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El peligro de las regletas de luz

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El peligro de las regletas de luz
El peligro de las regletas de luz-PIXABAY

El desgraciado incendio que sucedió en la residencia de ancianos en Moncada, en la que fallecieron 8 personas, provocado por anomalía eléctrica, causada por una regleta, en la habitación donde se originó el fuego,  ha hecho saltar la voz de alarma sobre este dispositivo eléctrico que forma parte indispensable de nuestros hogares y lugares de trabajo.

¿Son seguras las regletas de luz? ¿Corremos peligro utilizándolas? ¿Cómo podemos darle un buen uso y prevenir esta clase de desgracias?

«Las regletas peligrosas no son. Lo que pasa es que si sobrecarga o la gente compra regletas muy malas con un cable muy fino y le meten cosas potentes, entonces sí son peligrosas porque se pueden quemar»,  nos comenta Sergio electricista de la tienda Galdós de València.

El peligro de las regletas de luz

Lo importante para evitar futuros problemas es escoger bien el aparato a la hora de realizar la compra. Existe la creencia popular de que las regletas con interruptor de encendido son más fiables que las que carecen de él. Para los expertos existen otras cualidades en las que debemos fijarnos para que nuestra compra sea segura.

«Que tengan interruptor o no eso da igual porque lo único que hace es conectar o desconectar los electrodomésticos que tú conectes, pero no es importante para que se quemen o no se quemen. Lo importante es la calidad donde estén fabricados, el tipo de plástico, si llevan porcelana o no llevan y el tipo de grosor de cable», señala Sergio. «Si va reforzada de porcelana no prende y cuando va reforzada toda de plástico cuando hay un cierre prende ese fuego.»

¿En qué debemos fijarnos cuando compramos una regleta? El experto consultado lo tiene claro, hay que fijarse bien en las características, en la etiqueta y en el lugar de procedencia.  «Que sea nacional lo primero, si puede ser, las de producto nacional son mucho mejores. Lo segundo que debemos fijarnos es la sección del cable que sea mínimo de 3×1´5 de grosor.»

No vale comprarlo en cualquier sitio ya que puede suponer un peligro añadido debido a la falta de controles de seguridad de algunas tiendas no especializadas. «Normalmente la gente compra las regletas en los bazares de barrio o grandes superficies que viene todo sin control, vienen con el cable muy finito y conectan una lavadora, un microondas, un secador de pelo que hoy en día son muy potentes. Enchufan tres o cuatro cosas en la misma y se quema.»

¿Es importante apagar el interruptor de la regleta?

Para saber si es de producción nacional «debemos fijarnos en el código de barras, que hoy en día es obligatorio que ponga dónde está fabricado. Por eso debemos leerlo bien y fijarnos si pone ‘made in spain’, ‘made in València, Barcelona,… donde sea que esté fabricado aquí. Lo que pasa es que quedan muy poquitos eso sí que es verdad.»

Son muchas las personas que deciden apagar el interruptor de las regletas como medida preventiva y de ahorro. ¿Es importante apagar el interruptor de la regleta? «Si tú te vas a dormir y lo apagas es mucho menos riesgo que si lo tienes encendido toda la noche. Lo que pasa es que si el electrodoméstico está apagado lo único que tienes enchufado es el piloto, esa lucecita que ni gasta potencia. El peligro no es que esté o no encendido. El piloto lo que hace es avisarte que ahí está pasando corriente, pero si el electrodoméstico está apagado está apagado. Problema pues que las regletas que son con interruptor a mucha gente se les olvida apagar la estufa y está la regleta encendida pues obviamente está consumiendo.»

 

 

 

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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