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Piden a Netflix que corrija un error en la serie sobre el Caso Alcàsser que salpica a una eurodiputada

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VALÈNCIA, 18 Jul. – La eurodiputada de Renovar Europa y miembro de la delegación de Cs en Bruselas, Maite Pagazaurtundúa, se ha dirigido por carta tanto a Netflix España como a la productora del documental sobre el caso Alcàsser que emite la plataforma, para pedirles «corregir» un «error» al considerar que implica al Parlamento Europeo en la derogación de la llamada doctrina Parot.

«La doctrina Parot no se volvió a aplicar tras una sentencia de 2012 del Tribunal de Estrasburgo», órgano que no pertenece a las instituciones de la Unión Europea y «nada tiene que ver con el Parlamento Europeo», ha explicado Pagazaurtundúa en un comunicado.

El documental de la plataforma repasa la historia y el tratamiento en los medios de comunicación del caso Alcàsser, que se remonta a noviembre de 1992 cuando tres adolescentes de entre 14 y 15 años de esta localidad valenciana, Míriam, Toñi y Desirée, fueron secuestradas, violadas y asesinadas. Sus cuerpos fueron hallados en enero de 1993 en un paraje conocido como La Romana, en Tous.

Por estos hechos fue condenado a 170 años de cárcel Miguel Ricart, que salió de prisión en 2013 después de pasar 21 años en prisión, tras desactivarse la conocida como doctrina Parot. El otro considerado autor de este suceso, Antonio Anglés, huyó y figura en paradero desconocido desde entonces.

La vicepresidenta de la comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo ha pedido a la plataforma que corrija ese «error» que asegura que está en el último capítulo de la serie ‘El caso Alcàsser’, en el que aparecen una serie de conclusiones en rótulos en pantalla, entre ellas una frase que reza: «En 2013 se derogó la doctrina Parot en el Parlamento Europeo».

Según Pagaza, esta aseveración no se corresponde con la realidad «pues el fin de tal doctrina corresponde al Tribunal de Derechos Humanos en 2012». «Es evidente el gran trabajo de documentación de esta serie, que nos muestra la importancia del tratamiento informativo de los crímenes que se producen en nuestra sociedad, y sus implicaciones sobre las decisiones políticas. Sin embargo, es sorprendente leer este importante error al final del quinto capítulo, cuando el director llega a sus conclusiones sobre el caso», ha añadido.

Pagaza ha considerado que esta serie «acierta en hacernos reflexionar sobre los fake news, la manipulación, y el tratamiento de las víctimas, por lo que es aún más importante que sea realmente rigurosa en la expresión de los hechos».

DECISIÓN «PURAMENTE JUDICIAL»
«No debe hacerse creer al público que una institución como el Parlamento Europeo está implicada en una decisión puramente judicial», ha indicado. «De hecho, la gestión de la sentencia del TDH merece otro documental de Netflix. No era necesario actuar así», ha concluido Pagaza.

La doctrina Parot, que fue establecida por el Tribunal Supremo en 2006 y refrendada luego por el Constitucional, «consistía en la aplicación de los beneficios penitenciarios sobre cada una de las condenas impuestas, y no sobre una sola de 30 años, empezando por la más grave». La filosofía era que los culpables de múltiples delitos de carácter muy grave «pagaran hasta 30 años por cada uno de ellos, y no el límite de 30 años por el total en vigor en ese momento», indica la eurodiputada.

Pagaza añade en el comunicado que la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos «se refería únicamente a la liberación de la presa etarra Inés del Río Prada». Sin embargo, agrega que el fallo «se utilizó para liberar de forma inmediata e inusitada a otros asesinos múltiples (entre ellos 63 etarras), así como 15 presos comunes con delitos de especial gravedad, de los cuales varios volvieron a delinquir». «De hecho, la gestión de la sentencia merece otro documental de Netflix, cuya posibilidad le invito a explorar pues no era necesario actuar como se hizo», señala.

En la misiva, la eurodiputada pide a ambas partes que «por la calidad de la cinta y su trascendencia incluso internacional en una plataforma como Netflix, le ruego subsanen este error, que lleva a dañar el buen nombre del Parlamento Europeo y confundir al espectador sobre un caso especialmente execrable para las víctimas del terrorismo y otros delitos graves».

Fuente: (EUROPA PRESS)

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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