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Salud y Bienestar

ESTUDIO| Una mutación en la proteína S de SARS-Cov-2 lo hace ocho veces más infeccioso

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Redacción Ciencia, 18 feb (EFE).- Una mutación en la proteína spike (S) del SARS-Cov-2, que existe en las variantes británica, sudafricana y brasileña, hace que sea hasta ocho veces más infeccioso en células humanas en comparación con el virus inicial surgido en China, según un estudio que publica la revista eLife.

La investigación dirigida por investigadores de la Universidad de Nueva York (UNY), el Centro del Genoma de Nueva York y el Hospital Monte Sinaí «corrobora los hallazgos de que la mutación D614G hace que el SARS-CoV-2 sea más transmisible».

Estos descubrimientos se suman «a un consenso cada vez mayor» entre los científicos de que esa mutación es más infecciosa, pero aún no está claro si su rápida propagación «tienen un impacto clínico en la progresión de la enfermedad», ya que varios estudios sugieren que esta mutación «no está vinculada a una enfermedad más grave o a la hospitalización», indicó la UNY en un comunicado.

Uno de los firmantes del estudio Neville Sanjana de la UNY señaló que, en los meses pasados desde que comenzaron a investigar, la D614G «ha alcanzado una prevalencia casi universal» y está incluida en todas las variantes actuales de interés.

«Confirmar que la mutación conduce a una mayor transmisibilidad puede ayudar a explicar, en parte, por qué el virus se ha propagado tan rápidamente en el último año», agregó.

Esta mutación, que se localiza en la proteína S (la que usa el virus para entrar en las células), probablemente surgió a principios de 2020 y ahora es la forma más prevalente y dominante en muchos países del mundo.

Para el estudio, introdujeron un virus con la mutación D614G en células humanas de pulmón, hígado y colon, así como una versión sin ese cambio en los mismos tipos de células para poder comparar.

Los expertos descubrieron que la variante D614G aumentaba la transmisibilidad, del virus «hasta ocho veces en comparación con el virus original».

Además vieron que este cambio en la proteína S «hacía que el virus fuera más resistente a ser escindido o dividido por otras proteínas, lo que proporciona un posible mecanismo para la mayor capacidad de la variante de infectar células».

El equipo destacó que sus descubrimientos sobre la mayor transmisibildad de la D614G «pueden influir» en el desarrollo de la vacuna contra la covid-19 y, en particular, «puede ser beneficioso que las futuras vacunas de refuerzo incluyan diversas formas de la proteína S de diferentes variantes circulantes».

Las vacunas autorizadas y las que se están desarrollando se crearon utilizando la secuencia original de la proteína S y ahora se están haciendo estudios para conocer su eficacia contra las variantes que surgieron en el Reino Unido, Sudáfrica y Brasil, todas las cuales contienen la mutación D614G, recuerda el texto.

Trabajos recientes sugieren que las vacunas con la forma inicial de la D614 pueden proteger contra la más nueva, aunque hay que seguir trabajando para entender cómo las múltiples mutaciones pueden interactuar entre sí y afectar a la respuesta inmunitaria.

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Los expertos alertan: dejar los fármacos como el Ozempic hace que el peso vuelva en menos de dos años

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dejar Ozempic
Detener el uso de semaglutida revierte los efectos beneficiosos que tiene sobre el corazón. / Freepik

Los fármacos contra la obesidad basados en semaglutida se han popularizado en los últimos años por su eficacia para perder peso. Muchos los conocen por sus nombres comerciales, como Ozempic, Wegovy o Rybelsus. Estos medicamentos actúan ralentizando la digestión, aumentando la sensación de saciedad y estimulando la producción de insulina, lo que facilita la pérdida de peso en personas con obesidad.

Sin embargo, interrumpir el tratamiento sin un cambio sostenido en la dieta y el estilo de vida puede tener efectos contraproducentes, según revela un amplio estudio publicado en The British Medical Journal.

Recuperación del peso y empeoramiento de los marcadores cardiacos

El análisis concluye que abandonar estos fármacos revierte gran parte de los beneficios obtenidos, tanto en el control del peso como en los principales marcadores de riesgo cardiovascular, como el colesterol y la presión arterial.

Los investigadores observaron que, tras suspender la medicación, los pacientes recuperaban el peso perdido a un ritmo medio de 0,4 kilos al mes, lo que equivale a casi medio kilo mensual. Además, tanto el peso corporal como los marcadores cardiacos volvían a los niveles previos al tratamiento en menos de dos años.

Uno de los datos más relevantes es que la recuperación del peso era cuatro veces más rápida, independientemente de la cantidad de kilos perdidos durante el uso del fármaco.

Los medicamentos no bastan para el control del peso a largo plazo

“A pesar de su éxito inicial, estos fármacos por sí solos no son suficientes para controlar el peso a largo plazo”, advierten los autores del estudio. El trabajo subraya que el tratamiento farmacológico debe ir acompañado de intervenciones conductuales, como cambios en la alimentación, aumento de la actividad física y apoyo psicológico.

El estudio también compara la evolución de los pacientes que abandonan la medicación con aquellos que siguen programas de control de peso basados en el comportamiento, constatando que estos últimos mantienen mejor los resultados a largo plazo.

La mitad de los pacientes abandona el tratamiento en un año

Para llegar a estas conclusiones, un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford analizó registros clínicos, estudios científicos y bases de datos que comparaban medicamentos autorizados para la pérdida de peso con intervenciones no farmacológicas.

En total, se incluyeron 37 estudios publicados hasta febrero de 2025, con la participación de 9.341 personas. La duración media de los tratamientos fue de 39 semanas, mientras que el seguimiento posterior alcanzó una media de 32 semanas.

Uno de los hallazgos más preocupantes es que aproximadamente la mitad de las personas con obesidad abandona este tipo de tratamientos farmacológicos en el plazo de un año, lo que hace fundamental comprender qué ocurre tras su suspensión.

Advertencia sobre el uso a corto plazo de los fármacos adelgazantes

Los autores del estudio lanzan un mensaje claro: utilizar estos medicamentos solo a corto plazo no es una solución eficaz ni sostenible. En sus conclusiones, destacan la necesidad de:

  • Investigar estrategias rentables para el control del peso a largo plazo

  • Reforzar la prevención primaria de la obesidad

  • Integrar los fármacos dentro de programas completos de salud y hábitos

No obstante, también reconocen ciertas limitaciones en su investigación. Solo ocho de los estudios analizados evaluaron específicamente los nuevos fármacos agonistas del receptor GLP-1, el periodo máximo de seguimiento tras suspender el tratamiento fue de 12 meses y pocos trabajos presentaban un bajo riesgo de sesgo.

Un reto sanitario más allá del medicamento

Este estudio refuerza la idea de que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja, que requiere un abordaje integral. Aunque los fármacos como la semaglutida suponen un avance importante, los expertos coinciden en que sin cambios estructurales en el estilo de vida, la recuperación del peso es muy probable.

La investigación, publicada en The British Medical Journal en 2025 por Sam West y colaboradores, aporta evidencia sólida para replantear el uso de estos tratamientos y para recordar que la salud cardiovascular y el control del peso dependen de estrategias mantenidas en el tiempo, no solo de soluciones rápidas.

Referencia:

West, Sam et al. Weight regain after cessation of medication for weight management: systematic review and meta-analysis. The British Medical Journal. 2025

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.

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