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El artista fallero Rafa Sánchez dedica las impresoras 3D de su taller a crear viseras protectoras

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VALÈNCIA, 27 Mar. (EUROPA PRESS) –

El artista fallero Rafa Sánchez, tercera generación de la empresa valenciana Carrozas Sánchez, ha aportado las impresoras 3D de su taller al movimiento ‘coronavirus makers’, la red colaborativa que une a miles de personas en toda España en la fabricación de equipos de protección para el personal sanitario que trabaja en primera línea para controlar la pandemia de Covid-19, informa el Centro Asociado de la UNED en Valencia, donde el joven estudia actualmente Historia del Arte.

Rafael Sánchez, junto a su hermana Iris, lleva una semana trabajando para contribuir a paliar la escasez de material, como mascarillas y otros elementos de protección para los empleados del sector sociosanitario. «Cuando vimos el llamamiento realizado a las personas con impresoras 3D, me di cuenta de que con mis 16 máquinas podía aportar mucho». El objetivo, afirma, «ayudar a proporcionar recursos a la gente que cada día se juega la vida por salvar las nuestras».

Con esta intención, durante los primeros días reconvirtió su taller fallero en una ‘fábrica’ de viseras que después se acoplan a una parte plástica para ser utilizadas como mascarillas.

En las últimas jornadas, y para evitar desplazamientos y cumplir estrictamente con la medida de confinamiento, Rafa Sánchez ha trasladado ocho de las impresoras a su casa con el fin de poder seguir trabajando desde allí, señala la universidad en un comunicado.

Estos ‘makers’ van mejorando la técnica. Así, si en un primer momento tardaban unas dos horas en elaborar el elemento, ahora han reducido el tiempo de producción a unos 50 minutos, lo que permite una mayor agilidad en el proceso. También están modificando el diseño según las sugerencias que reciben de los usuarios.

Además, los voluntarios se van organizando y repartiendo tareas y algunos de ellos se encargan de ponerse en contacto con las administraciones, autonómica y local, para poder canalizar los esfuerzos.

Como artista fallero, Rafa Sánchez debía haber estado este mes de marzo dedicado a las fiestas tradicionales, especialmente a la Magdalena de Castelló, donde la empresa familiar tenía previsto movilizar una treintena de carrozas.

La suspensión del festejo a causa de la crisis sanitaria, al igual que las Fallas de València, donde también colabora, ha supuesto un perjuicio económico, pero ahora lo primero es arrimar el hombro para superar la emergencia, destaca.

Desde que se han puesto manos a la obra, los hermanos Sánchez han recibido una gran cantidad de llamadas para pedirles material y también una abundante colaboración de empresas que, como ellos, han optado por el altruismo para combatir el coronavirus.

CADENA DE SOLIDARIDAD
Rafa Sánchez se consideraba, antes de la pandemia, un ‘maker’. Diplomado y máster en Tecnologías interactivas y fabricación digital, ya disfrutaba construyendo sus propias máquinas y estaba en contacto con esta comunidad. «Pero nunca había visto antes nada parecido. Es una cadena de solidaridad y colaboración tremenda. Creo que, cuando pase todo esto, quedará un rastro entre los ‘makers'», augura.

Finalmente, sobre cómo se las arregla para compatibilizar esta labor y los estudios que cursa actualmente, sonríe y apunta: «Lo intento. Se hará lo que se pueda».

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Fallas

Fallas desbordadas: por qué València necesita una tercera jornada de Ofrenda

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tercera jornada Ofrenda Fallas
Ofrenda de las Fallas 2026- OFFICIAL PRESS

Las Fallas de València viven uno de sus momentos más dulces. La fiesta crece, atrae cada vez a más gente y se consolida como un fenómeno cultural, turístico y social de primer nivel. Pero ese éxito, que es motivo de orgullo, empieza también a evidenciar una realidad incómoda: el modelo actual se queda pequeño.

La Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, uno de los actos más emblemáticos, es el mejor ejemplo. Más de 123.000 personas han desfilado este 2026. Un récord. Y probablemente no será el último.

Un éxito que obliga a replantear el modelo

El censo fallero no deja de crecer. Cada año se suman nuevas comisiones, más integrantes y más participación. A eso hay que añadir el interés turístico y mediático que ha disparado la proyección de la fiesta.

El resultado es evidente:

  • Desfiles que se alargan hasta altas horas de la madrugada

  • Comisiones que esperan horas para desfilar

  • Falleras infantiles entrando pasada la medianoche

  • Un desgaste físico evidente para participantes y organización

La Ofrenda, tal y como está planteada, está tensionada al límite.

Dos días ya no son suficientes

Mantener la Ofrenda en dos jornadas fue durante años una solución eficaz. Hoy, con las cifras actuales, empieza a ser un problema.

No se trata solo de comodidad. Se trata de dignidad del acto.

La Ofrenda es emoción, tradición y simbolismo. No puede convertirse en una carrera contra el reloj ni en una procesión interminable que pierde intensidad conforme avanzan las horas.

Cuando un acto termina a las dos de la madrugada, algo falla.

La tercera jornada: una solución lógica

La propuesta de ampliar la Ofrenda a tres días no es nueva, pero cada vez resulta más difícil ignorarla.

Una tercera jornada permitiría:

  • Repartir mejor a las comisiones

  • Reducir tiempos de espera

  • Evitar horarios extremos

  • Mejorar la experiencia de falleros y público

  • Recuperar la esencia del acto

No se trata de cambiar la tradición, sino de adaptarla a la realidad actual.

Las Fallas han cambiado (y deben seguir haciéndolo)

Las Fallas de hoy no son las de hace 20 años. Han crecido en dimensión, en impacto y en exigencia organizativa.

València ha sabido evolucionar en muchos aspectos: seguridad, movilidad, gestión de grandes eventos… Pero la Ofrenda sigue anclada en un formato que ya no responde al volumen actual.

Negarse a actualizarla es, en el fondo, ignorar el éxito de la propia fiesta.

Tradición no es inmovilismo

Uno de los argumentos más repetidos contra una tercera jornada es la defensa de la tradición. Pero conviene recordar que las Fallas siempre han evolucionado.

La propia Ofrenda, tal y como la conocemos hoy, no es inmutable. Ha cambiado recorridos, horarios, organización… y seguirá haciéndolo.

Porque la tradición no consiste en repetir, sino en mantener el sentido adaptándose al tiempo.

Una decisión que ya no puede esperar

Con cifras récord y una tendencia claramente al alza, la pregunta ya no es si habrá que ampliar la Ofrenda, sino cuándo.

Y todo apunta a que ese momento ha llegado.

Si las Fallas están de moda, si el censo crece y si la participación se dispara, la respuesta no puede ser seguir haciendo lo mismo.

Porque cuando una fiesta crece, la organización también debe crecer con ella.

Récord en la Ofrenda de las Fallas 2026: más de 123.000 personas desfilan ante la Virgen

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