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Mi patinete eléctrico no funciona, ¿qué debo hacer?
Publicado
hace 3 añosen
Tener un patinete eléctrico es una decisión divertida y, sobre todo, práctica; a fin de cuenta, es portátil, te lleva a todos lados y lo puedes recargar con facilidad. Sin embargo, a pesar de estas increíbles características, es posible que pueda presentar fallos si lo utilizas con mucha frecuencia.
Si esto ocurre, generalmente pueda que se trate de un problema menor que, en la mayoría de los casos, puedes reparar por tu propia cuenta. Por ejemplo, lo más común es que se trate de una carga deficiente de la batería, que muchas veces resulta ser una avería fácil de solucionar.
Pero si el inconveniente continúa, lo mejor que puedes hacer es explorar otras posibles causas de por qué no enciende, o buscar ayuda con un servicio técnico en un taller de patinete eléctrico profesional.
¿Por qué no enciende mi patinete eléctrico?
Si estabas listo para usar tu patinete eléctrico, pero te diste cuenta de que no funciona, entonces, debes considerar algunas posibles causas, por ejemplo, la batería, el motor, etc. Aquí te ayudaremos a descifrar qué le sucede a tu patinete y que puedes hacer para repararlo.
Problemas con la batería
Lo primero que debes hacer es comprobar el puerto de carga. Asegúrate de que esté enchufado y de que la luz se ilumine en rojo cuando lo conectes. Pero si la luz no se enciende, entonces verifica tu cargador para ver si tiene un cortocircuito o cualquier otro daño.
Si la batería está cargada y sigue sin encenderse, hay algunas cosas que puedes hacer:
- Intenta cargarla de nuevo durante la noche (al menos durante unas 12 horas).
- Si eso no funciona, asegúrate de que ninguno de los cables estén desconectados o rotos, ya que estos pueden ocasionar que no se distribuya correctamente la carga de la batería.
- Si todo parece estar bien, y tu scooter eléctrico sigue sin funcionar, entonces te recomendamos que explores otras posibles causas que pueden estar provocando que tu patín eléctrico no funcione.
Interruptor de emergencia activado
Algunos patinetes eléctricos tienen un interruptor de corte para ayudar a ahorrar energía. Precisamente, aunque parezca tonto, esta puede ser una de las causas de por qué tu scooter no encienda. Lo que significa que si intentas usar el patinete eléctrico cuando el botón de emergencia esté activado, el resultado es que no encenderá.
Por lo tanto, te recomendamos que si tienes problemas para encender tu patinete eléctrico, revises primero si el botón está modo on, y así no tendrás problemas a la hora de encenderlo.
En general, lo más recomendable es que enciendas el interruptor de emergencia solo cuando no lo estés utilizando o cuando lo estés cargando, de esta manera podrás alargar la vida útil de la batería.
Inconveniente con el motor
Si tu patinete eléctrico no enciende, una de las posibles causas es que tenga algún problema con el motor, como por ejemplo:
- Fusible fundido: si esto ocurre, el patinete eléctrico, simplemente no encenderá. Lo que sucede es que si el fusible se daña, el sistema de gestión de la batería se apaga y, como consecuencia, ya no podrá distribuir la carga al resto de los componentes. Para solucionarlo, solo debes identificar el fusible que se dañó y hacer un cambio por uno nuevo.
- Cableado dañado: si el aislamiento o el conector del cable que va hacia el motor se derrite, posiblemente el controlador de potencia o el motor están sobrecargados más allá de su capacidad nominal. Subir colinas empinadas, conducir en tierra o arena puede causar esta sobrecarga. En este caso, debes identificar los cables deteriorados para que se puedan sustituir por unos nuevos.
- Daño de la bobina: para este tipo de daño en particular, lo más recomendable es que busques la ayuda de un servicio profesional.
Deterioro de la tarjeta electrónica
Desafortunadamente, cuando tu e-scooter no enciende y simplemente un día deja de funcionar, el problema casi siempre se debe a una falla de hardware.
Por ejemplo, si la tarjeta electrónica falla, el patinete no se puede poner en marcha. Puesto que es la encargada de controlar la potencia y todas las funciones del scooter.
Básicamente, un scooter se compone de varios componentes eléctricos más o menos frágiles, tales como: tableros electrónicos e interruptores. De hecho, estos elementos pueden dañarse por el desgaste natural, así como por impactos y cuando lo usas durante el mal tiempo.
Por lo general, se pueden encontrar en varios lugares del scooter (al lado de la batería o debajo de la pantalla de control). Sin embargo, lo más recomendable ante este tipo de deterioro es considerar la posibilidad de acudir a un servicio profesional de reparación patinete eléctrico.
A dónde debo ir a reparar mi patinete
Si no sabes cómo reparar tu patinete o no puedes determinar por qué el e-scooter no arranca, te recomendamos que contactes a un técnico profesional o, en caso de que tenga garantía, con la tienda donde lo compraste.
En primer lugar, si tu scooter eléctrico ya no enciende y, aún se encuentra dentro del tiempo de la garantía, lo ideal es que te pongas en contacto con el vendedor de la marca para una reparación o sustitución gratuita del equipo.
De hecho, la mayoría de los fabricantes ofrecen servicio de garantía o piezas de repuesto para sus scooters, por lo que te recomendamos que te pongas en contacto con ellos directamente en este punto.
Ahora, ten en cuenta que para que la garantía sea válida deberás cumplir con ciertos requisitos del fabricante, o perderás todos los derechos de devolución.
Si, por el contrario, ya ha transcurrido el tiempo de la garantía, entonces puedes acudir a los servicios de un equipo técnico profesional y solicitar un presupuesto para la reparación.
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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»
Publicado
hace 2 díasen
24 febrero, 2026
De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.
El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.
Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.
¿Qué es el lookmaxxing?
En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.
Entre los contenidos más habituales destacan:
-
Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.
-
Corrección de postura para parecer más alto y seguro.
-
Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.
-
Uso de barba para acentuar rasgos.
-
Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).
-
Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.
En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.
Softmaxxing vs. Hardmaxxing
Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:
-
Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.
-
Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.
Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.
El debate sobre masculinidad e imagen
El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.
Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:
-
Ansiedad social.
-
Distorsión de la autoimagen.
-
Dependencia de validación externa.
-
Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.
El caso viral de “Androgenic”
El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.
Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.
¿Está llegando el lookmaxxing a España?
En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.
Muchos jóvenes adoptan hábitos como:
-
Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.
-
Rutinas avanzadas de cuidado facial.
-
Interés por tratamientos de masculinización facial.
-
Optimización de estilo y lenguaje corporal.
No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.
Más allá de la estética: una cuestión cultural
El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.
La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.
En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.
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