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Sanidad no descarta más casos de fallecimientos pero no sabrán hasta que el Registro les pase los datos

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VALÈNCIA, 8 Abr. (EUROPA PRESS) –

La consellera de Sanidad, Ana Barceló, ha asegurado que los datos de fallecimientos que trasladan al Ministerio para su contabilización son aquellos que están confirmados que han muerto con Covid-19 y, aunque no descarta que pueda más supuestos, tardarán bastante tiempo en poderlo concretar, hasta que no les lleguen los datos de los Registros Civiles y se vuelquen en Salud Pública, un proceso que en circunstancias normales tarda tres meses.

Así lo ha indicado Barceló en su comparecencia de este miércoles para informar de la evolución del coronavirus en la Comunitat Valenciana, una pandemia que, hasta la fecha, ha costado la vida a 724 personas en la Comunitat Valenciana, 89 en Castellón, 292 en Alicante y 343 en Valencia, de las que 218 son usuarias de residencias de mayores.

«Los datos que facilitamos son personas que están hospitalizadas o se han hecho seguimiento en domicilio y se sabe por test que tienen coronavirus o que están en residencia, es lo que damos todos los días al Ministerio», ha precisado.

Preguntada por los datos que pueda haber de fallecimientos en Registros Civiles y por si los familiares podrán solicitar necropsias para poder tener evidencias científicas y reclamar judicialmente por los fallecimientos, la consellera ha recordado que actualmente están prohibidas las autopsias, «se entenderá perfectamente por qué», ha precisado, y ha hecho hincapié en que «sin ninguna duda», los datos de los que disponen son los que comunican al Ministerio.

«Es un dato que se está pidiendo en todas las comunidades autónomas; damos los datos que tenemos y los que nos están certificando que efectivamente se les ha hecho el test y se sabe y se conoce» la causa de la muerte por Covid-19 tanto en hospital o en casa donde se le estuviera haciendo seguimiento domiciliario.

En esta línea, ha detallado que si alguna persona ha fallecido en casa y no se tenía conocimiento o sospecha de Covid-19, o bien sí la había pero no se le había podido realizar el test, «esa información la ofreceremos cuando tengamos esos datos», ya que el Registro Civil no remite inmediatamente la inscripción del fallecimiento, que no se puede tener hasta que no se vuelca en Salud Pública y se trata de un proceso que, en circunstancias habituales, tarda tres meses.

Una vez llegan los datos a la administración sanitaria, se testea la causa del fallecimiento, pero es un dato que «no lo podremos tener hasta transcurrido bastante tiempo para saber si los fallecimientos en su domicilio podemos considerar cuál ha sido la causa de la muerte para incorporarlo», y trasladarlos al Instituto Nacional de Estadística, ha añadido.

«Puedo entender que se hayan producido más fallecimientos y no tengamos la prueba; puede darse el caso, claro que sí. Esto no es una ciencia exacta», ha indicado Barceló, quien ha insistido en que «desde el primer momento» se contabilizan «todos los fallecidos que tenemos comprobado que tienen un Covid, y ahí están incluidas las personas que proceden de residencias» y han perdido la vida en el hospital.

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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