar de esta situación, muchos usuarios de la Comunitat reconocen que les gustaría reducir su tiempo de uso del móvil, pero no saben cómo hacerlo, un porcentaje que llega al 29% en el barómetro.

Entre los consejos para evitar esta adicción están «conócete a ti mismo» –ante una necesidad excesiva de aprobación por inseguridad o falta de confianza–, fijar periodos en los que el teléfono esté «prohibido» o conocer los desencadenantes o «hábitos tóxicos» que obligan a estar pendiente del móvil sin ser necesario.

Otras recomendaciones son controlar la atención con hábitos como el ‘mindfulness’ y aplicar la racionalidad, pues el uso del móvil obedece a veces a «patrones irracionales de pensamiento» como el miedo a perderse algo o a quedarse fuera, como ha explicado el doctor en Psicología y Ciencias de la Conducta y experto en adicciones a las nuevas tecnologías Daniel Peña.

Fuente: (EUROPA PRESS)

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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