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HISTORIA| ‘4 de abril: Microsoft y Martin Luther King fueron protagonistas ‘, por José Luis Fortea
Publicado
hace 5 añosen

José Luis Fortea
………en 1958, muere a los 32 años, Johnny Stompanato, en casa de la actriz Julia Jean Milfred Frances Turner, conocida popularmente como Lana Turner de 37 años, con la que mantenía una agitada y tempestuosa relación sentimental. La noticia se convertiría en todo un escándalo sensacionalista en aquellos días.
Stompanato era un ex marine, guardaespaldas del gánster Mickey Cohen, a quien solía relacionarse con personalidades del mundo del hampa, socio entre otros, del fundador del primer gran hotel en la ciudad de las Vegas, “el Flamingo”, el también gánster Benjamin “Bugsy” Siegel, asesinado hacía ya once años, quien resuelto a expurgar aquella turbia imagen, que durante años le había acompañado, sedujo a la actriz, recientemente divorciada de su cuarto marido, Lex Barker, el nuevo Tarzán, en el inicio de lo que parecía ser el declive de su carrera artística.
El carácter posesivo y celoso de Johnny no ayudó mucho al desarrollo sereno de esta relación sentimental que ya había vivido durante el año anterior, en 1957, un episodio cuanto menos rocambolesco, cuando ante las sospechas de un presunto idilio de su amada con uno de los actores con quien Lana estaba rodando la película “Brumas de Inquietud”, este decidió presentarse, pistola en mano, en el rodaje de la misma.
Aquel actor de 27 años, de origen escocés, que había quedado tercero en un concurso de “míster universo” al cumplir los veinte, que venía haciendo sus primeros pinitos cinematográficos en 1957 y con quien comentaban tenía un idilio la actriz, se llamaba Sean Connery, a quien encañonando el rostro, ante los allí presentes, un Stompanato fuera de sí, llegó a amenazar de muerte (no sabemos la reacción interna del actor, o lo que por su mente pasó en aquellos instantes, pero la aparentemente calmosa e impasible actitud con la que afrontó el asunto probablemente ayudaría a decidir, a quién correspondiera elegir, a este joven actor poco tiempo después como el agente especial 007, James Bond).
La noche del 4 de abril, en una acalorada discusión, como las que últimamente venía soportando la actriz, ante la amenaza de abandonarle, este se vuelve más violento que de costumbre. La escena sin embargo en esta ocasión tiene un testigo especial, la hija de la actriz de 14 años, Cheryl, que años más tarde relataría lo acontecido en aquella habitación en un libro, bajo el título “una tragedia en Hollywood”.
Cuenta esta, que escondida tras la puerta del dormitorio de su madre, escucha una serie de amenazas desmedidas e insultantes. En los siguientes términos;
-“Te rajaré….nunca te librarás de mi….vayas a donde vayas te encontraré o habrá otra gente que lo haga por mi……como yo digo siempre (-siguió gritándole-) si alguien se gana la vida con las manos, ¡rómpeselas!, si es con el rostro, córtaselo!, cuando acabe contigo no podrás trabajar más”-
Es entonces cuando impulsada sale hacia la cocina y cogiendo un cuchillo regresa a la habitación, abriendo en seco la puerta y abalanzándose sobre este, le hunde el filo de la hoja en el estómago, permaneciendo durante unos segundos mirándose ambos fijamente, para posteriormente caer desplomado al suelo de la habitación.
En un juicio retransmitido por televisión, en directo, llegando durante las siguientes semanas a superar todos los límites de audiencia inimaginables, en el que la actriz, dicen, que interpretó uno de los mejores papeles de su vida, vertiéndose en el mismo todo tipo de especulaciones, deducciones, conjeturas y hasta falsas invenciones, entre las que destacaban el probable romance entre la hija y el otrora matón y unos celos, como posible móvil del delito, o la inclinación por el placer sadomasoquista de una actriz que gustaba de unos gustos refinados, o hasta la posible autoría del delito de la misma actriz, cuya hija menor de edad servía como vía de escape, envolviendo aquel proceso en un circo mediático, en un auténtico “reality show” y en el que finalmente el veredicto del jurado, por diez a dos, fue el de homicidio justificado, quedando pues libre de todos los cargos, aunque, al ser menor de edad, debiendo ingresar en un reformatorio durante un periodo de reclusión determinado por el juez.
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…..en 1968, es asesinado de un disparo en la cabeza, cuando permanecía en la terraza de la habitación 306, del Motel Lorraine, propiedad de Walter Bailey, en Memphis, el reverendo Martin Luther King, de 39 años de edad, portavoz de los derechos civiles de los afroamericanos, que abogaba por la coexistencia e igualdad de todas las razas en los Estados Unidos, galardonado con el Premio Nobel de la Paz hacía cuatro años, en 1964.
El asesino, James Earl Ray, de cuarenta años, utilizó para realizar el disparo la ventana de un cuarto de baño situada enfrente del citado balcón, tras el cual, condujo durante toda la noche, su Ford Mustang blanco, eludiendo así los controles policiales, durante las casi seis horas que se tardan en cubrir los cerca de 617 kilómetros de distancia, que hay en ruta, desde Memphis hasta Atlanta, en el estado de Georgia.
Fue detenido dos meses después, el día 8 de junio, en el aeropuerto Heathrow de Londres con pasaporte canadiense falso y billete de vuelo hacia el país de Rodesia, siendo llevado ante los tribunales que acabaron por condenarle a 99 años de prisión.
Durante su vida en prisión trató de retractarse de aquella confesión de culpabilidad, realizada tras su captura y defender su inocencia, incriminando de esta manera a otros sujetos en una especie de conspiración, destacando entre estos a un tal “Raoul”.
Morirá el 23 de abril, treinta años después, en 1998, a los 70 años.
El Motel lugar de los hechos acontecidos es actualmente el “Museo Nacional de los Derechos Civiles.
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…..en 1975, dos jóvenes Bill Gates, de 19 años y Paul Allen, de 22, crean la empresa de software Microsoft. La revista “Popular Electronics” mostraba una pequeña computadora para ensamblar en casa por un precio que no llegaba, al cambio, a los trescientos euros, la “Altair” que albergaba en su interior un novedoso chip 8080 de Intel.
Paul Allen consiguió el manual de aquel 8080 y junto a Bill Gates, encerrados durante semanas, lograron escribir un programa Basic modificado, naciendo de esta manera, la primera Compañía de software para microcomputadoras, con un nombre directo, y conciso, Micro-Soft (el guión desaparecerá después).
Cinco años después, en 1980 recibirán la visita de dos emisarios de la compañía International Business Machines (IBM), con un reto para estos jóvenes, el de escribir un software para un proyecto en ciernes de un ordenador personal (los Personal Computer), pero eso, ya sería otra parte de la historia……..
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José Luis Fortea
………….corría el verano de 1975, aquel en el que no cesaba de sonar en las radios el Bimbó de Georgie Dann, que acabaría siendo declarada oficialmente la canción del verano, aquel en el que Televisión Española emitía su series detectivescas de moda, las de “Tony Baretta” y “Kojak” y que amenizaba desde el pasado mes de abril, la noche de los sábados, con un nuevo programa llamado “Directísimo”, presentado por un joven bilbaíno de treinta y tres años, de grandes bigotes, llamado José María Íñigo Gómez.
Bernard Thévenet
Aquel verano, en el que ganaba el tour, contra todo pronóstico, el francés Bernard Thévenet, imponiéndose a un Eddy Merckx, líder desde la sexta jornada, que había sido golpeado por un espectador en su costado derecho en el ascenso al Puy de Dome, presentando desde entonces unas molestias que le harían perder a partir de aquella etapa, la decimocuarta, el maillot amarillo y que no lo volvería a recuperar, de un periodo estival más que sofocante y tórrido, en el que una caña en aquellos días costaba entonces diez pesetas, de aquel verano, el del 75, el último del jefe del Estado español, que fallecería cinco meses más tarde.
Qué pasó un 22 de julio
El martes 22 de julio, de un día como hoy, de hace más de cuarenta años , a unos cincuenta y tres kilómetros de Sevilla, en el término municipal de Paradas, iba a tener lugar uno de los sucesos más trágicos de los últimos tiempos, que acabaría por convulsionar la vida de sus cerca de ocho mil habitantes, de un terrible episodio que en los juzgados terminaría conociéndose como el expediente 20/75.
A unos cuatro kilómetros de la mencionada población de Paradas, se encuentra la finca de los Galindos, perteneciente, desde hace seis años, a Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete, marqués de Grañina, donde suele acudir esporádicamente, en tiempo estival, sin la compañía de su mujer, María de las Mercedes Delgado Durán. Al frente del aludido inmueble, se encuentra Manuel Zapata Villanueva, de cincuenta y nueve años, antiguo legionario y miembro de la Guardia Civil, que allí vive junto a su mujer Juana Martín Macías, de cincuenta y tres años, desempeñando las tareas de capataz, en unos terrenos dedicados principalmente al cultivo de la aceituna.
En el cortijo trabajan siete personas, tres tractoristas y cuatro temporeros, que a eso de las ocho de la mañana, de aquel martes día 22, ya se encuentran allí para ponerse a bregar, antes de que el sol les ajusticie con esos 49 ºC que alcanzarán a lo largo de aquella misma mañana. Zapata, como de costumbre, es quien distribuye “la faena”, mandando a las alpacas, a medio kilometro de la finca, al tractorista José González Jiménez, a un segundo tractor, junto con tres braceros, a la parte posterior del cerro y al tercer tractorista Ramón Parrilla a regar garrotes (que son los troncos de los olivos metidos en bolsas con tierra) de una jornada laboral que se prolongará hasta la una, momento en el que harán un alto en el camino para almorzar, durante cerca de media hora, y proseguir hasta eso de las cuatro de la tarde, cuando el mercurio se encarame en lo más alto de los termómetros respondiendo al calor abrasivo de esos casi cincuenta grados.
Y es entonces, sobre esa hora de las cuatro de la tarde, cuando el grupo de los tres temporeros que se encuentran en la parte del cerro observan salir un humo negro y espeso del cortijo, dirigiéndose rápidamente hacia allí.
Al llegar al lado de la verja de la entrada, encuentran restos de lo que parece un reguero de sangre, que les hace presagiar que alguien pudiera haber resultado herido, de un rastro abundante que dibujando un movimiento sobre la tierra serpenteante poco a poco se va diluyendo hasta llegar a desaparecer, por lo que Antonio Escobar, uno de aquellos trabajadores, acude raudo hacia el cuartel de la Guardia Civil, para dar el pertinente aviso, mientras Antonio Fenet Pastor, que lleva cinco años trabajando las tierras de Los Galindos, divisa lo que le da la sensación son dos cuerpos mutilados en aquel fuego que acelerado con gasolina desprende un olor más que nauseabundo, decidiendo no indagar más, hasta la llegada de la Benemérita.
No tardan mucho en personarse en el cortijo el cabo Raúl Fernández acompañado de un número de la Guardia Civil, para realizar las primeras diligencias de investigación. Al entrar en la casa, observan, al lado de una mesa camilla, otro gran charco de sangre, cuyo rastro se dirige pasillo arriba, hacia donde se encuentra la puerta de una habitación cerrada con un candado, colocado en la parte exterior, que fuerzan para poder acceder a su interior, encontrándose una vez dentro, el cuerpo de Juana Martín, la mujer del capataz, con la cabeza destrozada, golpeada por algún objeto romo, no hallándose nada más reseñable en la vivienda.
En el exterior, donde todavía permanece encendido aquel fuego, aparecen los restos casi calcinados del tractorista José González, Pepe, de 27 años y su esposa Asunción Peralta, seis años mayor que él, de 34 años, a quien al parecer había ido a recoger al pueblo para traerla allí, en algún momento de aquel día, aparcando su seiscientos de color crema en la entrada del cortijo, desconociéndose los motivos.
En la cuneta del llamado Camino de Rodales, cubierto con un montón de paja, se descubre un cuarto cuerpo sin vida, el del jornalero Ramón Parrilla, de 40 años de edad, tractorista eventual de la finca, muerto de un disparo de escopeta.
De Zapata, el capataz de la finca de Los Galindos, no hay rastro alguno, por lo que las primeras sospechas recaen sobre este, emitiéndose incluso, a la mañana siguiente, por el recién llegado juez del juzgado de Écija (al estar el de Carmona de vacaciones) Andrés Márquez Aranda la pertinente orden de busca y captura.
Al parecer, en los mentideros del pueblo, se decía que las relaciones entre el capataz y el tractorista Pepe no eran todo lo buenamente deseables que podían ser, fruto de un intento de José González por cortejar a una de las hijas de Zapata, negándose este a dicha relación, enemistando en cierta manera a ambos. Lo cual fue considerado como un posible móvil de aquel crimen, aunque no resolvía las dudas existentes sobre las restantes muertes.
Y fue entonces cuando tres días más tarde, el 25 de julio apareció el cadáver del capataz, que tras la autopsia realizada determinaría que había resultado ser la primera de las víctimas de aquel crimen que ya sumaba con esta, cinco muertes, desarbolando la hipótesis que se había venido considerando como probable.
El sumario del caso, el denominado expediente número 20 de 1975, con más de mil trescientos folios, ha dado a lo largo de la historia numerosas elucubraciones y teorías que no han podido resultar finalmente probadas, recayendo durante años las sospechas, tras haber sido encontrado el cuerpo de Manuel Zapata, sobre José González Jiménez que juzgado y condenado por el pueblo tendría que esperar hasta la exhumación de los cadáveres mediante orden emitida por el juez Heriberto Asensio que acabaría determinando que el “sospechoso” era, de igual forma, triste víctima de este suceso, y que además en opinión del prestigioso médico forense Luis Frontela Carreras, estudiando aquellas manchas de sangre en el piso encontradas, concluiría que a –“Juana la arrastraron desde el comedor hasta el dormitorio entre dos personas por lo menos”- .
Transcurrido los plazos legales previstos sin encontrarse el culpable de estos hechos, la causa quedaría archivada en el año 1988, y siguiendo el principio que extingue la responsabilidad criminal por el transcurso del tiempo, siendo para este tipo de delitos el previsto de veinte años, fue por tanto declarado su prescripción en 1995, a los veinte años de haberse cometido.
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