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Cultura

Ribó anuncia un preacuerdo con la fundación Blasco Ibáñez para que el legado del escritor se quede en València

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VALÈNCIA, 31 Ene- El legado del escritor y político valenciano, Vicente Blasco Ibáñez, permanecerá en la ciudad de València, como ha anunciado este jueves su alcalde, Joan Ribó, tras el «preacuerdo» alcanzado entre el Ayuntamiento y la Fundación Centro de Estudios Blasco Ibáñez en una reunión celebrada este miércoles «para firmar un nuevo convenio» entre amabas partes «en las próximas semanas». Tras la reunión con la fundación ayer puedo afirmar que el legado permanecerá en València», ha dicho el primer edil.

Ribó, que se ha pronunciado de este modo antes de comenzar en el consistorio el pleno ordinario de enero, ha considerado que esta es «una buena noticia que todos debemos saludar» porque afecta a «una figura que debemos impulsar». «Estamos muy contentos por llegar a un acuerdo con la fundación para divulgar la obra de Blasco Ibáñez, el pensador más universal que ha tenido València y la Comunitat Valenciana en los siglos XIX y XX», ha agregado.

El responsable municipal ha avanzado que este principio de acuerdo contempla tanto mantener la subvención nominativa que recibía la entidad dedicada al autor valenciano como introducir «una partida de gasto corriente anual para hacer actividades alrededor de Blasco Ibáñez» y otra «partida plurianual de inversiones para, gradualmente, mejorar la estructura y el contenido de la Casa-Museo» del escritor ubicada en la playa de la Malvarrosa.

Asimismo, Joan Ribó ha expuesto que se prevé «restaurar y mejorar el edificio, los documentos y los fondos bibliográficos», así como «dar un impulso para digitalizar todo el legado» y materializar la «apuesta clara por la página web, para mejorar porque en estos momentos es mejorable». Por otro lado, el alcalde ha subrayado que se ha decidido «adecuar una sala del cementerio municipal para trasladar el sarcófago» del escritor realizado por Mariano Benlliure y la senyera de València de Blasco Ibáñez».

Información: EuropaPress

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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