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El festival Marenostrum, sin ubicación a dos días de su celebración

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La Generalitat Valenciana, a través del departamento de Medio Ambiente, ha emitido un informe negativo a la celebración del festival de música electrónica Marenostrum en el entorno de la Sala Canal, en Pinedo (Valencia), previsto para el próximo fin de semana.

Fuentes de la Conselleria han confirmado a Europa Press que se ha dictaminado un informe negativo al desarrollo del evento, al que se prevé una asistencia de 6.000 personas. A partir de ahí, se elaborará una resolución vinculante, por la que se rechaza dar la autorización pertinente.

La Subdelegación de Gobierno ya se había mostrado contraria a la celebración del festival basándose en las objeciones apuntadas por la Guardia Civil, según ha adelantado este miércoles ‘Valencia Plaza’ y han confirmado a Europa Press fuentes conocedoras de la documentación.

De acuerdo a los datos recabados por la Benemérita, no se recomendaba la celebración del festival en ese emplazamiento porque la infraestructura no se considera adecuada para la cantidad de público. Además, el acceso se haría desde una única vía, de manera que, en el caso de desalojo, podría suponer algún tipo de problema.

A esto se suma el peligro que entraña que el estacionamiento esté previsto en el parking de la antigua discoteca Spook, lo que obliga a los asistentes a cruzar la carretera, y que el enclave se sitúa dentro del parque natural de La Albufera y en verano, con el riesgo habitual de incendio.

Asimismo, hacen notar que el posible dispositivo de seguridad tendría que prepararse con más tiempo y no 48 horas antes del evento.

No obstante, desde la Delegación de Gobierno se muestra «plena disposición» a llevar adelante el operativo con el personal necesario si finalmente la Generalitat decidiera dar luz verde al certamen. Por su parte, la administración autonómica también ha rechazado el planteamiento de la organización.

La edición de 2019 del Marenostrum se anuncia para los próximos días 12 y 13 de julio con más de una decena de artistas. No es la primera vez que el festival tiene dificultades con su ubicación. Por ejemplo, en 2016 se canceló su celebración en la Playa dels Peixets de Alboraya y, posteriormente, La Marina de València también rechazó acogerlo.

 

Fuente: Europa Press

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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