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Puig: Quitar la obligatoriedad de la mascarilla no implica dejar de llevarla

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Puig: Quitar la obligatoriedad de la mascarilla no implica dejar de llevarla

La Vila Joiosa (Alicante), 9 feb (EFE).- El president de la Generalitat, Ximo Puig, ha asegurado este miércoles que eliminar la obligatoriedad de la mascarilla «no implica tener que dejar de llevarla», al ser preguntado por las críticas a la eliminación de las mascarillas en los patios de los centros escolares, donde el porcentaje de vacunados es menor que en el resto de rangos de edad.

Puig, que ha participado en una visita al municipio alicantino de La Vila Joiosa para visitar el nuevo Palacio de Justicia, ha sostenido que pese a que «defendemos» esta nueva norma, «no es una obligación quitársela», por lo que ha asegurado que quien considere oportuno seguir con ella en exteriores, puede seguir haciéndolo.

«Seguimos en pandemia y la bajada de contagios no significa que no haya gente entrando en hospitales y que fallecen», ha asegurado el president de la Generalitat, quien ha recordado que si bien la mascarilla deja de ser obligatoria en espacios al aire de libre, sigue siendo obligatoria en aglomeraciones.

Con esta nueva norma, que entrará en vigor este jueves tras su publicación este miércoles en el Boletín Oficial del Estado (BOE) a través de un real decreto del Ministerio de Sanidad, las mascarillas dejarán de ser obligatorias en exteriores debido a la mejora de la situación epidemiológica.

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Las Fallas, el corazón social que proyecta València al mundo

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Fallas marca Valencia
Foto: TONI CORTÉS

Las Fallas no solo son una fiesta declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, sino también un potente motor de identidad, cohesión social y dinamismo económico. Así lo sostienen dos expertos de la Universidad Europea de Valencia, que destacan el papel de la celebración en la consolidación de la marca València y en la activación de comportamientos cooperativos dentro de la comunidad.

La fiesta fallera, subrayan, representa uno de los fenómenos culturales y sociales más relevantes del territorio valenciano, tanto por su impacto identitario como por su influencia en las decisiones económicas colectivas.

Las Fallas como símbolo diferencial de la marca València

Daniel Delmás, docente del Grado en Turismo, analiza cómo ha evolucionado la proyección exterior de València en las últimas décadas. Recuerda la polémica escena de la película Misión Imposible 2 (2000), donde se mezclaban Fallas y Semana Santa en Sevilla, como ejemplo de la confusión cultural que existía entonces.

“Si aquella escena se rodara hoy, el resultado sería muy distinto”, apunta. Según el experto, el cambio responde a un trabajo sostenido en la construcción de la marca ciudad, en el que entidades como Visit València han situado la cultura propia como eje central de identidad.

En este contexto, elementos como las Fallas o la paella funcionan como “símbolos intangibles” que permiten que València deje de percibirse como una ciudad mediterránea más y se consolide como un destino reconocible y diferenciado.

El peso social también es clave: más de 200.000 personas integradas en cerca de 800 comisiones falleras en toda la Comunitat Valenciana convierten a la fiesta en el principal tejido asociativo del territorio.

Identidad fallera y cooperación social

Desde la óptica de la economía del comportamiento, Enrique Fatás, catedrático y director del Economic Behavioural Institute, explica que las Fallas activan mecanismos de identidad social y normas compartidas que favorecen la cooperación.

“La identidad fallera y valenciana no se traduce en exclusión, sino que convive con identidades más amplias, como la mediterránea o la europea”, señala.

A diferencia de otros contextos donde la diversidad puede dificultar la colaboración entre grupos, en València ocurre lo contrario. Según Fatás, la diversidad genera expectativas más optimistas y comportamientos más generosos, reforzando la cohesión social.

Impacto económico: consumo como inversión comunitaria

Los expertos destacan que durante las Fallas las decisiones económicas no se perciben únicamente como gasto, sino como inversión en la comunidad. La presión de las normas sociales y la gratificación inmediata asociada a la fiesta impulsan el consumo como forma de reforzar la pertenencia al grupo.

En este sentido, participar en actos como la mascletà, colaborar con la comisión o asistir a eventos falleros deja de ser una decisión estrictamente individual para convertirse en una norma social compartida.

Las conclusiones apuntan a que las Fallas sostienen una parte esencial de la marca València y funcionan como un sistema donde identidad, normas sociales y decisiones económicas se alinean para fortalecer la convivencia y el dinamismo económico.

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