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CIS| Un 60% de españoles cree que habría que haber tomado medidas más estrictas

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Madrid, 7 ene (EFE).- Un 59,2 por ciento de los españoles considera que el Gobierno y las comunidades autónomas deberían haberse tomado medidas más estrictas ante los riesgos de la pandemia, mientras que solo un 2,1 por ciento opina que no había, ni hay a día de hoy, que adoptar medidas que limiten las libertades.

Según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre las consecuencias del covid-19, una mayoría de españoles apuesta por medidas de control más estrictas.

Otro porcentaje elevado del 25,8 por ciento de los encuestados considera que las restricciones aplicadas eran y son adecuadas, en tanto que un 4,7 por ciento reconoce que no tiene información suficiente.

Una mujer se ajusta una mascarilla. EFE/Román G. Aguilera/Archivo

El 99 % de los ciudadanos utiliza la mascarilla como medida de protección

El 99,2 % de los ciudadanos utiliza la mascarilla habitualmente como medida de protección frente a la pandemia y casi un 20 necesita nueve o más a lo largo de la semana, según el último barómetro del CIS.

En su último estudio, realizado a través de 2.084 encuestas entre el 11 y el 16 de diciembre, señala que el 15,5 necesita siete semanalmente, el 14,3, tres y el 10,8, cuatro, en tanto que el 6,3 usa siempre la misma, que no es desechable.

El 20,3 las utiliza entre una y dos horas a lo largo del día, el 13,8 entre dos y tres horas y el 10,3 entre tres y cuatro, en tanto que el 8,3 lo hace más de diez horas, en los lugares públicos.

La practica totalidad de los encuestados, el 94,2 usa gel hidroalcohólico para desinfectarse las manos.

El 63,4 lo hace al entrar o salir de un restaurante o bar, el 42,6 siempre o casi siempre, el 37,6 cada vez que toca un objeto y 37,3 al llegar y salir de casa.

Además el 95,1 guarda la distancia recomendada por las autoridades de seguridad entre las personas, el 95,8 se lava las manos con frecuencia y más del 50 por ciento desinfecta los productos alimenticios antes de comerlos.

Del 24 % que usa más medidas de protección, el 44 desinfecta la casa y sus objetos con alcohol, lejía u ozono y el 22,2 desinfecta y limpia los zapatos o se descalza y los deja fuera.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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