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El Hospital Peset de València bate récord en trasplante renal

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El Hospital Universitario Doctor Peset ha realizado en la madrugada del 8 al 9 de diciembre su trasplante renal número 1.000 a un hombre de 45 años con insuficiencia renal crónica por enfermedad poliquística. El paciente, que llevaba desde 2015 en hemodiálisis, se encuentra aún hospitalizado y evoluciona favorablemente.
Esta cifra redonda coincide con el año de máxima actividad trasplantadora de este centro sanitario público valenciano, que, con 67 trasplantes en lo que va de 2017, batirá su propio récord, que estaba en 62 injertos anuales.
«Llegar a los 1.000 trasplantes supone un gran logro para este hospital porque somos conscientes que detrás de cada trasplante hay una historia y un paciente que mejora su expectativa y su calidad de vida. El programa de trasplante renal es el paradigma del trabajo en equipo, un ejemplo que da una proyección de futuro a este centro y que plantea nuevos retos no solo a los equipos directamente implicados en el trasplante sino al conjunto del hospital», ha señalado Francisco M. Dolz, gerente del Departamento de Salud de Valencia-Doctor Peset.
En la intervención, de algo más de dos horas, ha participado un equipo de casi 15 personas entre especialistas de Urología, Cirugía Vascular, Nefrología, Anestesiología, Enfermería, técnicos de Cuidados Auxiliares de Enfermería, celadores, Coordinación de Trasplantes y personal de limpieza. A ellos hay que sumar los Servicios Centrales implicados en el seguimiento y manejo del paciente trasplantado como son Farmacia, Radiología, Anatomía Patológica, Microbiología, Medicina Nuclear o Análisis Clínicos.
De manera casual, en el equipo que ha realizado el trasplante número 1.000 se encontraban dos de los profesionales que participaron en el primer trasplante realizado en el Hospital Universitario Doctor Peset el 1 de noviembre de 1996. Concretamente, los dos profesionales son María Jesús Lidón, enfermera de Nefrología y coordinadora de trasplantes del centro desde principios de los años 90, y el doctor Juan Vidal, que actualmente es el jefe de Servicio de Urología del Hospital Universitario Doctor Peset.
Este centro sanitario público valenciano fue acreditado en junio de 1996 como centro trasplantador renal de donante cadáver y el 1 de noviembre de dicho año se efectuó el primer trasplante a una mujer de 56 años. En estas dos décadas, la actividad trasplantadora ha sido creciente hasta alcanzar más de 60 trasplantes renales anuales en los últimos tres años.
Como centro trasplantador, el Hospital Universitario Doctor Peset fue pionero a nivel nacional en la utilización de donantes con criterios expandidos (órganos de donantes de más de 60 años o con comorbilidades añadidas), así como en la introducción de la biopsia renal (a cargo del Servicio de Anatomía Patológica) en la evaluación histológica de los riñones procedentes de este tipo de donantes.
Otro de los campos en los que destaca el centro valenciano es en la realización de trasplante renal con órganos de donantes pediátricos de menos de 3 años de edad que se implantan en bloque en receptores adultos. Las exigencias técnicas de este tipo de trasplante han convertido al Hospital Universitario Doctor Peset en centro de referencia para la derivación de estos órganos, no solo a nivel nacional sino también de países como Portugal, Italia o Francia.
Igualmente, el Peset fue pionero en la realización del primer trasplante renal de donante en asistolia (en parada cardíaca) en la Comunitat Valenciana en enero de 2008, un programa que en la actualidad representa casi la cuarta parte de los trasplantes renales.
De hecho, este centro ha realizado hasta la fecha un total de 47 trasplantes renales de donantes en asistolia, de los cuales 18 se han efectuado en 2017, lo que representa el 27% de la actividad trasplantadora del presente año. Así, el riñón del trasplante número 1.000 procedía de una donación en asistolia controlada.
En julio de 2014, el Hospital Universitario Doctor Peset inició el programa de trasplante renal de donante vivo y ya ha realizado 21 trasplantes de este tipo con excelentes resultados. Además, participa en el programa de intercambio nacional de órganos para el trasplante renal de pacientes hiperinmunizados como consecuencia de transfusiones, embarazo o trasplantes renales previos, con el fin de incrementar sus expectativas de trasplante.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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