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19.778 alumnos se presentan a las pruebas de acceso a la universidad que empiezan este martes en la Comunitat Valenciana

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Un total de 19.778 estudiantes matriculados en Bachillerato y ciclos formativos realizarán a partir de este martes las pruebas de acceso a la universidad (PAU) ordinarias del curso 2016-2017, que se celebrarán los días 6, 7 y 8 de junio. De ellos, 18.557 acceden tras haber cursado estudios de Bachillerato, 1.221 proceden de ciclos formativos. Por otra parte, 11.562 de los aspirantes son mujeres y los restantes 8.216 son hombres.

Por universidades, los matriculados en esta prueba se desglosan de la siguiente manera:

Universitat d’Alacant
3.239 alumnos
1.925 mujeres
1.314 hombres
3.079 acceden desde Bachillerato
160 de ciclos formativos;

Universitat Miguel Hernández de Elche
3.382 matriculados
2.039 mujeres
1.343 hombres
3.298 de Bachillerato
84 de ciclos formativos;

 

Universitat Politècnica de València
5.177 estudiantes
2.966 mujeres
2.211 hombres
4.605 proceden de Bachillerato
572 de ciclos formativos

 

Universitat de València
5.693 alumnos
3.313 mujeres
2.380 hombres,
5.380 son de Bachillerato
313 de ciclos formativos.

 

Universitat Jaume I

2.287 estudiantes
1.319 mujeres
968 hombres,
2.195 proceden del Bachillerato
92 de ciclos formativos

 

En cuanto a los matriculados en fase obligatoria son 16.795 estudiantes, de los que 2.711 lo han hecho en la UA; 2.993 en la UMH; 4.210 en la UPV; 4.886 en la UV y 1.995 en la UJI. Por su parte, los alumnos de Bachillerato que sólo se han matriculado en la fase voluntaria son 1.762, de los cuales 368 realizarán las pruebas en la UA, 305 en la UMH, 395 en la UPV, 494 en la UV, y 200 en la UJI.

Los alumnos podrán conocer sus calificaciones a partir de las 14.00 horas del día 16 de junio, en la convocatoria ordinaria, y a partir de las 17.00 horas del día 12 de julio, en la convocatoria extraordinaria, en ambos casos a través del portal del alumno PASEU, en la URL https://appweb.edu.gva.es/paseu/ con la clave que se le facilitará el primer día de realización de las pruebas. Del mismo modo podrá solicitar y obtener el documento oficial que acredite las calificaciones de la prueba de acceso a la universidad.

Los alumnos podrán conocer sus resultados a partir de las 14.00 horas del día 16 de junio, en la convocatoria ordinaria,y de las 17.00 horas del día 12 de julio, en la convocatoria extraordinaria

Horario de las pruebas

En concreto, los horarios de las pruebas quedan establecidos de la siguiente manera: mañana martes 6 de junio, y el martes 4 de julio en el caso de la convocatoria extraordinaria, los alumnos realizarán de 9.30 a 11.00 horas, el examen de Castellano; de 11.45 a 13.15 horas, la prueba de Historia de España; y de 15.30 a 17.00 horas, la prueba de Matemáticas II, Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales II, Latín II, o Fundamentos del Arte II.

En cuanto a la segunda jornada, que tendrá lugar el miércoles 7 de junio y el miércoles 5 de julio, en el caso de la convocatoria extraordinaria, los alumnos se examinarán de idioma extranjero entre las 9.30 y las 11.00 horas; de Valenciano, entre las 11.45 y las 13.15 horas; de Química, Artes Escénicas II o Geografía, entre las 15.30 y las 17 horas; y de Dibujo Técnico II o Historia del Arte, entre las 17.45 y las 19.15 horas.

Finalmente, en la tercera jornada, que será el jueves 8 de junio o el jueves 6 de julio, en el caso de la convocatoria extraordinaria, el alumnado realizará las pruebas de Física, Cultura Audiovisual II o Historia de la Filosofía, entre las 9.30 y las 11.00 h; Biología, Diseño o Economía de la Empresa, entre las 11.45 y las 13.15 horas; y Griego II o Geología, entre las 15.30 y las 17.00 horas.

Estructura de la prueba

Hay que destacar que la estructura de la prueba se mantendrá dividida en dos fases. Una primera es de carácter general y obligatoria para todos y, una segunda parte, denominada fase voluntaria.

La primera fase obligatoria consta de cinco ejercicios. En concreto, se trata de la asignatura de libre configuración autonómica: Valenciano, y de las cuatro asignaturas troncales generales de segundo de Bachillerato que haya cursado el alumno, es decir:  Castellano, Historia de España, Idioma Extranjero, y una de las cuatro asignaturas troncales generales con vinculación a la modalidad de Bachillerato (Matemáticas II, Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales II, Latín II, o Fundamentos del Arte II).

La nota de la fase obligatoria de la PAU será la media de estas 5 asignaturas y deberá ser igual o superior a 4 puntos. La nota de acceso será la media ponderada establecida por normativa: el 60% para la calificación final de Bachillerato y el 40% para la nota de la fase obligatoria de la PAU. Se entenderá que se reúnen los requisitos de acceso cuando el resultado de esta ponderación sea igual o superior a 5 puntos.

El estudiante podrá presentarse en la fase voluntaria para aumentar su calificación de admisión hasta un máximo de 14 puntos, a un máximo de 4 asignaturas, a elegir entre las 13 asignaturas troncales de opción, cursadas o no cursadas, diferentes de la troncal general con vinculación con la modalidad de Bachillerato de que se examina en la fase obligatoria, y las 3 troncales generales de modalidad que no sean la que tengan en su fase obligatoria.

Para obtener la nota de admisión se aplicarán, para cada titulación de grado, las ponderaciones de 2 de las asignaturas que constan en el anexo I, las que mejor calificación final le dan al estudiante para cada titulación universitaria. La ponderación se hará con la calificación obtenida en las asignaturas troncales de opción o troncales de modalidad en la fase voluntaria de la PAU, y con la calificación de la asignatura troncal general vinculada a la modalidad de Bachillerato obtenida en la fase obligatoria de la PAU.

Para que la calificación de una asignatura pondere y sirva para aumentar la calificación en la admisión, deberá ser igual o superior a 5, tanto si es de la fase voluntaria como si es la troncal general de modalidad de Bachillerato de la fase obligatoria.

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Betabloqueantes tras un infarto: un estudio español demuestra que ya no son necesarios en la mayoría de pacientes

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Betabloqueantes infarto
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Un estudio internacional coordinado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) ha revolucionado el abordaje del tratamiento del infarto de miocardio. La investigación concluye que los betabloqueantes, recetados de forma rutinaria desde hace más de 40 años, no aportan beneficios en pacientes que han sufrido un infarto no complicado, es decir, cuando la función contráctil del corazón se mantiene conservada.

El estudio Reboot cambia las guías clínicas del infarto

Los resultados proceden del ensayo clínico Reboot, en el que han participado 8.505 pacientes de 109 hospitales en España e Italia. El trabajo, publicado en dos de las revistas médicas más prestigiosas —The New England Journal of Medicine y The Lancet—, se ha presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología en Madrid.

“Nuestro trabajo va a cambiar el tratamiento del infarto en todo el mundo. Más del 80% de los pacientes con infarto no complicado reciben betabloqueantes al alta, pero no hay evidencia de que les aporten beneficio”, explica Borja Ibáñez, director científico del CNIC e investigador principal del estudio.

Por qué se recetaban betabloqueantes tras un infarto

Desde los años 80, los betabloqueantes se recetaban tras un infarto porque reducen la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el consumo de oxígeno del corazón, protegiéndolo frente a arritmias y complicaciones.

Sin embargo, con la llegada de tratamientos más efectivos como la angioplastia coronaria y la colocación de stents, que abren la arteria obstruida en cuestión de minutos, el papel protector de estos fármacos ha quedado obsoleto en muchos casos.

El CNIC ya lo adelantó en su polipíldora cardiovascular (que combina aspirina, un antihipertensivo y un medicamento para el colesterol), de la que se excluyeron los betabloqueantes por su cuestionada utilidad.

Beneficios de eliminar los betabloqueantes

Según el estudio Reboot, dejar de prescribir betabloqueantes de forma rutinaria tras un infarto no complicado supondrá:

  • Menos efectos secundarios: cansancio, bradicardia (ritmo cardíaco bajo) y disfunción sexual.

  • Mayor adherencia al tratamiento, al reducirse el número de pastillas diarias.

  • Ahorro económico para el sistema sanitario, al disminuir la prescripción innecesaria.

Un riesgo especial para las mujeres

Uno de los hallazgos más relevantes del ensayo es la diferencia en el efecto de los betabloqueantes según el sexo.

  • En las mujeres, el estudio encontró un mayor riesgo de muerte, reinfarto y hospitalización por insuficiencia cardiaca cuando recibían betabloqueantes en comparación con aquellas que no los tomaban.

  • En los varones, en cambio, no se detectaron estos efectos adversos significativos.

Este resultado pone de manifiesto la importancia de tener en cuenta el sesgo de género en las enfermedades cardiovasculares, algo históricamente poco considerado en la investigación clínica.

Una advertencia para los pacientes que ya los toman

A pesar de los resultados, los cardiólogos insisten en que nadie debe suspender por su cuenta la medicación.

“Si un paciente está leyendo esta información y toma betabloqueantes, no debe interrumpirlos sin hablar antes con su médico. Es el especialista quien debe decidir si mantenerlos o no en cada caso”, advierte Ibáñez.

El infarto en España: cifras y contexto

  • Cada año, alrededor de 70.000 personas sufren un infarto en España.

  • El 70% de los pacientes sobreviven con la función cardíaca intacta, el grupo donde los betabloqueantes no ofrecen beneficio.

  • Hasta ahora, más del 80% de los pacientes eran dados de alta con esta medicación.

Con los nuevos datos, se espera una actualización de las guías clínicas internacionales de cardiología, lo que cambiará la práctica médica en hospitales de todo el mundo.


Conclusión: un cambio histórico en el tratamiento del infarto

El ensayo Reboot marca un antes y un después en la cardiología. Los betabloqueantes dejan de ser necesarios para la mayoría de los pacientes que superan un infarto sin complicaciones, reduciendo riesgos, efectos adversos y costes.

Se trata de un cambio de paradigma comparable al que supuso en su día la introducción de los stents coronarios, y que impactará en la vida de miles de pacientes cada año.

 

 

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