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Salario Mínimo para vivir con lo mínimo

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Menos del 20% de jóvenes de la Comunitat están emancipados. Imagen: Pexels

Marta González Fontán

Este martes entra en vigor la última subida del Gobierno del Salario Mínimo Interprofesional, que elevará la cifra a 1080€ al mes. Cobrar más siempre es una buena noticia, pero hay que hacerse preguntas.

¿Se puede vivir en España cobrando el salario mínimo?

Sobre todo, ¿se puede vivir con tranquilidad y de manera digna?

Sube el SMI… Y todo lo demás

La subida del Salario Mínimo a 1080 euros brutos al mes constituye una subida del 8% con respecto al SMI actual de 1000 euros en catorce pagas. Hace tan solo cinco años la cifra era de 656€, un 47% menos. No todo tiempo pasado fue mejor, pero lo cierto es que vivir con 1080 euros al mes es muy difícil.

Algunos datos son indispensables para responder esta pregunta: la vivienda, la cesta de la compra y el transporte. Porque si algo necesitamos para vivir es un techo, un plato de comida y llegar a ese trabajo por el que ofrecen 1080€.

¿Cuál es el precio de vivir en Valencia?

El precio de los alquileres es uno de los temas más recurrentes cuando se habla de crisis económica. Tener un techo sobre nuestra cabeza es lo mínimo de lo mínimo (además de un derecho constitucional). Los datos disponibles dicen que el costo promedio de vivir en España es de 670 euros al mes. La subida de este precio se sitúo en un 1,5% en el último mes.

España alcanzó en enero su máximo histórico en el precio del alquiler

Este precio muestra grandes diferencias según la ciudad en la que nos encontremos. En el caso de Valencia, el precio del metro cuadrado en enero fue de 11,4€. Una subida del 1,6%. Aun así, se encuentra por debajo de la media española.

¿Cuánto nos cuesta llegar al trabajo?

A pesar de la pandemia, en 2022 tan solo el 15,5% de personas activas en España teletrabajaban, cifra por debajo del 24,4% de media de la Unión Europea, de acuerdo con los datos publicados por Eurostat. A esto sumamos que el trayecto medio de los españoles desde su casa hasta su puesto de trabajo es de 36 minutos, según un estudio de la empresa Michael Page.

En Valencia un abono mensual de transporte cuesta, tras la bajada del 50% el 1 de febrero, entre 17,5 y 26,5€ para mayores de 35. Los jóvenes que no dispongan del abono gratuito válido hasta el 31 de julio pagarán entre 14,9 y 22,53€ al mes por su tarjeta SUMA.

Si el trayecto al trabajo se hace en coche, habrá que tener en cuenta el precio de la gasolina. Aunque no nos encontremos ya en la misma situación que al comienzo de la guerra de Ucrania, el litro cuesta hoy 1,655€ o 1,677€ en caso de que su coche consuma Diesel. Cogiendo los últimos datos disponibles del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, cada español recorre al día 41,6km en desplazamientos interiores. Es decir, estaríamos gastando alrededor de 114 euros al mes.

¿Y comer?

En los últimos meses de 2022, el gasto de los españoles en el supermercado alcanzada cifras «sin precedentes», de acuerdo con NielsenIQ. Los productos de alimentación alcanzaron una subida del 15,9% anual en el IPC de diciembre.

Cada persona gastó de media 1015€ en la compra de productos básicos. En el caso de las familias, esta cifra se multiplica, mientras que el salario sigue siendo el mismo.

¿Qué pasa si, aún por encima, somos menores de 30 años?

En la Comunitat Valenciana, las personas de entre 16 y 30 años que se encuentran emancipadas constituyen menos del 20%. La edad media a la que los ya-no-tan-jóvenes abandonan la casa familiar para independizarse es ya de 29 años en la comunidad.

La presidenta del Consell Valencià  de la Juventut (CVJ), Cristina Martínez, afirma que la mayor reivindicación de los jóvenes ahora mismo es «la inquietud de quienes se preguntan ‘¿qué va a ser de mi vida?’, de poder iniciar y construir un proyecto de vida digno y tener oportunidades para hacerlo».

El Salario Mínimo Interprofesional es exactamente eso: un mínimo. Una cifra que apenas permite vivir, pero que, desde luego, no permite disfrutar de la vida.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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