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Consumo

Las viviendas en venta en València rozan de media los 50 años de antigüedad y en Castellón y Alicante no llegan a 40

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VALÈNCIA, Ago 2018. (EUROPA PRESS) – Las viviendas en venta en València tienen una edad media de 49 años, mientras que en Alicante es de 38 años y en Castellón de la Plana de 37, según un estudio publicado por idealista sobre el envejecimiento de la vivienda en las capitales de provincia españolas.

En el caso de las viviendas en alquiler, València vuelve a situarse en cabeza en el conjunto de las capitales de la Comunitat, con una edad media de 50 años, seguida de Alicante, con 34, y Castellón, con 31.

En el conjunto nacional, la edad media de las viviendas en venta es de 45 años y la de las de alquiler de 44 años.

Según este estudio, Barcelona es la ciudad con un parque de venta y alquiler más envejecido: las viviendas en venta tienen una edad media de 69 años en la capital catalana, mientras que en las de alquiler se eleva a los 72 años.

Tres ciudades del norte siguen a Barcelona en la clasificación por edad de la vivienda en venta: Pamplona (64 años de media), San Sebastián (60 años) y Bilbao (54 años). A continuación se sitúa la ciudad de Madrid, donde las casas tienen 53 años de media.

Sin embargo, tal y como destaca idealista, existen importantes diferencias entre las distintas provincias, tanto en el caso de viviendas en venta como de alquiler.

Así, un total de 23 capitales españolas tiene un parque de viviendas en venta «treintañero». Las más modernas son las viviendas de Albacete, con 31 años de media. En Lugo la edad sube hasta los 32 años, mientras que en Almería, Murcia, Lleida y Guadalajara alcanza los 33 años.

En cuanto al alquiler, Barcelona concentra también el parque de viviendas más vetusto, ya que tienen 72 años de media. Le siguen las de San Sebastián (68 años), Madrid (56 años), Tarragona (53 años) y Pamplona (52 años).

Solo Ciudad Real tiene unas viviendas para alquilar que bajan de la treintena (29 años). Las siguientes ciudades, con edad ya por encima de las tres décadas, son Albacete (30 años), Lugo, Soria y Castellón (31 años en los tres casos), seguidas por Almería y Guadalajara (ambas con 32 años).

AUMENTAR LA CONSTRUCCIÓN Y LA REFORMA DE VIVIENDA
Los datos reflejados en el estudio demuestran que el parque inmobiliario español «no está suficientemente renovado», según sostiene el jefe de estudios de idealista, Fernando Encinar, que incide en el mayor coste que conlleva vivir en un edificio con más de cinco décadas por reformas, derramas y una mala eficiencia energética.

«El hecho de que las dos mayores ciudades españolas estén en el grupo de las viviendas más antiguas evidencia que el ritmo de construcción de obra nueva en las últimas décadas en ambas no ha sido similar al del resto del país», afirma.

En este sentido, llama a plantear «seriamente» la necesidad de aumentar la construcción en ambas ciudades en los próximos años ante una «necesidad acuciante» de vivienda en Madrid y Baracelona.

«Cuando se argumenta los excesos de la burbuja, claros en la mayor parte de España, no deben ser excusa para obviar la necesidad acuciante de las dos capitales de facilitar vivienda, bien construida o reformada que evite tensión en los precios», concluye.

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Consumo

Sanidad y Consumo intensifica los controles en las 165 churrerías de Fallas en València

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Churrerías de Fallas 
Churrerías de Fallas -Archivo/EFE/Ángel Medina G.

El Ayuntamiento de València ha reforzado los controles sanitarios diarios en las churrerías instaladas durante las Fallas, con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria y la protección de los consumidores. En total, 165 puestos de churros y buñuelos funcionan en la ciudad entre el 2 y el 19 de marzo, coincidiendo con la celebración de las Fallas de València.

El concejal de Sanidad y Consumo, José Gosálbez, participó junto a inspectores municipales en una demostración práctica de inspección higiénico-sanitaria en una churrería de la ciudad, donde se mostró el procedimiento que se aplica durante la campaña fallera.

Más de 700 inspecciones desde el inicio de las Fallas

Desde el comienzo del dispositivo, el servicio municipal ha realizado más de 700 inspecciones en los puestos de churros y buñuelos instalados en la ciudad.

De los 165 puestos autorizados,

  • 146 corresponden a puestos específicos de Fallas

  • 19 pertenecen a bares que también ofrecen estos productos tradicionales.

Durante estas inspecciones se han llevado a cabo alrededor de 600 análisis del aceite utilizado para la fritura, de los cuales 60 han requerido su sustitución. Además, los técnicos municipales han realizado 40 controles del suministro de agua para verificar su calidad.

Según explicó Gosálbez, los controles se realizan de forma aleatoria y por sorpresa, cualquier día de la semana y a cualquier hora, con el objetivo de comprobar que todos los puestos cumplen las condiciones higiénico-sanitarias exigidas.

Qué revisan los inspectores en las churrerías

Los seis inspectores municipales supervisan distintos aspectos relacionados con la seguridad alimentaria:

  • Manipulación adecuada de alimentos

  • Calidad del aceite mediante medidores de compuestos polares

  • Conexión a la red municipal de agua

  • Presencia de calentador y grifos de accionamiento no manual

  • Uso de toallas de un solo uso

  • Toma de muestras de agua para análisis químico

Según el concejal, “todos los puestos deben cumplir las mismas normas y garantizar las mismas condiciones higiénico-sanitarias. Quien no las cumpla tendrá que desmontar el puesto”.

Control de precios y derechos del consumidor

Además de los controles sanitarios, el área de Consumo también verifica el cumplimiento de la normativa de protección al cliente. Entre las comprobaciones se incluye:

  • Lista de precios visible para el público

  • Disponibilidad de hojas de reclamaciones

  • Entrega de ticket cuando lo solicite el cliente

El objetivo es garantizar transparencia en los precios y seguridad para los consumidores durante las fiestas.

Supervisión de los mercados falleros

A estas inspecciones se suma la supervisión de los 79 mercados falleros instalados en la ciudad desde el 12 de marzo. Cada uno de estos espacios puede albergar hasta diez puestos de alimentación, de los cuales cinco pueden preparar comida en el momento y otros cinco vender alimentos ya elaborados.

Todas estas actuaciones se desarrollan conforme al Bando Fallero, que establece las normas que deben cumplir los puestos de venta durante las fiestas.

“Las Fallas son una celebración abierta al mundo y queremos que también sean un ejemplo de seguridad alimentaria y respeto al consumidor”, concluyó Gosálbez.

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