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Luis Planas, un ministro valenciano para un sector agrario que resiste

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Luis Planas
El valenciano Luis Planas, en la imagen, continuará al frente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. EFE/J. Warnand

Madrid/València, 20 nov (OFFICIAL PRESS-EFE)-. El valenciano Luis Planas continuará al frente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cinco años después de una primera toma de posesión en la que nadie podía ni imaginar que la realidad le pusiera sobre la mesa una pandemia, un volcán, Filomena o una guerra que desafiaran la seguridad alimentaria mundial.

Por no hablar de los efectos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), el aumento de los costes de producción, la guerra arancelaria internacional, el encarecimiento de los insumos, el paso de los cereales por el Mar Negro o los vuelcos de camiones españoles en la frontera con Francia.

Una prueba tras otra para el músculo agroalimentario español que ha conseguido seguir funcionando y garantizar el suministro de alimentos, y al que Luis Planas le ha pedido cintura para gestionar las tormentas perfectas y afrontar que «el mundo gira y cambia» y hay que adaptarse a él.

Luis Planas

Luis Planas tomó posesión por primera vez de la cartera de Agricultura, Pesca y Alimentación el 7 de junio de 2018; fue ratificado el 13 de enero de 2020, y ahora el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le mantiene al frente del Departamento.

Ha sido senador, diputado nacional y del Parlamento Europeo, embajador en Marruecos y en la Unión Europea, y consejero de Agricultura de la Junta de Andalucía, reconocido por todos por su perfil europeísta, su talante negociador y su capacidad incansable de trabajo, de la que ha dado buena cuenta su agenda pública diaria.

Licenciado en Derecho e inspector de Trabajo, insistía en una entrevista con EFE en enero de 2021 en que le gustaba mucho la política pero también la gestión pública, «el buen uso de los fondos públicos».

La reforma de la PAC, la pandemia, Filomena…

Y en esos términos fajó la posición española en la reforma de la Política Agraria Común (PAC), con el calendario final de 2023 a 2027, por la pandemia de la covid que, junto con los fondos de recuperación que gestiona Agricultura, supone 47.724 millones.

Se ha mostrado defensor constante del «triángulo» jóvenes y mujeres, agua y digitalización para revitalizar el territorio rural, en el que la subida de precios, la falta de rentabilidad y la desafección del agro están dificultando el relevo generacional.

También requirió un esfuerzo titánico, desde el Ministerio al último productor, la reacción de la cadena alimentaria a la crisis de la covid, que fue un auténtico test de estrés para la producción y la distribución de alimentos, y para la gestión de las explotaciones y la mano de obra.

Años en los que los tractores salieron a las calles tanto a defender sus derechos como a desinfectar las calles; y en el que la erupción en La Palma o Filomena no dieron un respiro… pero no lograron dejar sin alimentos los lineales de los supermercados.

La Presidencia Española y la Guerra de Ucrania

La presidencia española de la Unión Europea en el segundo semestre de 2023 permitió a Planas mostrar a sus homólogos el sector pesquero en julio (en Vigo) y el agrario y tecnológico en septiembre (Córdoba), en lo que suponen además de reflejo del sistema agroalimentario de los países del sur comunitario.

La guerra de Ucrania y la sequía, y la consecuente subida de los precios, se han confrontado con medidas como la rebaja del IVA de alimentos básicos, los cheques comida y las ayudas directas a los agricultores y ganaderos, que han superado los 1.300 millones.

Reformador de la ley de la cadena, ha peleado por lograr precios justos y evitar las prácticas desleales en una cadena tensionada; ha lidiado con los problemas de sanidad animal y vegetal, y con las reclamaciones de las comunidades autónomas, algunas sufriendo además las consecuencias de los aranceles norteamericanos (por el conflicto Boeing-Airbus), como en el caso de la aceituna negra de mesa.

Por su parte, el sector pesquero continúa pendiente de desafíos como el relevo generacional, la rentabilidad o las consecuencias de las estrategias ambientales comunitarias en su día a día, como en el caso del arrastre o de los tacs y cuotas anuales.

Decía Planas en otra entrevista con EFE que «la gran pregunta es cómo arreglamos esto juntos, con espíritu de arrimar el hombro». El ministro incansable para un sector que resiste los tsunamis ambientales, legales y económicos uno detrás de otro.

Laura Cristóbal

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VÍDEO| La afición del Valencia estalla tras el empate ante el Elche: gritos contra Lim, Corberán y los jugadores

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protesta Mestalla
CAPTURA DE PANTALLA

Mestalla volvió a ser el fiel reflejo del estado de angustia permanente en el que vive el Valencia CF esta temporada. Una noche más, el equipo blanquinegro fue incapaz de transformar la urgencia en una reacción convincente y terminó firmando otro empate que no soluciona nada, esta vez ante el Elche CF, en un derbi autonómico cargado de tensión y de sensación de oportunidad desperdiciada.

El gol de Pepelu, desde el punto de penalti en los minutos finales, evitó una derrota que habría supuesto un golpe todavía más duro, pero no disipó la frustración de una afición que ve cómo el equipo sigue sin dar un paso adelante. El punto rescatado sabe a muy poco, casi a nada, para un valencianismo agotado de promesas incumplidas, de errores repetidos y de un equipo que no encuentra respuestas ni dentro ni fuera del campo.

Lejos de servir como punto de inflexión, el empate volvió a dejar al descubierto las mismas carencias estructurales: falta de colmillo en ataque, fragilidad mental en los momentos clave y una presión ambiental que pesa como una losa sobre los futbolistas. Con el equipo anclado en la zona baja de la clasificación, cada jornada que pasa sin victoria agranda la herida y aumenta la sensación de que el Valencia está atrapado en un bucle peligroso del que no consigue salir.

Mestalla, que durante décadas fue sinónimo de fortaleza, se ha convertido ahora en un escenario de impaciencia, nervios y desconfianza, donde cada balón fallado y cada ocasión desperdiciada se vive como un recordatorio de una realidad que duele. Y mientras el calendario avanza sin tregua, la pregunta empieza a repetirse con más fuerza que nunca entre la afición: ¿cuánto más puede aguantar el Valencia CF así?

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