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Cultura

‘El tiempo entre costuras’, el musical que brilla en València estas Navidades

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«Sira Quiroga, una joven modista que abandona Madrid antes del comienzo de la guerra civil española para instalarse en Tánger con el amor de su vida, sin imaginar el vuelco que daría su mundo en poco tiempo.» Este es el argumento inicial de ‘El tiempo entre costuras’ la novela con la que María Dueñas en 2009 daba el salto al éxito literario. Ahora los personajes de su opera prima, tras dar el salto del papel a la gran pantalla, triunfan en forma de musical.

 

De esta forma el libro se convierte en una superproducción musical de la mano de Beon Entertainment, producido por Dario Regattieri y cuya versión ha sido compuesta por Iván Macías y escrita por Félix Amador. La propia autora de esta historia María Dueñas ha participado como asesora en todo el proceso de creación.

Con una puesta en escena espectacular y un ritmo vertiginoso gracias a las rápidas y efectivas transiciones, ‘El tiempo entre costura’ es un musical brillante que atrapa a lo largo de sus más de 130 minutos.

El equipo creativo está formado por un nutrido grupo de profesionales del teatro musical con una importante trayectoria en grandes producciones. La dirección recae en las manos de por Federico Barrios Fierro (“Wests Side Stoy”, “Sonrisas y Lágrimas” o “Cabaret”)La escenografía del espectáculo lleva la firma de Ricardo Sánchez Cuerda, considerado uno de los mejores escenógrafos de Europa y con amplia trayectoria en producciones musicales como “Cabaret”, “Billy Elliot” o “Hoy no me puedo levantar”. Lorenzo Caprile se ha encargado de diseñar el vestuario de Sira, mientras que el resto del vestuario es obra de Marietta Calderón. Por su parte, el diseño de iluminación ha sido realizado por Felipe Ramos, y el de sonido por Javier Isequilla. El equipo creativo se completa con María José Santos en la dirección vocal y Jose Félix Romero como responsable de coreografía y movimiento.

‘El tiempo entre costuras’ cuenta con un elenco de 21 actores que brilla en todo momento, aunando talento tanto en la parte musical como en la interpretativa. Todos ellos han sido elegidos tras un minucioso proceso de audiciones y una orquesta en directo de siete músicos. El papel de la protagonista, Sira Quiroga, está interpretado por la actriz Laura Enrech que entre sus últimos trabajos se encuentran la gira española de “Dirty Dancing”, “La Verbena de la Paloma”, “Anastasia” y la obra de “Antoine” la increíble historia del creador de “El Principito”. Joselu López (“Billy Elliot”, “El jovencito Frankenstein”) da vida a Marcus. Ricardo Soler interpreta a Da Silva, Silvia Álvarez a Rosalinda, Noemi Mazoy a Dolores y María Gago a Candelaria. Completan el elenco: Pablo Badillo, Nil Carbonell, Xenia García, Jana Gómez, José Guélez, Rocío Margón, María Martín, Julio Morales, Sheila Paz, Ernesto Pigueiras, Antonio Recuerda, Amparo Saizar, Fernando Samper, Alberto Scarlatta y Tamara Suárez.

Para Dario Regattieri este nuevo musical de Beon Entertainment pone de relieve que “nuestro mérito reside en aprovechar el gran talento que existe en nuestro país y convertirlo en espectáculos de gran formato a través de la música. Debemos beneficiarnos de los productos de gran calidad con los que ya contamos y convertirnos en exportadores de historias que emocionen”.

Su compositor, Iván Macías pone de relieve el carácter evocador del musical “gracias a esta partitura somos capaces de trasladar al espectador a cada uno de los escenarios creados por María Dueñas en su novela. Es un espectáculo que desprende elegancia y sofisticación”.

Por su parte, Maria Dueñas asegura que “la adaptación de obras literarias a producciones musicales ha tenido resultados magníficos: ‘El hombre de La Mancha’, ‘Los Miserables’, ‘Oliver’, … Es un enorme honor que mi novela se sume a esta aventura”.

Atrévete a disfrutar del musical de ‘El tiempo entre costuras’. Un viaje que te atrapará desde el principio. Si te gustó leerlo, te encantará vivirlo.

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Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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