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La Policía detiene a un atracador disparándole en una mano tras encañonar a los agentes

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València, 26 jul (EFE).- La Policía Local de València ha detenido a un hombre que, armado con una pistola que al parecer era de fogueo, acababa de atracar a una mujer en pleno centro de la ciudad y al verse acorralado por los agentes, les encañonó, tras lo cual estos le dispararon e hirieron en una mano.

Fuentes cercanas a la investigación han señalado a EFE que el atraco ha ocurrido este viernes por la tarde en la calle Guillem Sorolla, en el centro histórico de València, y la detención en la cercana calle Sant Pere Pascual.

Según las primeras investigaciones, la mujer víctima del atraco se ha encontrado con una patrulla y tras relatarles lo ocurrido, los agentes han localizado al atracador en un comercio cercano.

Desde allí, el sospechoso les ha encañonado y los policías han disparado contra él, hiriéndole en una mano, tras lo cual ha quedado detenido y ha sido trasladado a un hospital.

 

Uso de armas

El uso de armas por parte de la policía durante las detenciones varía considerablemente de un país a otro, dependiendo de las leyes, políticas de seguridad, y la cultura policial de cada nación.

Estados Unidos

En Estados Unidos, es común que la policía esté armada y que las armas sean utilizadas durante detenciones, especialmente si se percibe alguna amenaza. Los oficiales están entrenados para usar armas de fuego cuando creen que hay un riesgo significativo para su seguridad o la de otros.

Brasil

En Brasil, la policía también suele estar armada y el uso de armas de fuego durante detenciones es común, particularmente en áreas con altos índices de criminalidad y en enfrentamientos con grupos criminales.

Rusia

En Rusia, la policía está armada y puede usar armas durante las detenciones, especialmente en operaciones contra el crimen organizado o en situaciones que implican resistencia violenta.

México

En México, la policía está armada y el uso de armas de fuego durante detenciones es común, especialmente en enfrentamientos con el narcotráfico y el crimen organizado.

España

En España, aunque la policía está armada, el uso de armas de fuego durante detenciones no es tan común como en los países mencionados anteriormente. Las fuerzas de seguridad españolas, como la Policía Nacional y la Guardia Civil, suelen recurrir a las armas de fuego solo en situaciones extremas donde hay una amenaza clara e inmediata para la vida de los agentes o de terceros. En situaciones cotidianas, la policía española utiliza otros medios de control y coerción, como el uso de fuerza física, esposas, y en algunos casos, armas no letales como porras o dispositivos de electrochoque (tasers).

Reino Unido

En el Reino Unido, la mayoría de los policías no portan armas de fuego de manera rutinaria. Las armas se usan principalmente por unidades especiales como la Policía Armada (Armed Response Units) en situaciones de alto riesgo.

Alemania

En Alemania, los policías están armados, pero el uso de armas de fuego durante las detenciones es relativamente raro. Los oficiales están entrenados para manejar situaciones con la menor fuerza posible y las armas de fuego se usan solo como último recurso.

Japón

En Japón, la policía está armada, pero el uso de armas de fuego es extremadamente raro debido a las estrictas políticas de uso de la fuerza y el alto nivel de entrenamiento en técnicas no letales de control de sospechosos.

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Sucesos

Desahucian a Daniel, físico de la Universitat de València: «Quiero vivir tranquilo y hacer valer mis derechos»

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El desahucio de Daniel González Iglesias, físico e investigador de la Universitat de València (UV), se ha ejecutado este jueves por la mañana después de diez años de litigios para intentar evitarlo. «No tengo ganas de más follones, quiero intentar vivir tranquilo y está siendo muy difícil hacer valer mis derechos», ha manifestado el investigador en un audio facilitado a los medios.

El lanzamiento estaba previsto inicialmente para las 9.30 horas, pero la Policía Nacional ha acudido a la vivienda alrededor de las seis de la mañana con un dispositivo de ocho furgones. Ante la llegada de los agentes, Daniel decidió colaborar, se identificó y abandonó el inmueble.

El investigador ha explicado que estaba durmiendo cuando comenzó a escuchar ruido en la calle y vio el despliegue policial. La situación le provocó síntomas de ansiedad, precisamente el escenario que había querido evitar. Según el Sindicat d’Habitatge de València, Daniel tuvo que acudir a un centro de salud tras sufrir un cuadro de ansiedad.

Diez años de conflicto por una vivienda en Valencia

Daniel llegó al piso en 2009 como estudiante, mediante un alquiler compartido de 594 euros. Con el paso del tiempo se quedó solo en la vivienda y, durante la crisis económica, el entonces propietario incorporó anexos que redujeron el alquiler a 350 euros.

Posteriormente, se firmó un nuevo acuerdo que contemplaba una opción de compra por 71.000 euros y el derecho de tanteo y retracto, según relató el investigador anteriormente a Europa Press TV.

Tres años después, la empresa propietaria entró en concurso de acreedores y Daniel comenzó a consignar los pagos del alquiler en los juzgados. En 2017, la vivienda salió a subasta pública y fue adquirida por Caixabank a través de la sociedad participada Coral Homes S.L., que posteriormente presentó una demanda contra el investigador por ocupación ilegal.

Según la cronología expuesta por Daniel, en 2018 el administrador concursal le comunicó que dejara de ingresar las rentas en el juzgado. En 2020 inició un procedimiento de jurisdicción voluntaria y trató de volver a pagar, pero no pudo realizar los abonos al no disponer de la cuenta bancaria del arrendador.

La vivienda se vendió en 2025 y la última sentencia ordenó el desalojo

La propiedad volvió a denunciar al investigador en 2023. En 2025, el inmueble fue vendido a una propietaria particular por un importe superior a los 71.000 euros contemplados en la opción de compra, según la información facilitada sobre el caso.

Después de resoluciones anteriores favorables a Daniel, la última demanda concluyó con una condena al desalojo y al pago de 35.620,88 euros en concepto de rentas vencidas. La cantidad corresponde a las diferencias reclamadas entre los importes del alquiler, según la explicación difundida por el sindicato.

El Sindicat d’Habitatge de València sostiene que durante el procedimiento se han vulnerado los derechos del investigador y cuestiona que el lanzamiento se haya ejecutado mientras, según denuncia, existen medidas legales de protección para determinados inquilinos. Estas afirmaciones forman parte de la posición de la organización.

Dos recursos judiciales siguen en marcha

El portavoz del Sindicat d’Habitatge de València, Esteban Arellano, ha asegurado que el procedimiento no ha terminado y que mantienen dos vías judiciales abiertas: un recurso de queja para elevar el asunto al Tribunal Supremo y otro de reposición.

La organización sostiene que no se han respetado los diez días hábiles que, a su juicio, Daniel debía tener para intentar que los recursos llegaran a su último recorrido posible. También defiende que el contrato de alquiler y la opción de compra debían haber sido tenidos en cuenta.

El sindicato ha criticado, además, que el dispositivo policial se adelantara varias horas respecto al horario inicialmente previsto. Según Arellano, no se convocó una concentración para intentar frenar el lanzamiento porque el propio Daniel no quería exponer a otras personas a un posible enfrentamiento con los agentes.

El sindicato denuncia la crisis de vivienda

El Sindicat d’Habitatge considera que el caso refleja las dificultades de acceso y permanencia en una vivienda y denuncia que los procedimientos judiciales prolongados pueden dejar a los inquilinos en una situación de especial vulnerabilidad.

«Por mucho que el procedimiento judicial siga adelante, el resultado es que llaman a ocho furgones de policía, llegan a las seis de la mañana a tu casa, te echan y, por mucho que tengas la razón y ganes el juicio, ya has perdido la casa», ha resumido Arellano.

Mientras continúan los recursos anunciados por la organización, Daniel se enfrenta a una nueva etapa tras abandonar la vivienda en la que había residido durante años. Su deseo, según ha expresado, es poder vivir tranquilo y hacer valer sus derechos.

 

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