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Cultura

GALERÍA| Así es el espectacular Centro de Arte Hortensia Herrero

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Centro de Arte Hortensia Herrero
Hortensia Herrero Foto: TONI CORTÉS

Carla Aliño | València, (OFFICIAL PRESS-EFE).- Casi ocho años de trabajo y 40 millones de euros es lo que ha invertido la empresaria Hortensia Herrero para recuperar el Palacio de Valeriola, un edificio del siglo XVII en pleno centro histórico de València, y llenarlo del arte contemporáneo internacional más cotizado. El Centro de Arte Hortensia Herrero abrirá este sábado sus puertas con un centenar de obras de 47 artistas pertenecientes a la colección particular de la mecenas, entre las que destacan piezas de Jaume Plensa, David Hockney, Antoni Tàpies, Roy Lichtenstein, Sean Scully, Tomás Saraceno, Joan Miró, Mat Collishaw, Eduardo Chillida, Miquel Barceló, Georg Baselitz o Manolo Valdés, entre otros muchos.

Durante la presentación de este nuevo espacio de arte, Herrero ha celebrado que este proyecto vea la luz después de tanto tiempo y trabajo, y se alegra de poder ofrecer a esta ciudad “un nuevo foco cultural” para disfrute de los valencianos y de sus visitantes.

“Alguna vez he tenido ganas de tirar la toalla”, ha reconocido durante la presentación de este espacio, y ha agradecido a su equipo que le diera ánimos para continuar, y también a su marido, el dueño de Mercadona, Juan Roig, porque “sin los resultados positivos que obtiene su empresa esta realidad no habría sido posible”, ha dicho.

Centro de Arte Hortensia Herrero:

Fotos: TONI CORTÉS

Seis “site-specifics”

El director artístico del centro, Javier Molins, ha explicado que el objetivo era traer no solo a una serie de nombres destacados del arte contemporáneo sino “el mejor arte de estos creadores”, y para ello no han dudado en esperar el tiempo que ha hecho falta para contar con la obra adecuada.

Así han logrado que seis artistas de nivel internacional hayan hecho intervenciones específicas, lo que se conoce como “site-specifics”, que se funden con el edificio.

Entre ellas están “Melic”, de Jaume Plensa, que ha intervenido el ábside que comunica el palacio y el jardín; la instalación de Tomás Saraceno, que simula una serie de pompas de jabón que llenan el vestíbulo de entrada, o la intervención de Sean Scully en la antigua capilla del palacio.

Además, Cristina Iglesias ha intervenido el pasillo que conecta el palacio con el edificio anexo con un “tránsito mineral”; Olafur Eliason ha creado un túnel con dos puntos de vista muy distintos, y Mat Collishaw ha creado una videoinstalación inspirada en las Fallas de València.

Todo lo que se puede ver en el Centro de Arte

Junto a estas obras, el Centro de Arte Hortensia Herrero exhibe varias creaciones de David Hockney, como “Las cuatro estaciones”, una videocreación de 36 pantallas que muestra el bosque de Yorkshire durante las cuatro estaciones, o los dibujos de trece metros que hizo de lo que veía desde la ventana de su casa en Normandía en verano e invierno durante la pandemia.

Las diecisiete salas de este espacio se completan con obras de Andreas Gursky, Anselm Kiefer, Anish Kapoor, Michael Rovner, Ann Vernoca Janssens, Tonny Crag, Joan Genovés, Julio González, Juan Uslé, Antonio Saura, Elena del Rivero, Julian Opie, Alexander Calder, Rafael Canogar o Peter Halley.

Todo son obras de la colección particular de Hortensia Herrero, quien ha destacado que su amor por el arte le viene de bien pequeña, y ha revelado que para su primer aniversario de boda pidió a su marido que le regalara un cuadro, aunque no ha precisado cuál fue.

Se trata, además, de artistas contemporáneos de prestigio reconocido que se encuentran en las colecciones de museos como el MOMA de Nueva York, la Tate Gallery de Londres o el Pompidou de París, entre otros muchos, según Javier Molins.

El edificio, una obra de arte más

Pero más allá de las obras de arte que contiene este nuevo espacio, el propio edificio, recuperado por el estudio ERRE Arquitectura, del que es socia Amparo Roig, hija de Hortensia Herrero y Juan Roig, ha sido presentado como una obra de arte en sí mismo.

“Esto es una pequeña joya en el corazón de València a la que han sabido sacar el máximo partido”, ha asegurado Herrero, después de que Amparo Roig haya detallado los trabajos realizados para “devolver la vida a este edificio”, siendo respetuosos con su historia y adaptándolo a su uso actual.

El Palacio de Valeriola, en la calle del Mar, es una emblemática construcción de estilo barroco edificada en el siglo XVII que resume la historia de la ciudad de València, desde la época romana, la visigoda y la islámica hasta la cristina, y que se encontraba en un estado de abandono muy avanzado.

Desde ERRE Arquitectura han buscado recuperar el carácter original del edificio existente y potenciar la atmósfera del palacio del siglo XVII, y a la vez, lograr un espacio expositivo con las prestaciones contemporáneas que merece.

Más de 4.000 entradas vendidas

El centro de arte abre este sábado sus puertas con más de 4.000 entradas vendidas, y con todas las reservas llenas para las visitas gratuitas de los domingos hasta el 31 de diciembre.

El precio de la entrada es de 9 euros a través de la web y de 10 euros en taquilla, y el espacio estará abierto de martes a sábado de 10 a 20 horas, y los domingos de 10 a 14 horas. Los lunes permanecerá cerrado.

 

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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