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ESTUDIO| Estas son las claves para evitar el fracaso escolar

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epidemia salud mental infantil

MADRID/VALÈNCIA, 1 Abr.- Diferenciar entre trastorno del espectro autista y trastorno específico del lenguaje es clave para evitar el fracaso escolar, es fundamental un diagnóstico preciso por parte de un profesional y el trabajo diario con el niño, la familia y su entorno, explica la doctora Carolina Colomer, directora clínica del Servicio de Neurorrehabilitación Pediátrica del Hospital Vithas Nisa Virgen del Consuelo de València.

La confusión entre los diagnósticos de ambas patologías se genera porque en los dos casos el niño se puede relacionar con el entorno a través del lenguaje. En los bebés, balbucear, llorar o emitir sonidos ya implica una forma de llamar la atención e intentar transmitir algún deseo o sentimiento. Esta primera etapa de desarrollo del lenguaje es fundamental y constituye una base para un correcto progreso del lenguaje en el futuro, pero en ocasiones no lo garantiza.

La doctora Colomer explica que «existen dos trastornos del neurodesarrollo que resultan muy complicados de distinguir durante la infancia con respecto a cómo se desarrolla la comunicación. Estamos hablando del trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno específico del lenguaje (TEL). Aunque la comunicación es un factor fundamental a considerar para averiguar ante qué trastorno nos encontramos, también habría que valorar otras muchas habilidades cognitivas».

El trastorno específico del lenguaje (TEL) se manifiesta en un retraso en su adquisición en niños que no tienen discapacidad auditiva ni sufren ningún otro problema en su desarrollo.

Por su parte, el trastorno del espectro autista (TEA) es un grupo de afecciones caracterizadas por la alteración del comportamiento social, la comunicación y el lenguaje con diferentes grados de afectación, así como un repertorio de intereses y actividades restringidos, estereotipados y repetitivos.

Según la Dra. Colomer, «la confusión entre los diagnósticos de ambas patologías se genera porque en los dos casos el niño no se puede relacionar con el entorno a través del lenguaje, ya sea porque se encuentra alterado, sea escaso o por su ausencia total. Además, puede presentar problemas para comprender lo que otras personas le dicen. Como consecuencia, el niño suele aislarse y evadirse, evitando así relacionarse con el medio social».

Fuente: Europa Press

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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