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Detenciones por violencia de género, segundas en número en València tras las de seguridad vial

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“Estamos ante un problema gravísimo y una necesidad social imperiosa”. La concejala de Protección Ciudadana, Anaïs Menguzzato, ha definido con estas palabras la situación por los delitos y casos de violencia contra las mujeres en la ciudad de València: actualmente, el número de detenciones por violencia de género es ya el segundo mayor tras las efectuadas por delitos contra la seguridad vial.

Menguzzato ha informado hoy sobre la situación de la violencia contra las mujeres en la ciudad, y ha dado a conocer la memoria de actuaciones de 2017 del Grupo GAMA, el equipo de la Policía Local dedicado específicamente a la prevención y acción contra la violencia de género. El pasado año se produjeron 247 detenciones por esta causa (299 en 2016, y 224 en 2015). Además, durante el ejercicio 2017 se dictó un total de 1.289 órdenes de protección, de las que 1.066 lo fueron por violencia de género específicamente, 97 por violencia doméstica (que incluye la ejercida contra niños y niñas o personas ancianas), 12 por violencia sexual, y otras 111 por acoso, amenazas o coacciones.

Hasta 2016, los agentes de la Policía realizaban su trabajo en este campo de manera paralela a sus ocupaciones cotidianas, pero desde ese año el Grupo GAMA se constituye como un equipo especializado y con dedicación exclusiva, “lo que permite mayor aplicación, y ha ofrecido mejores resultados”, ha asegurado la concejala. De hecho, desde el año 2008, en que se tienen datos, y en el que se registraron 1.800 órdenes de protección, se ha producido una tendencia a la baja en el número de órdenes que se gestionan. Además, en la memoria de 2017 se desglosan por primera vez los casos de órdenes de protección por violencia sexual, que hasta ahora se contabilizaban en el apartado ‘otros’ junto a las coacciones y el acoso.

EL NÚMERO DE ACOMPAÑAMIENTOS SE HA MULTIPLICADO POR TRES
También por primera vez se ha cuantificado la vigilancia de las víctimas desde el momento inicial en el que se plantea el posible caso de violencia y se denuncia, sin tener que esperar a que haya una orden dictada. Son las acciones de ‘acompañamiento’ a las víctimas (o posibles víctimas), el 80% de las cuales están apoyadas y acompañadas durante todo el proceso, inlcuidas las actuaciones en sede judicial, cuyos procesos, por su propia aridez, pueden llegar a disuadir a las mujeres de seguir adelante con su denuncia. “Actualmente siempre hay un o una agente del Grupo GAMA que las acompaña en todo momento y les presta el apoyo para poder salir del círculo de violencia”, ha destacado la concejala de Protección Ciudadana, con lo que se logra que haya menos retiradas de denuncias. Durante el año pasado, el número de acompañamientos se ha multiplicado por tres, al pasar de 287 en 2015 y 280 en 2016, a 650 en 2017.

De la misma manera, las y los agentes especializados efectúan también diligencias de prevención (de las 44 realizadas en 2016 se ha pasado a 126 en 2017), es decir, que la comunicación de posibles hechos delictivos a la Policía Nacional la efectúan los propios policías locales, en los casos en los que la presunta víctima no quiere alertar de las amenazas o riesgos por temor.

“Se trata de un trabajo muy importante, una labor minuciosa de prevención”, ha destacado la concejala Anaïs Menguzzato, que se complementa con labores de formación y sensibilización, por ejemplo en centros escolares. O también en centros de salud, como actualmente en La Fe, donde se lleva a cabo una tarea de detección precoz de posibles casos de violencia. De hecho, la Conselleria de Sanidad ha reconocido esta buena práctica del Grupo GAMA.

La delegada ha concluido con una reflexión sobre la importancia de este problema en la sociedad, y la necesidad de incrementar los recursos que se destinan a combatirlo. Por eso, ha anunciado el incremento de efectivos del Grupo GAMA, que se ampliará después de las próximas incorporaciones de agentes del cuerpo de la Policía Local. “La exclusividad del grupo mejora notablemente las actuaciones –ha afirmado- pero hay que continuar en esta línea porque estamos ante una necesidad imperiosa”.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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