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Cultura

València se rinde ante la vida de cine de Berlanga, su cineasta más universal

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exposición Berlanga valencia
Ninot fetichista diseñado por Guillermina Royo-Villanova

València, 4 mar (EFE).- El Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM) de València ha inaugurado este jueves una exposición homenaje al cineasta y valenciano universal Luis García-Berlanga para conmemorar el centenario de su nacimiento, bajo el título ‘¡Viva Berlanga! Una historia de cine’.

El acto en el MuVIM ha contado con la presencia del president de la Generalitat, Ximo Puig, los ministros de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, y Transportes, José Luis Ábalos, así como del alcalde de València, Joan Ribó, y el presidente de la Diputación, Toni Gaspar.

El Museo, dependiente de la Diputación, se suma así al Año García-Berlanga con esta ambiciosa muestra que rinde homenaje al «gran renovador del cine español de la posguerra», quien junto al músico Joaquín Rodrigo se puede considerar el valenciano más universal de la segunda mitad del siglo XX, según los organizadores.

Para el director del MuVIM, Rafael Company, con esta exposición se quiere «restituir en su justa medida la originalidad del cine berlanguiano» y dar a conocer la figura entre las generaciones más jóvenes del cineasta, cuya visión fue «rabiosamente independiente».

En la exposición, y tras la consulta de expedientes del Archivo General de la Administración radicado en Alcalá de Henares (Madrid), se citan literalmente algunas de las «argumentaciones» utilizadas por los censores.

La muestra exhibe también el uso que la industria cinematográfica hizo del diseño gráfico y la tipografía, con una selección de decenas de carteles, publicaciones y carteles que permiten trazar una historia de los materiales de difusión al servicio de la distribución cinematográfica entre los años 50 y la década de los 90 del siglo XX.

Cuenta con la colaboración del coleccionismo privado como es el caso de la colección de Santiago Castillo París, que ha permitido recuperar la notable dimensión internacional de la obra berlanguiana.

Así, junto a objetos procedentes de Francia, Italia, Alemania o Bélgica, hay otros provenientes de la Europa nórdica (Dinamarca y Suecia), de la Europa central y suroriental (de Polonia, Yugoslavia y Rumanía, países encuadrados en el antiguamente llamado Bloque del Este), de la América meridional y septentrional (Argentina y EE.UU.) y hasta de Asia (Japón).

Un tractor, un motocarro, cámaras, fotografías y objetos que muestran la relación entre Berlanga y el mundo de las Fallas son otros de los muchos elementos contextualizadores que conforman la exposición, que también ha recibido la colaboración del Institut Valencià de Cultura de la Generalitat y el Ministerio de Cultura y Deporte.

La muestra ha sido comisariada por Joan Carles Martí, con diseño de sala de Raúl González Monaj.

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Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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