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Las Fallas Duc de Gaeta-Pobla de Farnals, Plaza La Cruz-Los Ángeles y Exposición, ganadoras del concurso de “Cruces de Mayo”

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AVAN

València 4 may. (AVAN).- Las comisiones falleras Duc de Gaeta-Pobla de Farnals, Plaza La Cruz – Los Ángeles (Canyamelar) y Exposición han obtenido el primer, segundo y tercer premio, respectivamente, del concurso de “Cruces de Mayo” organizado y convocado por la asociación Lo Rat Penat en colaboración con el Ayuntamiento de Valencia.

En total, este año han participado en el concurso 40 cruces de las 42 inscritas ya que dos fueron eliminadas al no estar plantadas cuando pasó el Jurado, han indicado desde la organización.

Igualmente, el Jurado ha decidido “por su calidad, méritos y originalidad” conceder una mención honorífica a las “Cruces de Mayo” de la Junta de Festes Verge dels Desamparats de Patraix: la Comissió de Festes Creu de Mislata; las fiestas en honor del Santísimo Cristo de Nazaret; y las Fallas Gayano Lluch, Lo Rat Penat y Camí Nou de Picanya – Nicolau Primitiu – Gómez Serrano.

Cada año participan en este concurso decenas de asociaciones culturales, comisiones festivas, parroquias, colegios y diversas entidades valencianas que elaboran sus “Cruces de Mayo” con flores naturales y frescas, adornadas con flores secas, plantas, piedras, juegos de agua y luz, y las instalan en las calles de la ciudad de Valencia y en otras localidades de la diócesis.

La instalación de las “Cruces de Mayo” tiene su origen en la Edad Media cuando se empezó a conmemorar el hallazgo de la cruz de Jesucristo en el siglo IV por Santa Elena, madre del emperador Constantino, según fuentes del Archivo Diocesano de Religiosidad Popular.

La fecha de la instalación de las tradicionales “Cruces de mayo” no se corresponde, sin embargo, con el día en el que el actual calendario litúrgico celebra “la fiesta de la Santa Cruz”, el 14 de septiembre, sino que mantiene la antigua dedicación del 3 de mayo, cuando se celebraba “la fiesta de la Invención de la Cruz”.

 

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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