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Del insulto a la gloria, la ‘Zorra’ de Nebulossa ya corre hacia Eurovisión 2024

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Zorra Nebulossa Eurovisión
Últimos preparativos en el escenario del Benidorm Fest, en una imagen compartida en redes por la organización.

Benidorm Fest 2024: Sigue las últimas noticias desde Official Press

Con la canción ‘Zorra’, Nebulossa se propuso reapropiarse de un insulto machista para darle una nueva lectura empoderadora y este sábado, tras haberlo convertido en un éxito viral con 2,2 millones de escuchas, ha tocado aún más gloria al alzarse con la victoria del tercer Benidorm Fest.

El dúo de Ondara (Alicante) formado por María Bas y Mark Dasousa representará así a España en Eurovisión 2024 en mayo en la ciudad de Malmö (Suecia) con este incipiente himno feminista que se ha abierto paso raudo y veloz en una final celebrada en el Palau d’Esports l’Illa de la ciudad que da nombre a esta preselección musical.

Presentadora del evento junto a Marc Calderó y Ana Prado, Ruth Lorenzo se ha encargado esta noche también de abrir la gala por todo lo alto vestida de novia con una versión del ‘Dancing In The Rain’ que hace una década la llevó al décimo puesto de Eurovisión.

A diferencia de las dos ediciones previas, la disputa por el triunfo no se presentaba polarizada entre los ganadores de las semifinales, sino como una noche con el artista que mejor puntuación general obtuvo en ellas como gran favorito, St. Pedro, y múltiples candidatos con similares opciones de asaltar ese trono, lo que ha deparado un final muy abierto.

Acusación de «boicot» en las actuaciones.

El azar quiso que el grueso de los que tenían mayores posibilidades se aglutinaran en la primera mitad de la competición, que ha arrancado con ‘Remitente’ de María Peláe, sentida reivindicación a favor de la libertad a partir del relato familiar de la artista y con alusiones a fosas comunes.

Inmediatamente después ha llegado el único candidato que la superó en la segunda semifinal con unas valoraciones que lo convirtieron de hecho en el gran favorito de la edición, St. Pedro. Su bolero ‘Dos extraños’ ha sido la única canción lenta de la final, la más orgánica y carente de adornos escenográficos, salvo por las siluetas espasmódicas de unas bailarinas que no convencieron a muchos.

Con ‘Sé quién soy’, Angy Fernández ha suscrito su retorno a la música con un diario personal que habla de salud mental, de quererse a uno mismo aunque se sea «un puto desastre» y de abrazar los miedos, algo que ha materializado en una de las imágenes más poderosas de su teatral puesta en escena.

Entonces ha llegado el ciclón Jorge González, el favorito del voto popular en la segunda semifinal, que ha soplado ‘Caliente’ con fuerzas redobladas para intentar convencer al jurado profesional sobre las bondades del «tour de force» que, con el torso desnudo, despliega sobre el escenario en un claro homenaje al ‘SloMo’ de Chanel.

En ese pelotón destacado solo faltaba Nebulossa, el dúo vencedor de la primera semifinal, con su feminista «‘Zorra’ de postal» ambientada en un salón de terciopelo rojo, entre corsés y látex, que el público del Palau d’Esports ha ocupado como un vigoroso coro celebrando este pop de sintetizadores y la conversión del insulto en un objeto de orgullo al grito de «¡Zorra, zorra, zorra!».

El sueño surrealista y complejo de descifrar de Sofía Coll para dar forma a su discotequera ‘Here To Stay’, la denuncia de Miss Caffeina con ‘Bla Bla Bla’ de los juicios gratuitos especialmente en estos tiempos de redes sociales y la contemporaneidad latina y urbana de Almácor con la contagiosa ‘Brillos platino’ han echado el cierre de las actuaciones a concurso.

Durante esta última se han producido deficiencias entre los efectos que debían alimentar su puesta en escena, lo que ha llevado a uno de los miembros del equipo del artista alicantino a denunciar un «boicot» y reclamar la repetición del pase. RTVE se ha hecho eco de esta circunstancia y ha pedido disculpas pero sin repetición, lo que ha generado protestas del público.

Una votación muy abierta.

Los últimos minutos han sido para la intervención musical de dos invitados de altura, Abraham Mateo y Camela, y también para las votaciones, que han deparado uno de los finales más apretados y emocionantes de la aún breve historia de Benidorm Fest.

El jurado profesional, del que depende el 50% del peso de las valoraciones, ha repartido así sus puntos: St. Pedro y Nebulossa (con un empate inédito a 86 puntos), Angy Fernández (63), Almácor (51), Jorge González (49), María Peláe (41), Sofía Coll (29) y Miss Caffeina (27).

El jurado demoscópico, integrado por 350 personas elegidas por cuestiones de edad, género y territorio, ha votado de la siguiente manera: Jorge González (40), Angy Fernández (35), Nebulossa (30), St. Pedro (28), María Peláe (25), Sofía Coll (22), Almácor (20) y Miss Caffeina (16).

Por último, el televoto de los espectadores ha concedido así sus puntos: Nebulossa (40), Jorge González (35), Angy Fernández (30), Almácor (28), St. Pedro (25), Sofía Coll (22), María Peláe (20) y Miss Caffeina (16).

A resultas de ello, la clasificación general ha quedado así:

1. Nebulossa, ‘Zorra’: 156 puntos.

2. St. Pedro, ‘Dos extraños’: 139 puntos.

3. Angy Fernández, ‘Sé quién soy’: 128 puntos

4. Jorge González, ‘Caliente’: 124 puntos.

5. Almácor, ‘Brillos platino’: 99 puntos.

6. María Peláe, ‘Remitente’: 86 puntos.

7. Sofía Coll, ‘Here to stay’: 73 puntos.

8. Miss Caffeina, ‘Bla Bla Bla’: 59 puntos. EFE

 

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PORTADA OFFICIAL PRESS

El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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