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Valencia

Caso Cooperación: todos los acusados, excepto Blasco, reconocen el amaño de contratos

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El juicio contra el exconseller de Solidaridad y ex diputado (PP) en Les Corts Rafael Blasco por un amaño en contratos de servicios informáticos dentro del conocido como caso Cooperación se ha retomado hoy lunes en la Audiencia de Valencia, en una jornada que ha comenzado con el reconocimiento de los hechos por parte de todos los acusados menos él.

Así, el exjefe de servicio de informática, Javier Murcia, ha asumido los hechos a cambio de una pena de un año de prisión y. al abandonar la sala ha agradecido a los servicios de la Ciudad de la Justicia que salvaran su vida cuando, el pasado mes de marzo, se desplomó al iniciarse este mismo juicio. En aquel momento la vista hubo de ser suspendida y Murcia trasladado al hospital, afectado de un infarto.

A la conformidad de Murcia se han sumado después las del empresario Augusto César Tauroni; y de la ex secretaria general de la Conselleria de Cooperación Agustina Sanjuán, los otros dos acusados, además de Blasco.

Los letrados de ambos han anunciado un preacuerdo, aceptado por el fiscal pero no por las otras dos acusaciones (la Generalitat y la Coordinadora Valenciana de ONG) que supone penas, para el primero, de un año y tres meses y, para la segunda, de un año.

La defensa de Blasco ha presentado, por su parte, una petición de nulidad del proceso por vulneración de derechos fundamentales de su cliente. El fiscal se ha opuesto a la petición, al igual que el resto de las acusaciones.

El Ministerio Público pide dos años y ocho meses de cárcel para el exconseller Rafael Blasco por amañar entre 2008 y 2011 al menos siete contratos de servicios informáticos por un importe total de algo más de un millón de euros, vulnerando los principios de transparencia y libre concurrencia en la contratación pública. Los posibles delitos cometidos con estos hechos son tráfico de influencias, prevaricación y fraude a la Administración.

Con la excepción de Murcia, el resto de inculpados han sido ya condenado en otras piezas del mismo caso. Así, el Tribunal Supremo condenó al exconseller y exdiputado del PP a seis años de cárcel en junio de 2015 por delitos de malversación en concurso de prevaricación y falsedad, cometidos al haber desviado fondos de ayuda destinados a Nicaragua. También condenó al empresario Augusto Cesar Tauroni, y a la ex secretaria general de la Conselleria Tina Sanjuan, a la misma pena de seis años.

El 15 de junio de 2015 Blasco ingresó en el centro penitenciario de Picassent (Valencia); el 30 de enero de 2019 obtuvo el tercer grado penitenciario, por lo que desde entonces lleva un régimen de vida en semilibertad. Si se produjeran nuevas condenas, este régimen de semilibertad se podría ver afectado, porque dado que ya tiene antecedentes, el cumplimiento en prisión de las nuevas condenas no podría suspenderse, informan fuentes jurídicas.

Los contratos por servicios informáticos que se van a juzgar ahora fueron adjudicados a empresas, que luego subcontrataban con firmas vinculadas al empresario Tauroni o alguno de sus considerados testaferros.

Prácticamente desde todos los departamentos que ocupó con los gobiernos de la Generalitat del PP, Blasco adjudicó contratos al empresario Augusto César Tauroni, considerado como el máximo responsable de la trama organizada en torno a las ayudas a la cooperación internacional malversadas entre 2008 y 2011.

El ex conceller, que llegó a ser portavoz del PP en Les Corts Valencianes, pasó de activista revolucionario del FRAP a mantenerse en el poder durante más de 30 años. En su haber figura haber sido el político valenciano que más veces ha sido conseller, con cuatro presidents de la Generalitat (con el socialista Joan Lerma en 1983 y los populares Eduardo Zaplana, José Luis Olivas y Francisco Camps), de dos partidos políticos diferentes y en siete carteras a lo largo de 17 años.

El juicio continuará con testimonios el 18 de junio y el 9 y 20 de julio.

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Valencia

Andrea Ortuño anuncia que dedicará su vida a ayudar a los demás tras la pérdida de su marido e hijos en el naufragio de Indonesia

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naufragio Indonesia
Imagen de la búsqueda de los desaparecidos en Indonesia - IMAGEN FACILITADA POR FAMILIARES DE DESAPARECIDOS

“Devastada”, pero al mismo tiempo “bastante entera”. Así se encuentra Andrea Ortuño, la valenciana que sobrevivió junto a su hija de siete años al naufragio ocurrido en Indonesia durante un viaje familiar de Navidad. En ese trágico accidente perdió a su marido y a tres de sus hijos, una tragedia que ha conmocionado a la Comunitat Valenciana y a la opinión pública nacional.

Pese al dolor, Andrea ha trasladado un mensaje cargado de humanidad y esperanza: quiere dedicar el resto de su vida a ayudar y proteger a los demás. Su intención es poner en marcha un proyecto solidario en España, aún por definir, que desarrollará en las próximas semanas cuando su situación personal se lo permita.

Un mensaje público en medio del duelo

Andrea Ortuño no está concediendo entrevistas ni realizando declaraciones públicas debido al durísimo proceso emocional que atraviesa. Sin embargo, ha querido hacer llegar un mensaje a través del periodista y escritor Joaquín Campos, que se encuentra en Indonesia como corresponsal para RTVE cubriendo la tragedia.

Campos explicó en el programa Directo al grano de La 1 que Andrea solo quiso transmitir “cuatro frases”, centradas principalmente en agradecer el apoyo recibido y explicar brevemente su estado emocional. “No está preparada para ponerse delante de una cámara. Es demasiado pronto”, señaló el periodista.

Regreso a España tras 15 días de búsqueda

Andrea Ortuño ha regresado este viernes a España después de permanecer día y noche en Indonesia durante los trabajos de localización de los cuerpos de su marido y de sus hijos. La búsqueda fue finalmente dada por finalizada, aunque uno de los menores, Quique, de 10 años, hijo de Andrea y de su primer matrimonio, continúa desaparecido.

En los últimos días fueron recuperados los cuerpos de Fernando Martín Carreras, de 44 años, entrenador del Valencia CF Femenino B, y de los menores Lía, de 12 años, y Mateo, de 9. La familia viajaba junta cuando el barco turístico en el que se desplazaban naufragó durante una excursión por el Parque Nacional de Komodo.

Fe, justicia divina y ausencia de deseo de venganza

Uno de los aspectos más personales que Andrea quiso compartir es que, en medio de la tragedia, se ha refugiado más que nunca en su fe católica. Según explicó Joaquín Campos, ella cree firmemente en la justicia divina y no desea venganza, ni siquiera ante las posibles negligencias que pudieron producirse.

Este mensaje llega en paralelo a la investigación abierta en Indonesia. La Policía Regional de Nusa Tenggara Oriental ha imputado formalmente por negligencia con resultado de muerte al capitán del barco y al jefe de máquinas del KM Putri Sakinah, la embarcación que se hundió tras el impacto de varias olas de gran tamaño durante una travesía nocturna cerca de la isla de Padar.

El apoyo de la población local, clave en su fortaleza

Andrea ha querido destacar especialmente el cariño y la solidaridad del pueblo indonesio, en particular de los habitantes de la isla de Flores y de Labuan Bajo. Durante los días de búsqueda, cada despedida a los buzos estuvo marcada por abrazos, lágrimas y gestos de apoyo constantes.

“La energía positiva que ha dado toda esta zona es enorme”, trasladó Campos, quien explicó que Andrea desea devolver toda esa ayuda recibida transformándola en un proyecto solidario cuando se recupere mínimamente del golpe emocional.

El padre de Quique mantiene la esperanza

Mientras Andrea ha regresado a España, el padre de Quique permanece en Labuan Bajo, aferrado a la esperanza de poder encontrar a su hijo. Él ha sido el protagonista de un emotivo homenaje rendido por los equipos de rescate en los muelles desde los que partieron la mayoría de las operaciones.

Los expertos han destacado la complejidad extrema de las aguas, con fuertes corrientes y condiciones cambiantes, lo que hace especialmente difícil las labores de búsqueda. Aun así, los equipos lograron localizar a tres de las cuatro víctimas, un esfuerzo que la familia ha querido reconocer públicamente.

Qué ocurrió durante el naufragio

El barco, de dos plantas y cuatro camarotes, había sido alquilado para una excursión de dos días desde Labuan Bajo hasta Komodo. A bordo viajaban seis miembros de la familia valenciana y cinco indonesios, entre tripulación y guía local. Todos los tripulantes lograron salvarse, mientras que las víctimas mortales fueron exclusivamente los turistas.

En el momento del accidente, Andrea y su hija de siete años se encontraban en la cubierta, mientras que Fernando y los otros tres niños estaban en los camarotes, lo que explica el trágico desenlace. Madre e hija fueron literalmente despedidas por el oleaje, y Andrea consiguió salvar a la menor en condiciones extremas de oscuridad y mar agitado.

Una tragedia que se transforma en propósito

A pesar del dolor irreparable, Andrea Ortuño ha lanzado un mensaje que trasciende la tragedia: convertir el sufrimiento en ayuda a los demás. Su futura iniciativa solidaria, aún en fase embrionaria, se perfila como la manera de honrar la memoria de su marido y de sus hijos, y de devolver al mundo la solidaridad que ella misma ha recibido en los momentos más oscuros de su vida.

El emotivo adiós a Lía, la niña fallecida en el naufragio de Indonesia: el fútbol base valenciano llora una pérdida “imposible de describir”

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