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Un estudio revela la desinformación y los discursos de odio entre adolescentes en España

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Save the Children: Desinformación y Exposición a Discursos de Odio entre Adolescentes en España

Una investigación de Save the Children ha revelado que el 60% de los adolescentes en España y el 54% en la Comunitat Valenciana acceden principalmente a la información a través de la televisión y las redes sociales. Sin embargo, la mayoría tiene dificultades para identificar noticias falsas, y uno de cada cuatro ni siquiera se plantea contrastarlas.

La Influencia de las Redes Sociales y la Televisión en los Adolescentes

El estudio muestra que el 60,6% de los adolescentes utiliza la televisión y el 60,2% las redes sociales como sus medios preferidos para acceder a la información. Por otro lado, la prensa en línea es consultada por el 32%, mientras que solo un 9% escucha la radio y un 5% lee prensa en papel.

¿Cómo Verifican los Adolescentes la Información?

El informe destaca que el 51% de los adolescentes no sabe identificar siempre cuándo una noticia es falsa, y aunque puedan sospechar de su veracidad, el 25% no la contrasta. En estos casos, el 56% recurre a familiares y amigos para confirmar la información, lo que genera preocupación sobre la propagación de desinformación. Según Catalina Perazzo, directora de Incidencia Política y Social de Save the Children, este hábito puede crear un «efecto burbuja«, perpetuando información falsa y ampliando su impacto.

Vulnerabilidad de los Adolescentes ante Discursos de Odio y Estereotipos

Los adolescentes también están expuestos a discursos de odio y estereotipos de género, raciales y sexuales en el entorno digital. Los chicos son más propensos a recibir mensajes que niegan la violencia de género y promueven actitudes machistas, racistas y homófobas, mientras que las chicas suelen ser el blanco de estos discursos, sufriendo mensajes agresivos y ofensivos.

Impacto de los Estereotipos en la Salud Mental de las Chicas

El estudio resalta que las chicas son más afectadas por la constante exposición a representaciones idealizadas de vida y estándares de belleza irreales, lo que puede repercutir gravemente en su salud mental, generando problemas como baja autoestima, trastornos de conducta o incluso autolesiones.

Confianza en las Redes Sociales y los Creadores de Contenido

El 16% de los adolescentes considera que los creadores de contenido en redes sociales son siempre una fuente fiable de información, aunque el 70% cree que pueden serlo en algunas ocasiones. Es relevante notar que los chicos confían más en estos perfiles que las chicas: un 23% de los chicos los considera fiables frente a un 9% de las chicas.

Diferencias en el Consumo de Contenido entre Chicos y Chicas

Las chicas tienden a seguir a personas con las que sienten afinidad, buscando consejos o información sobre la vida privada de ciertos perfiles, mientras que los chicos interactúan más con creadores de contenido relacionados con los videojuegos o el deporte. Además, el informe señala que los chicos que son streamers o transmisores de contenido en directo adoptan conductas de riesgo, como comentarios sexuales, referencias a la pornografía o la banalización del consumo de drogas.

Por su parte, las creadoras de contenido suelen tener menos seguidores y enfrentan ataques por defender a víctimas de abusos, visibilizar malos tratos o no ajustarse a los estereotipos estéticos.

Propuestas de Save the Children para un Entorno Digital Seguro

Save the Children enfatiza la necesidad de educar a los menores en un uso responsable y seguro de internet, proporcionándoles herramientas para evaluar la fiabilidad y credibilidad de las fuentes. Asimismo, propone una educación en igualdad de género y afectivo-sexual, que reivindique la igualdad entre hombres y mujeres, y combata los estereotipos de género presentes en el mundo digital.

 

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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