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Salud y Bienestar

Dr. Antonio Requena: “No hay motivo que justifique posponer un tratamiento de reproducción asistida, a causa de la vacuna contra la COVID-19”

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La vacuna contra la COVID-19 ya es una realidad en nuestro país. Desde el pasado mes de diciembre se están suministrando en España las vacunas de tipo ARNm, las pertenecientes a los laboratorios Pfizer/BioNTech y Moderna. Al administrar este tipo de vacunas, el mRNA ayuda a crear proteínas comunes al virus, desarrollando anticuerpos en inmunidad humoral que nos defenderían del virus, si entrara en contacto con nuestro cuerpo.

“En caso de que una mujer se quiera vacunar contra la COVID-19 antes o durante su gestación, desde IVI recomendamos que no se administren tipos de vacunas que contienen virus atenuados. Por otro lado, dado que el calendario oficial de vacunación no está definido para las mujeres en edad fértil, no hay motivo que justifique posponer el deseo gestacional ni el inicio de un estudio o tratamiento de reproducción asistida, incluidas las donaciones de gametos”, explica el doctor Antonio Requena, director médico de IVI.

Bien es cierto que esta vacuna es un medicamento nuevo, que aún no se ha probado en mujeres durante las fases de estudio para su aprobación. Pero, en el caso de las vacunas de tipo ARNm, al no emplear vectores virales, se entiende que no hay riesgo de que la vacuna por sí misma conlleve un efecto negativo sobre el embrión. Por ello, el motivo de que su uso no esté recomendado en embarazadas es única y exclusivamente porque aún no hay experiencia para con este grupo de población. Por otro lado, cabe añadir que hasta ahora no hay ningún dato publicado sobre un efecto teratogénico del virus en pacientes contagiadas de COVID-19 durante el primer trimestre del embarazo.

En cuanto a la vacunación contra la COVID-19 en embarazadas, el Ministerio de Sanidad recomienda posponerla en embarazadas hasta el fin de la gestación, dado que no hay evidencias suficientes, aunque también manifiesta que no hay indicaciones de problemas de seguridad relacionados con la administración de las dosis en embarazadas. Además, el Ministerio contempla excepciones individuales para casos de mujeres con alto riesgo de exposición o complicaciones.

“El inicio de un tratamiento es un buen momento para hacer medicina preventiva, y teniendo en cuenta que la vacunación se realiza en base a un calendario oficial, desde IVI recomendamos la administración de las vacunas de tipo ARNm antes de iniciar un tratamiento, teniendo en cuenta que solo tendrán que pasar dos semanas tras la administración de la segunda dosis para poder iniciar el tratamiento de reproducción asistida –inseminación o transferencia de embriones–. En caso de que a una mujer le coincida la vacunación con el tratamiento de fertilidad, desde IVI recomendamos que se haga, pues es factible poder continuar con el desarrollo del ciclo y con la vacunación”, añade el Dr. Requena.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA), sobre el uso de las vacunas de tipo ARNm en embarazadas, certifica que los estudios en animales no han demostrado efectos negativos en el embarazo. Sin embargo, los datos sobre cómo usar este tipo de vacunas son limitados. Por tanto, la decisión sobre la administración de dicha vacuna en embarazadas se debe hacer de manera concienciada, haciendo balance entre riesgos y beneficios.

Por su parte, la Asociación Americana de Ginecólogos y Obstetras, la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM), la Sociedad Materno Fetal y el Centro de Control de Enfermedades (CDC) no recomiendan restringir el uso de la vacuna en pacientes que están planeando el embarazo, en las que están embarazadas o mujeres en periodo de lactancia.

En cuanto a la administración de las vacunas de ARNm en pacientes que están en un tratamiento de fertilidad, la Asociación Americana de Medicina Reproductiva afirma que las pacientes inmersas en un tratamiento de reproducción asistida deben ser aconsejadas por un especialista.

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Descubren que la pérdida de olor en pacientes covid se debe a una inflamación

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EFE

París, 5 may (EFE).- La pérdida de olor en casos de pacientes infectados por el coronavirus no se debe «a un edema en el nivel de la hendidura olfativa», como se creía hasta ahora, y sí a una infección de las neuronas sensoriales que «provocan una inflamación persistente» del sistema nervioso olfativo, según un estudio divulgado este miércoles por el Instituto Pasteur.

Esta investigación, en la que colaboran también los centros franceses CNRS, Inserm y la Universidad de París, refuta así una de las hipótesis hasta ahora aceptadas sobre la pérdida del olfato en pacientes covid, basada en «un edema transitorio al nivel de la hendidura olfativa que impide el paso del aire que lleva las moléculas del olor a las células nerviosas olfativas» (provocando la típica congestión nasal).

Sin embargo, el estudio encontró «una infección de neuronas sensoriales» entre los pacientes y el aumento de células inmunitarias en el órgano sensorial.

Todo ello puede constituir «una inflamación persistente del epitelio olfativo y del sistema nervioso olfativo» que conduce a la pérdida temporal del olfato.

«Hemos constatado que las neuronas sensoriales resultan infectadas por el SARS-CoV-2, así como el nervio olfativo y los centros nerviosos olfativos en el cerebro», explica el investigador Pierre-Marie Lledo, coautor del estudio publicado en la revista Science Translational Medicine.

Este estudio ha descubierto también «de manera inesperada» que las pruebas clásicas nasofaríngeas PCR entre los pacientes sin olfato pueden fallar en la detección del virus, porque el patógeno puede «persistir al fondo de las cavidades nasales»

Por este motivo, «un cepillado nasal (otra técnica de recogida de muestras) puede considerarse para completar el frotado nasofaríngeo del test PCR en los pacientes que presentan una pérdida de olor».

Por último, el estudio alerta de que «la infección de las neuronas olfativas puede constituir una puerta de entrada al cerebro».

Así, sugiere realizar nuevas investigaciones para saber «por qué ciertos pacientes (covid) desarrollan manifestaciones clínicas de orden psicológico, como ansiedad o depresión, o neurológicos, como susceptibilidad de desarrollar una enfermedad neurodegenerativa».

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