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Los militares comienzan a vacunar en hospitales valencianos

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València, 4 ene (EFE).- Cinco equipos militares de inmunización han comenzado este martes a vacunar contra el coronavirus en la Comunitat Valenciana, han informado fuentes de la Conselleria de Sanidad Universal.

El personal militar que integran estos equipos se han distribuido en el Hospital de la Malva-rosa y el CIPS Hospital Universitario Doctor Peset, en la provincia de Valencia; y en el Hospital de Alcoi, el centro de mayores Escorratel de Orihuela y el Hospital Universitario de Torrevieja, en la provincia de Alicante.

En los próximos días está previsto que se vayan incorporando de forma progresiva más efectivos militares, hasta completar el total de equipos móviles de vacunación solicitados por la Conselleria de Sanidad al Ministerio de Defensa.

Cada equipo militar de vacunación se compone de profesionales sanitarios, para administrar las vacunas, y de apoyo, para las tareas de registro, según informa Sanidad.

Su misión es agilizar el proceso de administración de dosis adicionales en ocho departamentos de salud, y se suman a los 149 equipos de la Conselleria de Sanidad que ya están inmunizando con dosis de refuerzo en los puntos de vacunación permanentes, además del personal que está vacunando en centros de salud y puntos móviles.

Los ocho departamentos de salud en los que está previsto que se desplieguen los equipos militares de vacunación son Vinaròs, Hospital Clínico-Malvarrosa, Arnau de Vilanova-Llíria, València-Hospital Peset, Xàtiva-Ontinyent, Alcoi, Orihuela y Torrevieja.

En un primer momento, trabajarán en estos 13 puntos: Vinaròs (hogar del pensionista), Peñíscola (centro de salud), Benicarló (centro de salud), València-Hospital Clínico Universitario (Hospital de la Malva-rosa), Llíria (centro de salud integrado), Hospital Arnau de Vilanova, València-CIPS Hospital Universitario Doctor Peset, Xàtiva (centro de salud), Ontinyent (centro de salud), Hospital de Alcoi, Orihuela (centro de mayores Escorratel), Callosa (Ayuntamiento) y Hospital de Torrevieja.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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