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Salud y Bienestar

Estreptococo A: Qué es, cómo se transmite y enfermedades que puede provocar

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Estreptococo A: Qué es, cómo se transmite y enfermedades que puede provocar
Un investigador trabaja en un laboratorio en una foto de archivo. / EFE | André Coelho

Nueve niños ya han fallecido en Reino Unido a causa del estreptococo, otros dos menores y un adulto han muerto por la misma causa en Francia y ahora España ha notificado las dos primeras muertes por estreptococo en la Comunidad de Madrid.

Estreptococo A: ¿Qué es y por qué se están registrando algunas muertes?

El estreptococo A es una bacteria común que no suele provocar complicaciones en el organismo. Normalmente produce infecciones como faringitis o irritaciones leves que se tratan con antibióticos.

Pero también puede provocar enfermedades más graves como neumonía, escarlatina, fascitis necrotizante o el síndrome de shock tóxico estreptocócico.

Como destaca el Departamento de Salud del Estado de Nueva York, los estreptococos del tipo A suelen estar presentes en la garganta y sobre la piel.

A veces desarrolla alguna enfermedad en el infectado, pero también hay casos asintomáticos que también son mucho menos contagiosos.

Personas de riesgo

Estas bacterias se contagian “por contacto directo con secreciones nasales o de la garganta de personas infectadas con lesiones cutáneas infectadas”, según afirma la fuente.

Las personas con mayor riesgo son las que padecen enfermedades crónicas como cáncer, diabetes o diálisis renal, entre otras.

También los individuos que utilizan medicamentos como esteroides.

En todo caso, lo más común es no desarrollar ninguna enfermedad grave a causa del estreptococo A y, en caso de infección, el tratamiento se lleva a cabo con antibióticos como la penicilina.

Ya hay dos menores fallecidos en España

La Comunidad de Madrid ha detectado 16 casos de menores con enfermedad invasiva por estreptococo A desde el pasado 19 de octubre.

Según el comunicado difundido por la Consejería de Sanidad este miércoles, dos menores han fallecido. Los otros 14 casos diagnosticados tienen edades comprendidas entre los 1 y 12 años y se encuentran ingresados con un tratamiento antibiótico. Todos evolucionan de forma favorable.

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Salud y Bienestar

Carme, recibe un trasplante de cara de una donante que accedió a la eutanasia: «Mi vida empieza a ser mejor»

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El Hospital Vall d’Hebron logra un hito mundial al planificar el primer trasplante facial a partir de una donación tras la prestación de ayuda para morir

BARCELONA, 2 de febrero de 2026 – Carme es la protagonista de un hito histórico en la medicina mundial: se ha convertido en la primera persona en recibir un trasplante de cara procedente de una donante que había recibido la eutanasia, una intervención pionera realizada en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Mi vida empieza a ser mejor. Ya puedo comer, beber, salir a la calle y hacer una vida normal”, explica la paciente, que durante años convivió con graves secuelas tras sufrir una infección bacteriana que derivó en sepsis y le provocó una necrosis severa en el rostro.

De una picadura a la pérdida de media cara

Todo comenzó durante unas vacaciones en Canarias, cuando una picadura de insecto desencadenó una infección que la llevó a pasar por tres unidades de cuidados intensivos. Al salir, la enfermedad había destruido gran parte de su rostro: no podía abrir la boca, respirar con normalidad ni reconocerse físicamente.

“Hubo muchos profesionales que me dijeron que no había solución más allá de injertos parciales”, recuerda Carme. La situación cambió cuando conoció al doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados de Vall d’Hebron, quien valoró la posibilidad de un trasplante facial.

Una donación excepcional tras la eutanasia

La intervención fue posible gracias a la decisión extraordinaria de una donante que había solicitado la prestación de ayuda para morir (PRAM). Además de donar sus órganos y tejidos, la paciente ofreció también la donación de la cara, una decisión que permitió planificar la cirugía con una precisión inédita.

“El grado de generosidad y madurez de esta donación es difícil de describir”, explica Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes del hospital. “Alguien que decide poner fin a su vida ofrece a otra persona una segunda oportunidad de esta magnitud”.

Cirugía de máxima complejidad y planificación milimétrica

Carme necesitaba un trasplante facial tipo 1, centrado en la parte media del rostro. Donante y receptora compartían sexo, grupo sanguíneo y características anatómicas compatibles.

Gracias a la planificación previa, se realizaron TACs de alta precisión, modelos tridimensionales impresos en 3D y guías de corte óseo personalizadas para lograr un encaje perfecto. También se diseñó una máscara de silicona para reconstruir el rostro de la donante tras la extracción.

Durante la intervención se trasplantaron piel, tejido adiposo, músculos faciales, nervios periféricos y hueso, en una operación que puede prolongarse entre 15 y 24 horas y que requiere la coordinación de cerca de un centenar de profesionales, incluidos más de 25 profesionales de enfermería.

Recuperación y rehabilitación facial

Tras la cirugía, Carme permaneció un mes ingresada, primero en la UCI y después en planta. La rehabilitación comenzó de forma temprana y continúa a diario para recuperar funciones esenciales como masticar, hablar, gesticular y expresar emociones.

“La cara inicialmente no se mueve; hay que reeducar los músculos y estimular la conexión nerviosa”, explica Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. El proceso incluye también apoyo psicológico, clave para la adaptación a la nueva imagen corporal y al tratamiento inmunosupresor.

Vall d’Hebron, referente mundial en trasplantes faciales

En todo el mundo se han realizado 54 trasplantes de cara. En España, seis, y tres de ellos en Vall d’Hebron, que ya lideró en 2010 el primer trasplante total de cara del mundo y en 2015 el primero en asistolia controlada.

Solo una veintena de centros internacionales tienen capacidad para realizar este tipo de intervenciones, que exigen una altísima especialización médica, tecnológica y humana.

Para Carme, el resultado es claro: “Estoy aún recuperándome, pero sé que estaré bien”.

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