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Ángel Hernández, el hombre que ayudó a morir a su mujer, será juzgado por violencia de género

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La Fiscalía ha anunciado este jueves que recurrirá la decisión de la juez que ha derivado el caso del suicidio asistido de María José Carrasco a un Juzgado de Violencia de Género.

Ángel Hernández, el marido de María José Carrasco, ya reconoció ante la juez que la ayudó a morir, y fue puesto en libertad sin medidas cautelares investigado por un delito de auxilio o cooperación al suicidio. La juez que instruía el caso considera ahora que el caso debe ser tratado como «violencia de género» basándose en una sentencia previa del Tribunal Supremo. Por lo que Ángel Hernández podría enfrentarse a una acusación por homicidio.

La responsable de la Fiscalía de Violencia contra la Mujer, Pilar Martín-Nájera, ha asegura este jueves, en rueda de prensa, que se trata de «un caso bastante alejado de la violencia de género y no debería confundirse».

En este sentido, la Fiscalía ha remarcado que «no basta solo con que haya relación entre el hombre y la mujer: Hay un matiz, y es que tiene que haber humillación, dominación, discriminación».

Por su parte, la abogada de la defensa de Ángel Hernández cree que no se puede considerar «en ningún caso que lo que hizo fue un acto contra ella. Muy al contrario. Siguió los deseos de su esposa». Por eso, la abogada insiste en que el caso debe volver a ser competencia de un juzgado de instrucción ordinario.

Desde que se conoció el caso de María José Carrasco, muchos han sido los políticos que han aprovechado el momento para pronunciarse ante este tema tan delicado y que, a día de hoy, sigue siendo una tarea pendiente, sin resolución judicial ni consenso político. Y que ha reabierto el debate sobre la legalización de la eutanasia en España en un momento complicado por la carrera política hacia la Moncloa.

 

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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