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Valencianos en Marrakech: «Fue una sensación de que se va a abrir la tierra y te va a tragar»

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Valencianos en el terremoto de Marrakech
Destrozos en la aldea de Tafagajt, en Marruecos, cerca del epicentro del devastador terremoto que ha dejado, hasta el momento, 1.037 muertos y 1.204 heridos en una decena de provincias del país norteafricano. EFE/ María Traspaderne

València, 9 sep (OFFICIAL PRESS- EFE).- Los valencianos que han vivido en primera persona el terremoto desde Marrakech lo resumen en «miedo» y «angustia». Estas son las palabras que más repiten los turistas valencianos llegados este sábado a Valencia desde la ciudad marroquí de Marrakech, donde la pasada noche se produjo un terremoto que ha dejado, hasta el momento, más de 2.000 personas muertas y más de 1.200 heridos.

«Fue una sensación de que se va a abrir la tierra y te va a tragar. Fue muy angustioso», asegura María Ramón, de Faura (Valencia), recién aterrizada esta tarde en el aeropuerto de Valencia a bordo de un vuelo procedente de Marrakech, y quien todavía no encuentra las palabras exactas para describir lo que ha vivido.

Afirma que ella y su grupo tuvieron suerte porque cuando se produjo el terremoto estaban en una cena espectáculo a la afueras de la ciudad, y no fueron conscientes de la magnitud de lo sucedido hasta regresar a su riad, situado en una zona que, según dice, ha quedado bastante afectada.

El terremoto, de magnitud siete en la escala abierta de Richter, ha tenido su epicentro en la localidad de Ighil, situada unos 80 kilómetros al suroeste de la ciudad de Marrakech.

Valencianos en el terremoto de Marrakech

«Fue horroroso», asegura, y recuerda que entraron corriendo al hotel a por los pasaportes, y tras pasar casi la noche en la calle, decidieron coger un taxi para ir al aeropuerto y esperar la salida de su vuelo, previsto para las 15 horas de este sábado y que ha salido sin contratiempos.

A Alba Valenciano, de Burjassot (Valencia), el terremoto le pilló en la habitación del hotel y en un primer momento no entendía lo que estaba pasando, hasta que un trabajador del hotel le dijo que era un terremoto.

Recuerda que sintió «pánico total» y dice haber pasado «la peor noche» de su vida y que estaba «deseando volver». «Sentir que hay una posibilidad muy clara de que me vaya a morir ahora mismo en este momento: nunca había sentido eso», relata.

Pasó la noche en la calle hasta que sobre las cinco de la madrugada decidió coger un taxi al aeropuerto, y ahora siente alivio pero también mucha pena por las familias marroquíes que se han quedado allí y que durante la noche les han estado arropando con mantas y han sido «superamables» con ellos.

La estampida tras el terremoto

Iago Rodríguez es de El Puig de Santa María (Valencia) y el temblor de tierra le pilló en una tienda, de la que salió corriendo hasta llegar a una zona abierta, en la que permaneció hasta que pudo acercarse a su riad, en el centro de la Medina, a coger la maleta y todas sus cosas para irse al aeropuerto.

Explica que más que el temblor, lo que le asustó fue ver a la gente correr, «la estampida, no saber qué está pasando», y asegura que pasaron «miedo».

Una experiencia similar ha vivido Mike, un británico residente en España, quien en un primer momento pensó que había explotado una botella de butano de una casa de al lado, pero enseguida se dio cuenta de lo que pasaba y salió corriendo a la calle «sin maletas ni pasaporte ni móviles».

Isabel Herrero estaba pasando unos días de ocio en Marrakech con dos amigas y explica que cuando empezó a moverse todo, no sabía si era «un tren, un avión o un ataque terrorista».

Afirma que sintió «mucho miedo» pues no sabía si podrían salir de allí ni cómo lo iban a hacer.

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Andrea Ortuño anuncia que dedicará su vida a ayudar a los demás tras la pérdida de su marido e hijos en el naufragio de Indonesia

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naufragio Indonesia
Imagen de la búsqueda de los desaparecidos en Indonesia - IMAGEN FACILITADA POR FAMILIARES DE DESAPARECIDOS

“Devastada”, pero al mismo tiempo “bastante entera”. Así se encuentra Andrea Ortuño, la valenciana que sobrevivió junto a su hija de siete años al naufragio ocurrido en Indonesia durante un viaje familiar de Navidad. En ese trágico accidente perdió a su marido y a tres de sus hijos, una tragedia que ha conmocionado a la Comunitat Valenciana y a la opinión pública nacional.

Pese al dolor, Andrea ha trasladado un mensaje cargado de humanidad y esperanza: quiere dedicar el resto de su vida a ayudar y proteger a los demás. Su intención es poner en marcha un proyecto solidario en España, aún por definir, que desarrollará en las próximas semanas cuando su situación personal se lo permita.

Un mensaje público en medio del duelo

Andrea Ortuño no está concediendo entrevistas ni realizando declaraciones públicas debido al durísimo proceso emocional que atraviesa. Sin embargo, ha querido hacer llegar un mensaje a través del periodista y escritor Joaquín Campos, que se encuentra en Indonesia como corresponsal para RTVE cubriendo la tragedia.

Campos explicó en el programa Directo al grano de La 1 que Andrea solo quiso transmitir “cuatro frases”, centradas principalmente en agradecer el apoyo recibido y explicar brevemente su estado emocional. “No está preparada para ponerse delante de una cámara. Es demasiado pronto”, señaló el periodista.

Regreso a España tras 15 días de búsqueda

Andrea Ortuño ha regresado este viernes a España después de permanecer día y noche en Indonesia durante los trabajos de localización de los cuerpos de su marido y de sus hijos. La búsqueda fue finalmente dada por finalizada, aunque uno de los menores, Quique, de 10 años, hijo de Andrea y de su primer matrimonio, continúa desaparecido.

En los últimos días fueron recuperados los cuerpos de Fernando Martín Carreras, de 44 años, entrenador del Valencia CF Femenino B, y de los menores Lía, de 12 años, y Mateo, de 9. La familia viajaba junta cuando el barco turístico en el que se desplazaban naufragó durante una excursión por el Parque Nacional de Komodo.

Fe, justicia divina y ausencia de deseo de venganza

Uno de los aspectos más personales que Andrea quiso compartir es que, en medio de la tragedia, se ha refugiado más que nunca en su fe católica. Según explicó Joaquín Campos, ella cree firmemente en la justicia divina y no desea venganza, ni siquiera ante las posibles negligencias que pudieron producirse.

Este mensaje llega en paralelo a la investigación abierta en Indonesia. La Policía Regional de Nusa Tenggara Oriental ha imputado formalmente por negligencia con resultado de muerte al capitán del barco y al jefe de máquinas del KM Putri Sakinah, la embarcación que se hundió tras el impacto de varias olas de gran tamaño durante una travesía nocturna cerca de la isla de Padar.

El apoyo de la población local, clave en su fortaleza

Andrea ha querido destacar especialmente el cariño y la solidaridad del pueblo indonesio, en particular de los habitantes de la isla de Flores y de Labuan Bajo. Durante los días de búsqueda, cada despedida a los buzos estuvo marcada por abrazos, lágrimas y gestos de apoyo constantes.

“La energía positiva que ha dado toda esta zona es enorme”, trasladó Campos, quien explicó que Andrea desea devolver toda esa ayuda recibida transformándola en un proyecto solidario cuando se recupere mínimamente del golpe emocional.

El padre de Quique mantiene la esperanza

Mientras Andrea ha regresado a España, el padre de Quique permanece en Labuan Bajo, aferrado a la esperanza de poder encontrar a su hijo. Él ha sido el protagonista de un emotivo homenaje rendido por los equipos de rescate en los muelles desde los que partieron la mayoría de las operaciones.

Los expertos han destacado la complejidad extrema de las aguas, con fuertes corrientes y condiciones cambiantes, lo que hace especialmente difícil las labores de búsqueda. Aun así, los equipos lograron localizar a tres de las cuatro víctimas, un esfuerzo que la familia ha querido reconocer públicamente.

Qué ocurrió durante el naufragio

El barco, de dos plantas y cuatro camarotes, había sido alquilado para una excursión de dos días desde Labuan Bajo hasta Komodo. A bordo viajaban seis miembros de la familia valenciana y cinco indonesios, entre tripulación y guía local. Todos los tripulantes lograron salvarse, mientras que las víctimas mortales fueron exclusivamente los turistas.

En el momento del accidente, Andrea y su hija de siete años se encontraban en la cubierta, mientras que Fernando y los otros tres niños estaban en los camarotes, lo que explica el trágico desenlace. Madre e hija fueron literalmente despedidas por el oleaje, y Andrea consiguió salvar a la menor en condiciones extremas de oscuridad y mar agitado.

Una tragedia que se transforma en propósito

A pesar del dolor irreparable, Andrea Ortuño ha lanzado un mensaje que trasciende la tragedia: convertir el sufrimiento en ayuda a los demás. Su futura iniciativa solidaria, aún en fase embrionaria, se perfila como la manera de honrar la memoria de su marido y de sus hijos, y de devolver al mundo la solidaridad que ella misma ha recibido en los momentos más oscuros de su vida.

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